¿Podrían entrar Marruecos y España en guerra? Por Miguel Ángel Bañuelos

El policía local de Alcalá de Henares Miguel Ángel Bañuelos firma esta tribuna en la que analiza las relaciones entre España y Marruecos y plantea un escenario de creciente tensión entre ambos países. El autor aborda la situación de Ceuta y Melilla, el Sáhara Occidental, las relaciones con Argelia y el papel de Estados Unidos e Israel, para defender la necesidad de una política exterior española más firme ante las aspiraciones territoriales que atribuye al reino alauí.

  • Bañuelos analiza las tensiones con Marruecos y reclama una política española más firme para defender Ceuta, Melilla y los intereses nacionales.

En un artículo escrito por un servidor allá por la lejana fecha del 26 de enero del presente año, dejé escrito en su último párrafo lo siguiente: “Lo único que esperamos del futuro, ante la poca influencia de nuestros dóciles políticos de derecha, es que no tengamos un problema territorial serio con un Marruecos que es aliado preferente de Estado Unidos e Israel, sin menoscabar sus relaciones con China o Rusia. Un vecino envalentonado porque los políticos de izquierda le dieron la soberanía sobre el Sáhara Occidental en contra del derecho internacional. Un plan de autonomía que inició Donald Trump y continuó Joe Biden”.

Pues bien, el día llegó y el vaticinio se convirtió en realidad sin ningún tipo de poder sobrenatural que se me conozca. Como ya todos sabrán, el pasado 30 julio unos 80.000 súbditos de Mohamed VI, mayoritariamente varones, invadieron la Ciudad autónoma de Ceuta (83.595 habitantes) con el resultado de 141 fallecidos. Pese a la presencia constatada de delincuentes, yihadistas y agentes de inteligencia del reino alauí, la mayoría eran inmigrantes económicos que buscaban una vida mejor. La novedad en esta ocasión, era que lo hacían en número de tal magnitud, que pareciera que se buscara colapsar los servicios públicos y alimentarios de la Ciudad, lo que vislumbraba un claro caso de guerra híbrida por parte del aliado confiable marroquí, en palabras de Grande Marlaska.

El Estado estuvo y sigue ausente, como viene siendo habitual en diferentes tragedias nacionales, desde el volcán de La Palma, hasta los últimos incendios, pasando por el accidente de Adamuz y la catástrofe de la DANA en Valencia; por lo que los vecinos, parte de ellos musulmanes, tuvieron que defender con sus propias manos sus negocios y viviendas de una marabunta humana que se agolpaba por las calles sin tener un mísero mendrugo de pan que echarse a la boca.

Aunque la mayoría de estos inmigrantes volvieron a sus lugares de origen, pese a que la gendarmería marroquí lo intentara impedir mediante el lanzamiento de rocas sobre sus cabezas, quedaron en la Ciudad autónoma una cifra aproximada de 10.000 forasteros que mantienen al lugar sumido en el caos. Al desabastecimiento básico de alimentos, se le suman las violaciones de mujeres y el incremento de los casos de sarna entre los miembros de las Fuerzas Armadas y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, lo que ha llevado a médicos y enfermeros a denunciar un colapso sanitario que la ministra de sanidad se niega a admitir.

A pesar de cierta resistencia de la señora Margarita Robles, bajo la cartera de defensa, el resto del Gobierno de España hace caso omiso de la gravísima situación de convivencia y salubridad en Ceuta. Algunos han querido ver en esta dejadez la connivencia con las autoridades del régimen alauí, bajo el afán de entregar la ciudad al monarca absoluto Mohamed VI. Una insinuación que sólo el tiempo desvelará en su auténtica dimensión, mientras un número significativo de ciudadanos españoles se marchan a la península ante el escenario insostenible que se vive en la zona.

Igualmente, es chocante la falta de arrojo y combatividad de una oposición ante un gobierno incapaz de solucionar la crisis de Ceuta, pese al continuo troleo de las autoridades marroquíes. Por un lado, tenemos a un Núñez Feijóo que nos comentaba que no tiene que pedir explicaciones a Marruecos y que su primer viaje como presidente sería a este reino poco amigable, siendo su propuesta de confinamiento, un castigo para unos ceutíes víctimas de la crítica situación. Por otra parte, contamos con un Hermann Tertsch que escribía sobre la posibilidad de admitir la invasión del Sáhara Occidental por parte del estado alauí, si con ello Marruecos reconocía nuestra soberanía sobre Ceuta y Melilla. Soberanía que ya fue firmada por un sultán marroquí en el tratado de Wad Ras, pero que a día de hoy no se reconoce por los jerarcas de aquel país. En especial por el ministro Abdellatif Ouahbi, que sigue insistiendo en anexionar ambas ciudades autónomas.

