- La recuperación del pavimento y de sus elementos históricos devuelve protagonismo a la Plaza de las Bernardas, corazón patrimonial y cultural de Alcalá.
- Crónica gráfica de Ricardo Espinosa y otros para ALCALÁ HOY
La Plaza de las Bernardas de Alcalá de Henares está en obras. El empedrado se levanta, las vallas delimitan espacios, las máquinas hacen su trabajo con paciencia de hormiga. No luce todavía, pero ya se intuye. El murmullo de las piedras que vuelven a su sitio habla de una ciudad que se reconoce en su historia y que decide cuidarse. Porque esta plaza, más que un lugar, es un corazón de piedra que late al ritmo de siglos.
El concejal de Patrimonio, Vicente Pérez, lo resumía con sobriedad: se trata de una intervención “muy necesaria”, con 48.000 euros de inversión, dos meses y medio de obras y la intención de devolver a los viandantes la seguridad que el pavimento ya no ofrecía. Pero más allá de la cifra y el plazo, la obra es una metáfora: Alcalá vuelve la vista hacia uno de sus rincones más emblemáticos, lo pone bajo la lupa de la restauración y lo prepara para seguir siendo memoria y futuro a la vez.
Un espacio con siglos a la espalda
La Plaza de las Bernardas no nació como plaza. Fue un solar abierto en el barrio musulmán, la antigua almanxara de los carpinteros, que a principios del siglo XVII desapareció por mandato del cardenal Bernardo de Sandoval y Rojas. En su lugar se levantó el convento cisterciense de San Bernardo, una joya barroca cuya fachada aún impresiona y que dio nombre al nuevo espacio urbano. Desde entonces, la plaza quedó rodeada de historia por sus cuatro costados: al oeste, el Torreón de Tenorio, vigía medieval del Palacio Arzobispal; al este, el convento de la Madre de Dios, hoy Museo Arqueológico Regional; al norte, la imponente fachada barroca de ladrillo y piedra blanca del convento.
La Plaza de las Bernardas no nació como plaza. Fue un solar abierto en el barrio musulmán, la antigua almanxara de los carpinteros, que a principios del siglo XVII desapareció por mandato del cardenal Bernardo de Sandoval y Rojas. En ese espacio también se encontraba la llamada plaza de la Verdura, un mercado de hortalizas extramuros, que quedó absorbido por la nueva construcción del convento cisterciense de San Bernardo. Desde entonces, el lugar se transformó en un enclave monumental rodeado de conventos, torres y palacios.
Aquí se cruzan estilos, épocas y memorias. Aquí vivió la transformación de Alcalá en ciudad universitaria, aquí resonaron los ecos de procesiones y campanas, aquí descansaron viajeros y estudiantes, aquí jugaban los niños cuando aún se comerciaba en la vecina plaza de la Verdura. Y aquí, en un rincón discreto, se alza también la escultura de Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos y reina de Inglaterra, nacida en estas tierras complutenses, recordándonos que la historia local tiene un eco universal.
El empedrado, que hoy se recompone, no es solo suelo: es el lienzo sobre el que se han escrito siglos de pasos. Cada losa gastada, cada grieta, era testimonio de ese tiempo. Ahora, al restaurarlo, Alcalá se permite seguir caminando sin perder la memoria bajo sus pies.
Patrimonio vivo, espacio cultural
No es casualidad que la Plaza de las Bernardas sea también escenario. Por aquí pasan turistas que siguen rutas guiadas, escolares que descubren el barroco y vecinos que buscan sombra junto a los árboles centenarios. Pero también aquí se celebran conciertos, actividades culturales, representaciones teatrales y hasta ferias que hacen del lugar un punto de encuentro. El monasterio acoge visitas, conciertos sacros y exposiciones, y la plaza funciona como un salón al aire libre que muestra la riqueza patrimonial complutense.
Hace apenas un año, la plaza también celebró una pequeña victoria: la recuperación de una de sus farolas históricas, aquellas que datan de 1878 y que son únicas en la ciudad, con el escudo de Alcalá grabado en el hierro fundido. Una de ellas fue víctima del vandalismo en 2022 y tuvo que ser retirada, pero regresó restaurada en 2024, devolviendo simetría y carácter al conjunto. Son detalles como ese los que, sumados al empedrado renovado, van recomponiendo la identidad de la plaza.
Porque el patrimonio no se conserva solo con grandes gestos, sino también con pequeñas atenciones: un hierro repuesto, una piedra recolocada, una grieta sellada. Cada intervención suma. Y cada visitante que se detiene a fotografiar el convento o a descansar en los bancos de piedra contribuye a mantener viva la memoria del lugar.
La Plaza de las Bernardas es, en definitiva, una síntesis de Alcalá: barroco y medievo, espiritualidad y turismo, piedra antigua y vida cotidiana. No luce todavía, porque las obras siguen abiertas, pero cuando el empedrado vuelva a asentarse bajo el sol de otoño, Alcalá habrá recuperado algo más que un suelo: habrá devuelto esplendor a un rincón que es patrimonio, refugio y escenario.
Y quizá entonces, cuando las vallas se retiren y los pasos vuelvan a resonar sobre las losas renovadas, alguien repare en la estatua de Catalina de Aragón y piense que toda plaza es un espejo del tiempo. Y que cuidar de ella es, al fin y al cabo, cuidar de lo que somos.
















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Es una chapuza lo que han hecho, eso y echar directamente cemento encima es lo mismo. No se han esmerado nada. Todas las piedras manchadas de cemento para una plaza emblemática. Concejal no presuma tanto y revise las obras…
Se ríen de Ud y de todos nosotros que somos quien lo pagamos….
Ya era hora de actuar en Bernardas, pues esta plaza parecía abandonada a su suerte, siendo uno de los espacios más peculiares y especiales de Alcalá. Y por cierto, también los árboles de esta plaza son parte muy importante de su identidad, junto con sus nidos de cigüeña y desde hace un tiempo estos árboles están muy pero que muy desmejorados. No se si será por causa de las cotorras, de una enfermedad o de las procesionarias pero en unos años los árboles han desmejorado una barbaridad y la plaza se ve cada vez más desnuda y triste.
Por otro lado, si lo que dice Jose es cierto y están haciendo una chapuza y lo están tratando en medios como si estuvieran recuperando un patrimonio de la humanidad, habrá consecuencias.