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Música, deseos, fuego y cientos de vecinos protagonizaron una noche mágica que volvió a convertir el Parque Juan de Austria.
- Crónica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas y vídeo de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY
La noche de San Juan volvió a encender Alcalá de Henares. Y no solo por las llamas que poco después de la medianoche devoraron la gran estructura de madera levantada en el Parque Juan de Austria. También por el ambiente festivo, la música, las risas, los encuentros entre vecinos y esa extraña sensación colectiva de estar participando en algo que se repite cada año pero que nunca resulta exactamente igual.
Después de una jornada sofocante, con temperaturas que rozaron los 40 grados, cientos de alcalaínos buscaron refugio al caer la tarde bajo los árboles y espacios abiertos del Parque Juan de Austria. Allí, poco a poco, fueron desplegándose sillas plegables, neveras portátiles y corrillos familiares que terminaron convirtiendo el recinto en una auténtica celebración popular al aire libre.
La tradicional Hoguera de San Juan, organizada por la Junta Municipal del Distrito V con la colaboración del Ayuntamiento de Alcalá de Henares, volvió a demostrar que sigue siendo una de las citas más queridas del calendario festivo local. Una noche en la que conviven tradición, superstición, convivencia vecinal y una cierta necesidad colectiva de marcar el comienzo del verano con un gesto simbólico.
La alcaldesa, Judith Piquet, acudió al acto acompañada por la presidenta del Distrito V y primera teniente de alcaldesa, Isabel Ruiz Maldonado; la vicepresidenta del distrito, Pilar Cruz; y los concejales Antonio Saldaña y Víctor Cobo. También estuvieron presentes representantes del PSOE encabezados por Javier Rodríguez Palacios junto a las concejalas María Aranguren, Diana Díaz y Patricia Sánchez.
Pero más allá de la representación institucional, los verdaderos protagonistas fueron los vecinos que llenaron el parque desde varias horas antes de la medianoche.
Música para esperar al fuego
La celebración comenzó mucho antes de que apareciera la primera chispa. A las ocho de la tarde tomó el relevo sobre el escenario La Banda PopRumbera, encargada de poner la banda sonora a las primeras horas de la velada. Sus versiones y ritmos festivos acompañaron la llegada constante de público a un recinto que fue ganando ambiente a medida que el calor comenzaba a conceder una tregua.
Dos horas más tarde llegó uno de los momentos más esperados de la programación con la actuación de Carlos Moreno «El Pulpo». El popular comunicador conectó rápidamente con el público gracias a un espectáculo basado en la música, el humor y la participación de los asistentes.
Durante más de una hora, el parque se convirtió en una gran pista de baile improvisada. Sonaron éxitos conocidos por varias generaciones y no faltaron los bailes colectivos ni las coreografías espontáneas que terminaron por romper cualquier barrera entre escenario y público. Cuando concluyó la actuación, el ambiente ya estaba preparado para el verdadero protagonista de la noche.
Un deseo escrito en un papel
La esencia de la Noche de San Juan sigue siendo la misma que hace generaciones: dejar atrás aquello que pesa y abrir la puerta a lo que está por venir. Junto a la estructura de madera instalada para la ocasión, los asistentes encontraron un panel explicativo que invitaba a participar activamente en el ritual. El mensaje recordaba que la Noche de San Juan simboliza el comienzo del verano a través del fuego, el agua y los deseos, animando a los vecinos a desprenderse simbólicamente de todo aquello que querían dejar atrás.
Durante toda la tarde y buena parte de la noche fueron muchos los que escribieron en pequeños papeles preocupaciones, malos recuerdos, situaciones difíciles o simples propósitos pendientes. Otros optaron por hacer exactamente lo contrario y plasmar deseos, proyectos e ilusiones para los próximos meses. Los papelitos acabaron depositados en el interior de la estructura de madera, donde esperarían hasta el momento del encendido.
Este año, además, pudo observarse cómo muchos asistentes incorporaban un pequeño ritual añadido. Antes de introducir su deseo en la estructura daban varias vueltas alrededor de la columna central, diseñada a modo de gran chimenea. Nadie parecía tener demasiado claro el origen de la costumbre, pero tampoco importaba demasiado. En una noche como esta, cualquier gesto que ayude a atraer la suerte siempre encuentra seguidores. La imagen de niños, jóvenes y mayores acercándose para depositar sus mensajes fue, probablemente, una de las más representativas de la velada.
Una casa destinada a convertirse en cenizas
La gran protagonista visual de la noche fue la estructura construida expresamente para ser consumida por las llamas. En esta ocasión adoptaba la forma de una vivienda levantada con tablones y materiales de madera. Una construcción efímera destinada a desaparecer pocos minutos después de la medianoche.
A diferencia de otras celebraciones de San Juan en distintos puntos de España, donde la tradición gira alrededor de pequeñas hogueras que los participantes saltan, en Alcalá el protagonismo recae en una gran estructura central cuya combustión se convierte en un espectáculo colectivo.
Poco antes de las doce, efectivos de Protección Civil y del Servicio de Bomberos ultimaron los preparativos. Las vallas delimitaban un amplio perímetro de seguridad mientras numerosos curiosos buscaban la mejor posición para contemplar el encendido. La expectación fue creciendo conforme se acercaba la medianoche.
Y cuando llegó el momento, bastaron unos segundos para que las primeras llamas comenzaran a trepar por la madera. Los aplausos surgieron de forma espontánea mientras el fuego envolvía progresivamente toda la construcción. En apenas unos minutos la vivienda de madera quedó convertida en una gigantesca antorcha visible desde buena parte del parque.
Las llamas alcanzaron varios metros de altura y proyectaron reflejos anaranjados sobre cientos de rostros que observaban el espectáculo entre teléfonos móviles, conversaciones y expresiones de asombro.
Agua, fuego y una bienvenida al verano
Si el fuego fue el gran protagonista visual de la noche, los bomberos se encargaron de que la celebración transcurriera sin incidentes. Su labor resultó esencial durante los momentos de mayor intensidad de la combustión. Aunque el perímetro de seguridad mantenía alejado al público, el calor generado por la hoguera llegó a sentirse con fuerza entre quienes ocupaban las primeras filas.
Fue entonces cuando los efectivos desplegaron una fina cortina de agua mediante las mangueras. La medida cumplía una doble función: evitar que alguna brasa pudiera desplazarse fuera del recinto protegido y reducir la sensación térmica provocada por las llamas. La escena generó además uno de los momentos más simpáticos de la noche.
Una vez que la estructura comenzó a derrumbarse y el riesgo disminuyó, numerosos niños y jóvenes empezaron a reclamar a gritos el ya tradicional «manguerazo» de los bomberos. La petición fue atendida entre risas y chorros de agua que provocaron carreras improvisadas, aplausos y más de una celebración espontánea para combatir el calor acumulado durante toda la jornada.
Con la estructura reducida finalmente a brasas y el humo disipándose lentamente sobre el parque, Alcalá dio la bienvenida oficial al verano. Una vez más, el fuego cumplió con su función simbólica. Se llevó preocupaciones escritas en pequeños papeles, convirtió en cenizas una casa levantada para desaparecer y reunió alrededor de las llamas a varias generaciones de alcalaínos.
Porque, más allá del espectáculo, la Hoguera de San Juan sigue siendo eso: una excusa perfecta para encontrarse, compartir una noche especial y recordar que algunas tradiciones sobreviven precisamente porque cada año consiguen volver a emocionar.
























