
- La reapertura se realizará con velocidad limitada mientras concluyen los trabajos de mejora, que incluyen un nuevo carril bici y una pasarela peatonal
La carretera M-300 volverá a estar abierta al tráfico el próximo jueves 6 de noviembre a su paso por el Puente de Zulema, en Alcalá de Henares, tras la finalización de las obras de mejora cuatro días antes del plazo previsto, según ha informado la Consejería de Vivienda, Transportes e Infraestructuras de la Comunidad de Madrid.
Aunque los trabajos principales de asfaltado, ensanche y señalización ya se han dado por concluidos, la reapertura se realizará con velocidad limitada hasta completar los remates pendientes, como la instalación definitiva de barandillas, luminarias y elementos de seguridad en la pasarela peatonal. La finalización completa de la obra está prevista para finales de este mes, cuando la vía recupere su capacidad normal de circulación.
El Puente de Zulema, situado en el kilómetro 25,400 de la M-300, conecta Alcalá con Villalbilla y constituye uno de los accesos naturales al Corredor del Henares por el sur. El cierre total de este tramo durante las obras había obligado a establecer desvíos alternativos hacia la A-2 y la Ronda Fiscal, generando importantes retenciones en horas punta.
Una intervención acelerada para reducir las molestias
Inicialmente, el calendario de ejecución fijaba la conclusión de los trabajos para el 10 de noviembre, pero las últimas semanas se ampliaron turnos, incluyendo jornadas de trabajo en fines de semana, con el objetivo de acelerar el ritmo y minimizar las molestias a los conductores.
La Consejería ha destacado el “esfuerzo de coordinación” entre los equipos técnicos y la empresa constructora, que permitió mantener el ritmo pese al incremento del caudal del río Henares durante septiembre, un factor que en principio podía haber demorado la obra.
Los trabajos de reparación y ensanche del puente comenzaron el pasado mes de junio, tras el anuncio oficial de la Consejería de Vivienda, Transportes e Infraestructuras dentro del plan regional de mejora de carreteras secundarias. El proyecto contemplaba la renovación estructural del tablero, la impermeabilización y refuerzo de vigas, y la creación de un nuevo espacio lateral para el tránsito peatonal y ciclista.
El coste total de la intervención se sitúa en algo más de dos millones de euros, financiados íntegramente por el Gobierno regional dentro del programa de mejora de las carreteras secundarias que comunican núcleos urbanos del sureste madrileño.
Protestas vecinales y un debate sobre la movilidad
Durante las semanas más duras del cierre, el malestar vecinal fue en aumento. Los residentes de Villalbilla, Los Hueros y El Viso denunciaron en redes sociales y concentraciones improvisadas el “aislamiento” de miles de personas que cada día necesitaban cruzar el río para acceder a colegios, centros sanitarios o puestos de trabajo en Alcalá.
A comienzos de octubre, varias decenas de vecinos realizaron una protesta simbólica a pie de carretera, portando pancartas con mensajes como “Queremos cruzar el río” o “El puente también es nuestro”. La manifestación, convocada sin siglas partidistas, reflejó un malestar transversal que incluso llevó al alcalde de Villalbilla, José Luis Luque, a pedir públicamente una mejor coordinación con la Comunidad de Madrid y “alternativas reales durante el tiempo de cierre”.
Desde el Ayuntamiento de Alcalá de Henares se insistió en la necesidad de garantizar la seguridad estructural y de actuar sobre una infraestructura con más de medio siglo de antigüedad, cuya renovación se consideraba prioritaria para evitar riesgos y mejorar la conexión con los municipios vecinos.
A pesar de las tensiones iniciales, la evolución de los trabajos y la comunicación constante con los municipios afectados han suavizado el clima vecinal. La reapertura anticipada se interpreta ahora como un gesto positivo y una señal de eficiencia en la gestión de una obra que, por su importancia estratégica, afectaba directamente a miles de desplazamientos diarios.
Un nuevo puente para una movilidad más sostenible
El nuevo Puente de Zulema incorpora elementos inéditos hasta ahora en esta infraestructura: un carril bici segregado, aceras más anchas, una pasarela peatonal protegida y un sistema de iluminación LED con tecnología de bajo consumo. Además, se ha renovado la capa de rodadura, se ha instalado señalización horizontal y vertical nueva, y se ha mejorado el drenaje pluvial.
Estas mejoras permitirán no solo una circulación más fluida y segura, sino también un uso más equilibrado entre vehículos, ciclistas y peatones. La obra responde al objetivo del Gobierno regional de impulsar una movilidad sostenible en los municipios del entorno metropolitano, conectando núcleos residenciales con áreas industriales y naturales.
El trazado ampliado facilitará además la conexión con la Vía Complutense y la futura red de carriles bici municipales, contribuyendo a reforzar el papel de Alcalá como nodo de movilidad del Corredor del Henares.
Entre el río y la ciudad: el símbolo de Zulema
Más allá de la ingeniería, el Puente de Zulema ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre cómo se planifica la movilidad metropolitana. El cierre forzoso demostró que los municipios del entorno dependen en exceso de unos pocos ejes viarios y que la coordinación entre administraciones, ayuntamientos, Comunidad de Madrid y Ministerio de Transportes, sigue siendo una asignatura pendiente.
En el imaginario complutense, el puente conserva un fuerte componente simbólico: es la puerta natural hacia la Vega del Henares y el acceso directo a un paisaje de ribera que muchos vecinos frecuentan para pasear, correr o montar en bici. Con su nueva imagen, el Zulema pretende reconciliar movilidad, paisaje y convivencia, después de meses en los que el río parecía más frontera que nexo.
La reapertura, prevista para este jueves, marcará el final de una obra muy observada y, al mismo tiempo, el inicio de un nuevo tiempo para la conexión Alcalá-Villalbilla. Un puente que vuelve a unir orillas y que, por fin, se podrá cruzar sin desvíos, pero con la prudencia de un límite de velocidad que recuerda que los trabajos aún no han terminado del todo.

















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