Matías Escalera Cordero es profesor, activista social y escritor. Tomó la palabra en nombre de Foro del Henares.
El concejal de Cultura de nuestra ciudad, Santiago Alonso, dudó, según dejó traslucir el pasado martes, en su réplica durante el debate de la moción conjunta de los grupos Socialista y Más Madrid sobre el uso transparente de los espacios municipales, de que ser comunista (como es mi caso) y escritor (como es mi caso, también) sea algo poco menos que incompatible.
Entre otras barbaridades e inexactitudes que fue desgranando en una intervención repleta de argumentos insultantes y ad hominem (justamente los tipos de argumentos que se usan cuando no se tienen otros), contra las portavoces de Más Madrid y del Partido Socialista y, lo que considero más grave, contra mí —pues yo no podía defenderme ni contestarle, ya que, después de mis cinco minutos, representando a la Mesa de Diálogo de la Cultura de Alcalá, tenía vedado hacerlo—, el concejal de Cultura se burló de que yo haya sido portavoz de la Asamblea de Profesores de Alcalá, cuando era profesor; de la Mesa de Diálogo, ahora, de la que formo parte; o del Foro del Henares, como ciudadano de Alcalá. Parece ser que no entiende que una persona comprometida con el mundo, con el país o con la ciudad en la que vive pueda estar adscrita a diversos colectivos que se interesan por aquellas cuestiones que le afectan como profesional o como ciudadano libre.
Para información de quien se extrañe de un hecho tan lógico y natural, tengo que decir que, además de los colectivos antedichos, citados por nuestro concejal en plan guasa, pertenezco y podría representar —y en alguna ocasión he representado, formal o informalmente, a algunos de ellos— a cuatro organizaciones no gubernamentales de carácter humanitario: desde Amnistía Internacional, por los presos de conciencia de todo el mundo, a Greenpeace, por nuestro maltraído y maltratado planeta, o ACNUR, por los millones de personas refugiadas en todo el mundo; y, como trabajador de la escuela pública, al sindicato Comisiones Obreras (ahora, felizmente, como jubilado). Estoy asociado a la ACE (Asociación Colegial de Escritores), como escritor; pertenezco a los comités asesores —y he sido secretario de uno de ellos— de dos revistas científicas internacionales de mi especialidad, Verba Hispanica, anuario de filología española de la Universidad de Ljubljana (Eslovenia), en la que fui profesor, y CRRAC, revista de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), en la que estudié y a la que seguí vinculado a través de mi maestro, Julio Rodríguez Puértolas, en su simposio anual sobre la Cultura durante la Segunda República. En fin, se puede ser comunista y escritor, y ciudadano y trabajador comprometido con las realidades que uno vive, pero lo que no se puede ser es un ignorante y concejal de Cultura al mismo tiempo, y tratar, encima, de dar patente de “verdadero” artista a quien a uno le parezca… ¡Por Dios del amor hermoso, hasta ahí podríamos llegar!
Que mis quince libros, entre novelas, poemarios, obras de teatro, ensayos y artículos especializados (consúltese Dialnet); que mi trayectoria como profesor universitario y de Secundaria; que mi participación en decenas de congresos y encuentros internacionales de lingüística y literatura, o como escritor; que las traducciones de mis obras a varios idiomas no le digan nada, perfecto: la verdad es que me la refanfinfla. Pero que pretenda erigirse en quien otorgue el estatuto de “verdadero” artista en nuestra ciudad ya me parece demasiado, ¿no creen?
Aunque lo que me resultó más triste de aquel momento del Pleno, cuando me increpaba sabiendo que yo no podía replicarle, fue que, por su actitud y por la intervención insultante, ventajista y caótica que estaba perpetrando —en la que me mezcló, por ejemplo, a mí con la Red de Ciudades Cervantinas, con la que no tengo nada que ver: ese, querido concejal, es el gran José Manuel Lucía Megías, a quien usted y el actual Gobierno municipal han ninguneado—, no entendió, o no quiso entender, el tono firme pero conciliador de mi intervención.
No puede ser de otro modo que repitiese, con una cara de cemento que asombra, que el Partido Popular no ha sido repetidamente invitado a sumarse a la Mesa de Diálogo de la Cultura de Alcalá de Henares. Yo mismo le envié, al menos, un mensaje electrónico y sé que, por otras vías, también se les ha invitado a integrarse en una Mesa abierta que trata de plantear y establecer unas bases colaborativas y abiertas para las futuras políticas municipales en el ámbito de la cultura en nuestra ciudad. El propio martes volví a hacerlo públicamente, como hago siempre que estoy ante un medio público de comunicación.
El “directorio municipal” no es un medio adecuado. No se trata de que vayamos cada tres meses a ver al “señorito de la finca” para ver qué nos concede. No: eso no es participación, eso es sumisión. ¿Por qué no convoca la Comisión de Cultura del Ayuntamiento? ¿Tal vez porque en ella ya no puede jugar a ser el “señorito de la finca”?
Sin embargo, entre todas las sandeces que farragosamente ensartó en su intervención don Santiago Alonso, tan ventajista conmigo en aquel momento, sí dijo algo que es verdad, quizá lo único. Algo de lo que me arrepiento sinceramente: en un escrito público deslicé, hace unos meses, una afirmación respecto de la señora alcaldesa totalmente inaceptable, justamente por su carácter personal, cuando afirmé que arrastraba por el lodo la memoria de sus ancestros, refiriéndome a su abuelo, viejo camarada mío en el Partido Comunista de España cuando llegué a Alcalá, de joven, a quien quise y respeté en los breves años que coincidí con él. Siento mucho haber traspasado los límites del debate público llevándolo a un terreno que yo mismo critico, el personal, por lo que, estimada alcaldesa, públicamente, le pido disculpas por ello.

















¡ Nuestro canal en Telegram! Si te ha interesado esta información, únete ahora a







Que yo sepa, en todos los plenos, desde el Congreso hasta el Ayuntamiento, la ultima palabra la tiene el partido que gobierna; podrían haberle concedido el derecho de réplica y a continuación el de contrarréplica, seguido del de contracontrarréplica y así hasta el infinito… y más allá.
Eso sí, le ha quedado de fábula remarcar su posicion en un periódico local, aireando el curriculum de paso o, mejor dicho, como tema principal; yo sugeriría que se montase un dazibao en la entrada del Ayuntamiento para exponer lo suyo alli también.
Por cierto, no creo que la alcaldesa se pueda sentir estimada despues de sus amistosas palabras.