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El autor examina críticamente el deseo de Feijóo de gobernar en solitario y advierte de los riesgos de una dependencia de la extrema derecha.
- Santiago López Legarda es un periodista alcalaíno que ha ejercido en diferentes medios nacionales.
Dijo el Presidente del Partido Popular, antes del verano calcinante que hemos sufrido en España, que su esperanza y su deseo serían gobernar en solitario. No conocemos muy bien las propuestas que lleva en la cartera el señor Núñez Feijóo (hay quien le acusa de no tener propuesta alguna), pero él parece convencido de que son tan buenas que merecerían ser llevadas a cabo sin tener que negociarlas con nadie.
Las encuestas, sin embargo, ponen muy en entredicho el sueño de Feijóo. Dando por hecho que haya una mayoría suficiente en el próximo Parlamento, lo más probable es que el líder de los populares tendrá que negociar con las fuerzas situadas a su derecha, es decir, con la extrema derecha de Santiago Abascal. Y el riesgo mayor que corre en este momento el dirigente gallego, dados los vientos que soplan por el mundo, es que la extrema derecha acabe sobrepasándolo, como estuvo a punto de ocurrirle al Partido Socialista con Podemos.
Gobernantes como Felipe González, José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy han gozado del privilegio de ejercer el poder en solitario, sin tener que sudar la camiseta cada semana en el Congreso. Pedro Sánchez es el menos afortunado en este aspecto: lleva siete años de sufrimiento desde aquella precaria mayoría con la que consiguió desalojar a Mariano Rajoy de La Moncloa. Y lo cierto es que en las democracias europeas lo más habitual son los gobiernos de coalición. Hay excepciones, claro, como Gran Bretaña, donde la ley electoral (mayoritaria a una sola vuelta y con circunscripciones unipersonales) retuerce convenientemente el principio democrático de un hombre un voto.
Podríamos decir, exagerando un poco, que el deseo de gobernar en solitario es más propio de dictadores o políticos autoritarios, como el actual Presidente de los Estados Unidos de América; mientras que los políticos genuinamente democráticos aceptan sin reservas la dura tarea de negociar cada día con sus aliados e incluso con sus adversarios. La democracia resulta laboriosa y a veces puede ser ineficaz cuando no existe la capacidad o la voluntad de alcanzar acuerdos que puedan resultar aceptables para todos. Pero tiene la virtud insuperable de reflejar la pluralidad de las sociedades expresada libremente en las urnas.
Tampoco cabe pensar que por el hecho de gobernar en solitario se vayan a resolver mejor los problemas que afectan a los ciudadanos. Por poner un ejemplo: el precio actual de los alquileres ( y la consiguiente dificultad para acceder a una vivienda) proviene, al menos en parte, de una decisión tomada por un gobierno que gozaba de una mayoría de más de 200 diputados en el Congreso. Me estoy refiriendo al Decreto Boyer de 1985, que suprimió la prórroga forzosa de los arrendamientos y estableció la libre voluntad entre las partes para negociar las condiciones. Seguramente nadie pensó entonces que cuarenta años después, como consecuencia de esa libre voluntad, los alquileres habrían subido cuatro o cinco veces más que los salarios.
Volviendo a los deseos de Feijóo, la cuestión es que en el mejor de los supuestos va a estar al frente de un gobierno de coalición y tendrá que prepararse mentalmente para negociar una a una todas las medidas que pretenda aplicar. Y ya veremos cuán acertadas o equivocadas son esas medidas y a quién benefician. Porque si algo hemos aprendido en todos los años de democracia es que es imposible gobernar a gusto de todos. Precisamente por esa pluralidad social a la que antes hacíamos referencia. Feijóo va a estar maniatado por la extrema derecha y ya sabemos cuál es la agenda política de estos partidos en el panorama internacional y nacional. Mi pronóstico es que aumentarán las injusticias y las desigualdades sociales; y por supuesto el empleo descarado de los aparatos represivos del Estado para así explotar mejor a la mano de obra barata que llega de fuera de nuestras fronteras.


















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