Alcalá se come Europa a bocados: una ruta gastronómica para viajar sin salir de la ciudad

La III Semana de la Tapa Europea convertirá Alcalá de Henares en un gran recorrido gastronómico por los sabores de la Unión Europea del 9 al 16 de mayo. Un total de 26 restaurantes de la ciudad reinterpretarán en formato tapa recetas y productos típicos de los 27 países miembros en una iniciativa impulsada por la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento y Alcalá Gastronómica-Fomentur. La propuesta vuelve a situar a la ciudad complutense como escaparate turístico, cultural y culinario de referencia en la región.

Foto del Ayuntamiento
  • Albóndigas suecas, bacalao portugués, cocina báltica y recetas centroeuropeas protagonizan una ruta gastronómica única por el casco histórico complutense.

 

  • Fotos del ayuntamiento de Alcalá de Henares

Hay semanas en las que Alcalá de Henares parece mirarse al espejo de su historia universitaria, cervantina y patrimonial. Y luego hay otras en las que directamente se convierte en una pequeña capital europea donde los idiomas cambian de una barra a otra, los aromas cruzan fronteras y el pasaporte se sustituye por una tapa y una caña. Eso es exactamente lo que propone la III Semana de la Tapa Europea, que del 9 al 16 de mayo volverá a transformar la ciudad complutense en un gran mapa gastronómico del continente.

La iniciativa, impulsada por la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, Alcalá Desarrollo y el colectivo Alcalá Gastronómica-Fomentur, reúne este año a 26 restaurantes de la ciudad que reinterpretarán los sabores de los 27 países de la Unión Europea a través de pequeñas creaciones culinarias servidas al estilo más castizo: en formato tapa. Un ejercicio de imaginación, cocina y convivencia que mezcla tradición española y recetarios europeos con bastante más profundidad de la que aparenta una barra de bar.

La presentación oficial tuvo lugar este viernes en la histórica Hostería del Estudiante, en pleno corazón monumental de la ciudad, con la presencia de la alcaldesa, Judith Piquet; el director general de Reequilibrio Territorial de la Comunidad de Madrid, Javier Carazo; la primera teniente de alcaldesa, Isabel Ruiz Maldonado; el concejal de Desarrollo Económico y Empleo, Antonio Peñalver; y el presidente de Alcalá Gastronómica-Fomentur, José Valdearcos.

La alcaldesa definió esta nueva edición como “una experiencia única que une gastronomía, cultura y turismo”, una fórmula que en Alcalá empieza a convertirse ya en una auténtica marca de ciudad. Porque si algo ha aprendido la hostelería complutense en los últimos años es que competir ya no consiste únicamente en servir bien, sino también en contar historias, crear identidad y convertir cada plato en una experiencia reconocible.


Un viaje europeo sin salir de Alcalá

La gracia de esta Semana de la Tapa Europea está precisamente en esa mezcla entre curiosidad gastronómica y juego cultural. Hay tapas fáciles de reconocer y otras que obligan incluso a practicar pronunciación antes de pedirlas. Y probablemente ahí reside buena parte de su encanto.

Porque no todos los días puede uno pasar de unos torreznos con patatas revolconas en el Restaurante Santo Tomás representando a España, a un refinado “bocado báltico de centeno, arenque y mousse de crema agria al eneldo” en Martilota inspirado en Estonia.

O descubrir cómo Ki-Jote Restaurante Fusión convierte la tradicional sopa agria polaca zurek en un delicado chawanmushi japonés reinterpretado para homenajear a Polonia. O cómo Talanis lleva Grecia a la mesa con su reinterpretación de souvlaki de cerdo.

La ruta permite además comprobar hasta qué punto la hostelería alcalaína ha ido sofisticando su propuesta en los últimos años. Ya no se trata únicamente de “poner una tapa”, sino de construir pequeños relatos gastronómicos capaces de conectar con un público cada vez más interesado por la cocina internacional, la fusión y las experiencias compartidas.

Ahí aparecen propuestas tan llamativas como el Köttbullar sueco de Caiko Smokehouse; el refinado vol-au-vent belga de Nubium; el bacalao espiritual portugués de Skrei Noruego o las salchichas especiadas rumanas de Sacromonte.

Y también tapas que parecen escritas para poner a prueba al comensal antes incluso del primer bocado: el Shkembe chorba búlgaro de Bar Restaurante Nino, los Zlikrofi de Ocvirki eslovenos de Cafetería Las Nubes El Corte Inglés o el Smørrebrød danés de Restaurante El Encín Golf.


De la tradición castiza al laboratorio gastronómico

La Semana de la Tapa Europea también sirve para observar la evolución de Alcalá como destino gastronómico. Durante años, la ciudad vivió apoyada en la fortaleza de sus terrazas, su ubicación universitaria y su potente flujo turístico patrimonial. Pero ahora empieza a proyectarse también como un espacio culinario con personalidad propia.

Buena parte de ese mérito corresponde al trabajo constante de Alcalá Gastronómica-Fomentur y a la capacidad de muchos restaurantes locales para asumir riesgos creativos sin perder el vínculo con el público popular que sigue llenando las barras del casco histórico.

Así aparecen propuestas híbridas y muy contemporáneas como la bruschetta italiana de La Fábrica Gastrobar; el tataqui de pato con gel de Tokaji de Terranostra inspirado en Hungría; o el goulash austríaco reinterpretado por Híbrido Experience.

Especial protagonismo vuelve a tener Plademunt. El Restaurante Imaginario, que juega doblemente representando a Lituania con una tosta báltica de arenque ahumado y a Chipre con una brocheta de halloumi y naranja. Una pequeña declaración de intenciones de una cocina que entiende la gastronomía como viaje y como relato.

El recorrido culinario se completa con las propuestas de La Terraza del Mercado representando a Malta; La Cúpula con Irlanda; La Cátedra. Hotel El Bedel homenajeando a Alemania; Restaurante 1888 con Francia; Mesa12 con Finlandia; Fino Bar Restaurante con Letonia; Magistral Gastrotaberna con Croacia; Casino Alcalá con Luxemburgo; Ambigú con Chequia y Abrasador Casa Benito con Eslovaquia.

Mientras tanto, Sacromonte II llevará a los Países Bajos a través de su kibbeling rebozado y salsa tártara.


Europa, pero con barra, terraza y acento alcalaíno

Más allá de la gastronomía, la Semana de la Tapa Europea tiene algo de celebración simbólica de la propia idea de Europa. Una Europa cotidiana, mestiza y reconocible, mucho más cercana a las calles y a las conversaciones de barra que a los despachos institucionales de Bruselas.

Porque en el fondo esta propuesta funciona precisamente porque convierte algo aparentemente complejo, la diversidad cultural europea,  en algo sencillo y compartido: sentarse, probar, comentar, comparar sabores y recorrer una ciudad a través de sus bares y restaurantes.

Y pocas ciudades españolas pueden hacerlo con un escenario tan apropiado como Alcalá de Henares. Patrimonio Mundial, ciudad universitaria, cruce histórico de culturas y lugar acostumbrado desde hace siglos a recibir visitantes, estudiantes, viajeros y acentos distintos.

Durante una semana, además, Europa se servirá aquí en formato tapa. Con cucharas, panecillos, croquetas, arenques, albóndigas, quesos fritos, bacalaos espirituales y nombres imposibles de pronunciar correctamente a la primera. Y probablemente esa sea también la mejor definición posible del proyecto europeo: una suma de diferencias que, cuando funcionan, terminan sabiendo sorprendentemente bien juntas.

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