Fuga por la puerta grande : detenida en Coslada la interna que salió de Alcalá-Meco en camión

La primera semana de enero dejó una fuga tan breve como llamativa en la prisión femenina de Alcalá-Meco. Una interna logró escapar ocultándose en un camión de un proveedor que accedió al recinto para descargar mercancía. La ausencia no se detectó hasta horas después, durante el recuento, y activó el protocolo de búsqueda. Pocos días más tarde, la Policía Nacional la localizó en Coslada y puso fin a la escapada.

recreación IA de la fuga por Pedro Enrique Andarelli
  • La reclusa fue detenida en Coslada y trasladada a Estremera tras una fuga que ha reabierto el debate sobre la seguridad en Alcalá-Meco.

Ni película carcelaria ni guion de sobremesa televisiva. La fuga ocurrió en la primera semana de enero, justo después de Reyes, cuando el país entero aún funcionaba a medio gas y la normalidad regresaba con más pereza que convicción. En ese contexto, una interna del centro penitenciario de mujeres Madrid I, el conocido Alcalá-Meco, decidió que empezar el año significaba, literalmente, salir por la puerta de atrás. O, más exactamente, por el muelle de carga.

Los hechos se produjeron una mañana de esos primeros días de enero, coincidiendo con la entrada de un camión de un proveedor habitual que accedía al recinto para descargar productos. En algún punto del proceso, sin levantar sospechas y aprovechando la rutina mecánica de entradas y salidas, la reclusa logró ocultarse en el vehículo y abandonar el centro penitenciario como quien envía un paquete urgente. Sin albarán, pero con destino claro.

Durante varias horas, nadie advirtió la ausencia. No fue hasta el recuento de módulos, uno de esos momentos sagrados de la vida penitenciaria, cuando saltaron las alarmas. Faltaba una interna. A partir de ahí, se activó el protocolo de rigor: avisos a las fuerzas de seguridad, comunicación al juzgado de guardia y al juez de vigilancia penitenciaria y orden de búsqueda y captura. La sorpresa ya no tenía remedio y la fuga pasaba oficialmente de anécdota a incidente serio.

La escapada, eso sí, fue breve y poco ambiciosa en kilómetros. Pocos días después, agentes de la Policía Nacional localizaron a la mujer en Coslada, demostrando que no siempre hace falta cruzar fronteras para protagonizar una fuga. No hubo persecuciones espectaculares ni cambios de identidad: la aventura terminó tan rápido como había empezado.

Tras su detención, la interna fue trasladada de nuevo a Alcalá-Meco, aunque el pasado 3 de enero Instituciones Penitenciarias decidió moverla a la prisión de Madrid VII, en Estremera, donde actualmente cumple condena. Un cambio de destino que suena a cierre de capítulo… y quizá también a prevención ante futuras ideas creativas.

Mientras tanto, la Inspección Penitenciaria ha abierto una información para esclarecer qué falló exactamente aquella mañana de enero, aunque por ahora no se ha iniciado expediente. Entre el personal penitenciario, sin embargo, las críticas existen y apuntan a una falta de medidas de seguridad que permitió convertir una operación logística rutinaria en una inesperada vía de escape.

En Alcalá y el Corredor del Henares, el episodio ya se comenta con esa mezcla tan nuestra de ironía y preocupación. Que si “salió con la mercancía”, que si “envío urgente sin firma”, que si “logística penitenciaria creativa”. Bromas aparte, el caso deja un poso incómodo y una reflexión evidente: cuando lo excepcional se cuela en la rutina, el sistema queda en evidencia.

La fuga fue exprés, sí. Duró poco y acabó cerca. Pero durante unos días de enero, un camión recordó que a veces la realidad no necesita guionistas para superar a la ficción. Y eso, en una prisión, nunca es buena noticia.

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