Como hemos visto estos días por redes sociales, el problema del expansionismo y el ultranacionalismo marroquí no se va a solucionar sin una posición firme. No se puede negociar nada con quien, mediante la agitación y la propaganda, dice que Ceuta, Melilla, Canarias y Andalucía son Marruecos en base a un mapa de la extensión de los almorávides de origen mauritano en época medieval. Tampoco se puede transigir con quien menta que la Alhambra es parte del patrimonio marroquí. Si Marruecos no reconoce la existencia de Mauritania y las fronteras de Mali y Argelia, lo que le llevó a la Guerra de las Arenas, ¿cómo pueden nuestros políticos pensar que aquel estado aceptará en algún momento nuestra integridad territorial mediante la negociación?

La verdad, es extraño y sospechoso que el socio confiable del gobierno de Pedro Sánchez, sea a su vez el aliado prioritario de Israel y del Estados Unidos de Donald Trump, no siendo tachada su retórica irredentista y chovinista como ultraderechista. E igualmente es sorprendente la falta de influencia de la derecha patria sobre sus aliados trumpistas e israelíes, los cuales parece que se muestran incapaces de diferenciar entre Pedro Sánchez y el pueblo español, tal y como se ha podido comprobar con la negación de la españolidad de Ceuta y Melilla por parte de un informe no vinculante de la cámara de representantes de Estados Unidos, así como por las declaraciones del Embajador de Israel ante la ONU, Danny Danon. Al menos, en los tiempos de Federico Trillo, no muy diligente pero algo más contestón, se conseguía una cierta neutralidad y no se montaban centros de entrenamiento militar en Tan Tan o plantas de producción de drones Bluebird en Casablanca.

No obstante, pese a la clase política que sufrimos, España está a tiempo de evitar el deshonor y la guerra. Para ello, habría que acabar con los negocios de algunos políticos conocidos en Tánger, así como seguir una política de defensa de nuestros intereses en el seno de la OTAN, tal y como hace Turquía. De hecho, el país euroasiático que siempre ha mantenido unas buenas relaciones con los aparatos partidistas del PSOE y del PP, podría ayudarnos a importar las 123.000 toneladas de combustible que Pedro Sánchez compra a Marruecos para mantener a flote la economía española. Después de todo, Turquía adquiere crudo ruso igualmente, pero al menos cuenta con más proveedores y con las refinerías de las que Marruecos carece, lo que ayuda a camuflar el juego hipócrita de las sanciones europeas al petróleo ruso, mientras se permite su comercio al socio estratégico marroquí desde el puerto de Tánger-Med. Un emplazamiento, por cierto, donde también se ha construido una inmensa plataforma logística china, la cual exporta a la UE con posible elusión arancelaria y el silencio de Bruselas y Washington.

Sin embargo, si algunos de nuestros futuros mandatarios tuvieran el miedo insuperable a ser apercibidos por comprar hidrocarburos a Ankara, luego de la solicitud turca de detención a la Interpol de Benjamín Netayahu, siempre existe la posibilidad de echar mano del amigo israelí llamado Narendra Modi, el cual importa y refina petróleo de los Urales. Al fin y al cabo, Bibi adquiere también desde Rusia grano de supuesto origen ucraniano en la intimidad.

Pero aparte de esto, una vez repatriados los inmigrantes ilegales que malviven en Ceuta, urgiría volver al eje estratégico Baleares-Estrecho-Canarias y deberíamos militarizar las fronteras de Ceuta y Melilla como ha hecho Polonia. Igualmente se debería aumentar el tamaño de los espigones, apoyar la descolonización del Sáhara Occidental, hacer maniobras militares conjuntas con Argelia y ayudar a construir un puerto en Mauritania que pueda competir con los marroquíes. Esto sin contar con otras medidas económicas y energéticas de sobra conocidas y que podrían irse implementado de manera paulatina, tales como cortar el envío de gas, dificultar las tranferencias de remesas, o llevar controles aduaneros exhaustivos de los productos marroquíes.

Dentro de este contexto, la aproximación entre España y Argelia, el segundo ejército más potente de África y enemigo acérrimo del mito fundacional del Gran Marruecos, es esencial y disuasiva dentro de la precaución. No es por tanto muy propicio, que el presidente de Vox, Santiago Abascal, emita un tweet en el que asocia el desembarco de 62 inmigrantes argelinos en las costas de Cartagena, con tropas argelinas y con Pedro Sánchez. En primer lugar, porque el presidente del gobierno español aceptó la autonomía marroquí del Sáhara Occidental, lo que ocasionó una ruptura de las relaciones diplomáticas con Argelia que resaltó el propio Abascal en sesión plenaria del Congreso de los Diputados, donde sugirió que el propio Sánchez estaba al servicio de Marruecos. Y en segundo término porque Argelia es mucho más fiable que Marruecos en cuanto a la contención de los flujos migratorios sin subvenciones millonarias de la UE, como ya demostrara el analista político Rubén Pulido en una entrevista realizada por José Javier Esparza para el medio de comunicación Toro Tv, cercano a la órbita de Vox. De hecho, uno de los motivos del último viaje de Pedro Sánchez a Argelia, aparte de los energéticos, estuvo relacionado con la agilización de los procesos de devolución de inmigrantes ilegales al estado magrebí.

