Los músicos locales cargan contra el Ayuntamiento por ofrecerles tocar gratis “pasando el gorro” en la Noche en Blanco

La asociación Alcalá es Música ha denunciado públicamente la propuesta del Ayuntamiento para que grupos locales actúen sin remuneración en la próxima Noche en Blanco, bajo la fórmula de busking o “pasar la gorra”. El colectivo considera que se trata de un trato discriminatorio frente a otras formaciones contratadas con caché y enmarca la iniciativa en una cadena de promesas incumplidas con la escena musical complutense.

Foto de Ricardo Espinosa Ibeas
  • Los músicos critican que se les ofrezca promoción a cambio de tocar gratis mientras otros artistas sí reciben remuneración municipal.

La relación entre el Ayuntamiento de Alcalá de Henares y su escena musical local vuelve a tensarse. La asociación Alcalá es Música, que agrupa a más de un centenar de bandas y solistas de la ciudad, ha denunciado públicamente la propuesta municipal para que artistas complutenses participen en la próxima Noche en Blanco,prevista para el 16 de mayo,  mediante actuaciones callejeras sin remuneración económica, en formato reducido y bajo la fórmula del llamado busking: tocar y confiar en la voluntad del público. O, en román paladino, pasar la gorra.

El detonante ha sido un correo electrónico remitido desde el área municipal de Cultura a músicos inscritos en el directorio artístico local. En él se invita a presentar propuestas “en pequeño formato, sin escenario, formadas por uno o dos músicos”, precisando que se trata de “una actividad participativa y no remunerada”. A cambio, el Ayuntamiento ofrece asignación de espacio y horario, además de visibilidad en la programación oficial, tanto impresa como digital, de la Noche en Blanco.

La asociación considera que el planteamiento no solo resulta impropio de un evento cultural de referencia, sino que consolida,a su juicio,  un modelo de participación devaluado para los músicos de la propia ciudad. En su comunicado hablan abiertamente de “propuesta vergonzosa” y denuncian un trato desigual respecto a artistas externos sí contratados para el mismo evento. Para sostenerlo, citan cifras de la edición anterior: 9.075 euros para el concierto 1 Piano y 2000 Velas, 4.802 euros para la orquesta Pegasux o 1.349,15 euros para el espectáculo Frankristinia. “Los músicos de Alcalá no estamos en ese selecto grupo de afortunados”, resumen con ironía amarga.


La gorra como modelo cultural

El reproche no se limita al episodio concreto de la Noche en Blanco. Alcalá es Música lo inserta en un contexto más amplio de promesas incumplidas y programas desaparecidos. Recuerdan que ciclos como Alcalá Suena, Música en las Terrazas o Música en el Río, que en conjunto sumaban más de un centenar de conciertos anuales,  han dejado de celebrarse o no se han reformulado como se anunció. Y sostienen que la invitación al busking vendría, en la práctica, a rellenar con actuaciones gratuitas los huecos dejados por esos circuitos profesionales. “Usarnos para llenar espacios de atrezzo”, escriben, en una frase que condensa bien la sensación de utilería cultural que denuncian.

Hay además un detalle temporal que ha escocido especialmente en el sector: el correo se envió el 26 de febrero y fijaba el 28 como fecha límite para presentar propuestas. Dos días naturales. Un plazo que, para una actividad sin caché, sin infraestructura técnica y sin escenario, tampoco parecía requerir demasiada producción… pero que para los músicos se interpreta como síntoma de improvisación o, peor, de trámite. Como si la participación local fuera un casillero que conviene marcar en la memoria del evento: cumplido el expediente, cultura de proximidad acreditada.

En el trasfondo late un debate clásico, y cada vez más frecuente,  en las políticas culturales municipales: el valor del trabajo artístico local frente al reclamo de nombres externos y formatos vistosos. La Noche en Blanco, concebida como escaparate urbano y fiesta cultural abierta, ha ido incorporando en sus últimas ediciones propuestas de mayor presupuesto y formato espectacular. Nada objetable en sí mismo. El problema surge cuando, en ese mismo escaparate, los creadores de la casa quedan relegados al papel de animación ambiental gratuita. La metáfora es tentadora: mientras unos artistas iluminan plazas con miles de velas y caché homologado, otros ponen la banda sonora a pie de calle esperando la moneda suelta del paseante cultural.

Desde Alcalá es Música sostienen que la ciudad cuenta con más de cien proyectos musicales activos fuera de los circuitos procesionales, líricos o folclóricos, ámbitos que sí disponen de programación estable, y que llevan años reclamando espacios dignos para tocar y ensayar, así como presencia regular en la agenda municipal. La propuesta de busking en la Noche en Blanco, afirman, confirma que ese plan estratégico tantas veces anunciado para la música local sigue sin materializarse. “No podemos esperar absolutamente nada de nuestro Ayuntamiento”, concluye el comunicado, en una frase que mezcla decepción y hartazgo acumulado.

La controversia llega, además, en un momento delicado para la imagen cultural de la ciudad, que ha hecho de su agenda artística y patrimonial uno de sus principales argumentos de proyección. Alcalá presume, con razón,  de patrimonio, festivales y programación. Pero también es una ciudad con una escena musical viva, diversa y persistente, que no solo pide focos: pide condiciones. El episodio de la gorra en la Noche en Blanco reabre así una cuestión incómoda: cuánto vale, exactamente, la música hecha en casa cuando llega la hora de programar… y de pagarla.

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