- La Virgen de la Soledad recorrió Alcalá en procesión extraordinaria por el XXV aniversario de su coronación, entre fervor popular y presencia institucional.
- Crónica gráfica de Ricardo Espinosa Ibeas y vídeo de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY
Alcalá de Henares vivió este sábado una jornada inolvidable, teñida de solemnidad y emoción compartida. La Virgen de la Soledad, la llamada Reina de Alcalá, recorrió las calles del casco histórico en una procesión extraordinaria que conmemoraba el vigésimo quinto aniversario de su Coronación Canónica, celebrada aquel ya lejano 30 de septiembre del año 2000 en la Catedral Magistral.
La hermandad quiso devolver a la ciudad parte de aquel fervor vivido entonces, y lo consiguió con un cortejo procesional que congregó a miles de vecinos y devotos en plazas, calles y balcones, bajo un cielo sereno que contrastaba con las lluvias que tantas veces han marcado la historia reciente de esta cofradía.
Una procesión conmemorativa cargada de simbolismo
El aniversario era, por sí mismo, motivo suficiente para este acto extraordinario. Veinticinco años de la primera coronación mariana en la ciudad complutense, antesala de las que recibirían más tarde la Virgen del Val y la Virgen del Carmen. Pero la efeméride se cargaba de más significados: la superación de las adversidades sufridas en la última Semana Santa, cuando el mal tiempo obligó a suspender desfiles; y la despedida oficial de José Enrique Molina como hermano mayor, tras nueve años de servicio a la hermandad.
El propio Molina, emocionado, cedió el testigo de la dirección a un nuevo equipo, pero no abandonará del todo a la Señora: seguirá acompañándola desde abajo, como costalero, con la humildad de quien no necesita cetro para estar al servicio. Fue uno de los momentos más simbólicos de la jornada.
La procesión arrancó tras la misa pontifical en la Catedral Magistral de los Santos Niños Justo y Pastor, presidida por el capellán de la cofradía, Juan Miguel Prim, con la presencia del presidente de la Junta de Cofradías, Gregorio Manzanares, y representantes de hermandades penitenciales y patronales. La solemnidad litúrgica dio paso a un cortejo ordenado que partió de la plaza de los Santos Niños y se adentró por calles cargadas de memoria cofrade: San Felipe Neri, Santiago, Imagen, Mayor, Santa Úrsula, Cervantes, Libreros… hasta llegar a la parroquia de Santa María la Mayor, donde concluyó el recorrido con los actos de veneración.
Presencia institucional y vínculos fraternales
El Ayuntamiento de Alcalá de Henares estuvo representado por la alcaldesa Judith Piquet, que acompañó a la hermandad desde el inicio de la procesión, junto a los concejales del equipo de gobierno, Vicente Pérez Palomar, Antonio Saldaña y Pilar Cruz. En nombre del grupo socialista, la edil María Aranguren saludó también a la cofradía a la salida del cortejo. Fue, en suma, una presencia política transversal que reflejó el respeto compartido hacia una tradición que forma parte del patrimonio cultural de la ciudad.
La procesión se vio enriquecida por gestos de fraternidad con otras instituciones. A su paso por la calle de la Imagen, aguardaba solemnemente el Cristo de la Columna, en la puerta del convento de las Carmelitas, testimonio del hermanamiento entre ambas cofradías. Pedro Fernández, presidente de la Hermandad de la Columna, formó parte de la presidencia de la comitiva, reforzando ese lazo.
Otro momento cargado de historia se vivió ante la iglesia de la Fundación Antezana, cuya portada lució la imagen de la Virgen de la Misericordia, considerada la más antigua de Alcalá (siglo XIII). Allí, el presidente de la institución, Asensio Esteban, saludó el paso de la Soledad, subrayando el diálogo entre pasado medieval y devoción contemporánea.
Música, devoción y un pueblo en la calle
Uno de los estrenos de la jornada estuvo en la música: por primera vez, la Banda de Palio de Juventudes Musicales acompañó el paso de la Virgen de la Soledad. La reciente firma de un acuerdo con la hermandad garantiza su presencia no solo en esta procesión, sino también en el próximo Viernes Santo y en el tradicional concierto de la noche del Viernes de Dolores. Sus marchas solemnes, interpretadas con rigor y sensibilidad, marcaron el compás del cortejo y dejaron claro que esta colaboración inaugura una nueva etapa en el acompañamiento musical de la hermandad.
El ambiente que envolvió las calles fue el de las grandes ocasiones. Miles de vecinos ocuparon aceras y balcones para contemplar el paso de la Virgen, muchos de ellos en oración o en recogimiento íntimo. En tramos más estrechos, el fervor se intensificaba y se multiplicaban los gestos de devoción: pañuelos al aire, lágrimas discretas, niños a hombros para ver a la Señora.
La procesión transcurrió sin incidentes, en un clima de respeto y participación masiva. Para los cofrades, supuso un reencuentro con la memoria de aquel 2000, cuando la Virgen fue coronada canónicamente por el entonces obispo complutense, Jesús Catalá, hoy emérito en Málaga. Para la ciudad, significó una nueva demostración de que la tradición religiosa no solo conserva fe, sino que alimenta identidad comunitaria y orgullo patrimonial.
Una jornada para la historia cofrade complutense
La hermandad de la Soledad Coronada y Sagrado Descendimiento cierra así un mes de cultos y actos conmemorativos en honor al XXV aniversario de su día más grande. Pero lo vivido este sábado se inscribe ya en la memoria colectiva de Alcalá como una cita irrepetible: no todos los días una ciudad se rinde en pleno a los pies de una imagen que la representa y la emociona.
Entre lo espiritual y lo social, entre la música y la oración, la Virgen de la Soledad volvió a salir al encuentro de su pueblo. Y Alcalá respondió, como entonces, como siempre: con calles llenas, con balcones engalanados y con un fervor que trasciende generaciones. Veinticinco años después de su coronación, la Reina de Alcalá sigue reinando, no por cetro ni corona, sino porque habita en el corazón de su ciudad.