Igualmente, no hay que olvidar que el Marruecos moderno fue construido con la sangre de miles de españoles que conquistaron una región rifeña donde no había dominio alguno de la monarquía alauí. Como mucho hubo presencia de un falso pretendiente que controlaba algunas cábilas desde su Alcazaba de Zeluán, y el cual, en el lecho de muerte, tras ser torturado por el sultán marroquí, profetizó que su marcha “traería a España miles de millones de pérdidas y arroyos de sangre”, como así fue. Un suceso que constata como nuestro país, no suele tener a los lápices más afilados del estuche al frente de su política exterior.

España ingenuamente cumplió con las obligaciones internacionales contraídas en la conferencia de Algeciras de 1906 y el Rey marroquí recibió unas posesiones territoriales donde no era muy popular por sus habitantes, lo que obligó a su hijo primogénito a bombardearlos con napalm y fósforo blanco para poder ejercer su poder en la zona.

Por eso, utilizar la carta del estado tapón rifeño, no es ninguna tontería para garantizar nuestra integridad territorial y la seguridad de nuestras fronteras, enviando a su vez una seria advertencia a otras potencias extranjeras en la defensa de nuestros intereses.

También se podría valorar el apoyo decidido a los movimientos de protesta que periódicamente sacuden a Marruecos, los cuales se sustentan en la falta de perspectivas de futuro de unos jóvenes obligados a emigrar por la corrupción. En muchas de estas manifestaciones y concentraciones de rabia y descontento, se han podido ver banderas españolas como crítica implícita al régimen, razón por la que las autoridades alauís han decidido prohibir la exhibición de símbolos españoles bajo penas de prisión. Fue el caso de 4 jóvenes del Club Hassania de Agadir y otros 14 del Atlético de Tetuán que, tras mostrar banderas nacionales acompañadas de gritos de Viva España, fueron arrestados y juzgados por ultraje a los símbolos nacionales de Marruecos, siendo los primeros absueltos y los segundos condenados a penas de cárcel de hasta 10 meses. De la misma manera, fueron detenidos, juzgados y sentenciados a prisión 8 personas que accedieron al antiguo consulado español en Sidi Ifni, donde reclamaron su españolidad, mejoras en sus condiciones de vida y derechos fundamentales.

Evidentemente varias de las medidas enumeradas más arriba, podrían desestabilizar al Majzen y llevar al país vecino al conflicto armado. Un riesgo que tampoco es deseable desde un punto de vista de la estabilidad regional y la política migratoria, pero que depende enteramente de la actitud del régimen alauí y no de una España que debe impedir que la guerra tenga lugar dentro de su territorio. Y ese enfrentamiento armado es cada vez más probable con un Marruecos que, en su megalomanía expansionista, se autodenomina así mismo como Al Mamlaka Al Magribiyya, omitiendo deliberadamente el adjetivo Al Aqsa que le delimitaría con otras zonas del Magreb. Un Marruecos, donde los propagandistas del régimen piden la anexión de las Islas Canarias en base a criterios raciales de su población aborigen, la cual no supo nunca de la existencia de esos marroquíes que se creen depositarios del ideario bereber desde Canarias hasta Egipto y quién sabe si de los valles pasiegos. Un Marruecos que incomprensiblemente controla el sermón en mezquitas ubicadas en España a través del Comendador de los Creyentes, Mohamed VI, lo que no ha evitado que la mayoría de los detenidos en España por terrorismo yihadista sean de origen marroquí. Un Marruecos que paga las nóminas de los imanes de Ceuta y Melilla a través del Ministerio de Asuntos Religiosos, lugar donde se llama a la “movilización” para ocupar las ciudades de Ceuta y Melilla.

En el momento de acabar esta tribuna de opinión, es noticia la filtración de los nombres de los agentes marroquíes de la Dirección General de Vigilancia del Territorio y La Dirección General de Seguridad Nacional por parte del grupo de piratas informáticos Jabaroot, los cuales han avisado que tienen más documentación importante que irán revelando próximamente. Desde el Reino alauí, se han apresurado en culpar a Argelia de la divulgación con el fin de desacreditar. Esperemos que se indague y se compruebe la veracidad de la información difundida.


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