- La rehabilitación del Ayuntamiento promete eficiencia y accesibilidad, pero mientras tanto los vecinos lidian con mudanzas, caos de servicios y pasillos llenos de escombros.
- Crónica gráfica de Pedro Enrique Andarelli para ALCALÁ HOY
Lo que hasta hace poco era la solemne Casa Consistorial de la Plaza de Cervantes hoy parece más bien un escenario de posguerra: techos abiertos, cascotes en el suelo, cables colgando y pasillos que recuerdan más a una película de catástrofes que a la sede de la democracia local. El motivo es el inicio de las obras de rehabilitación del histórico edificio, dentro del Programa PIREP para Entidades Locales, financiado en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia.
La inversión asciende a 2,3 millones de euros y promete devolver al Ayuntamiento el lustre que se le supone… aunque de momento, lo que luce es un caos considerable.
Un lavado de cara con vocación verde
El concejal Vicente Pérez ha defendido que no se trata de una simple reforma cosmética, sino de una intervención integral orientada a la eficiencia energética. La rehabilitación contempla la sustitución de carpinterías y vidrios por sistemas de baja transmitancia térmica, la instalación de nuevos equipos centralizados de calefacción y refrigeración de alta eficiencia, la renovación de toda la iluminación interior con tecnología LED y la modernización de las instalaciones eléctricas.
También se actuará en la accesibilidad del edificio, con el objetivo de facilitar la entrada y el tránsito a todas las personas, algo que en pleno siglo XXI sigue siendo un reto en demasiados edificios públicos. La promesa es clara: menos facturas de la luz, menos pérdidas de calor y, en teoría, un espacio más cómodo tanto para vecinos como para funcionarios.
Claro que, a la vista de las imágenes actuales, todavía queda mucho para que la palabra cómodo se pueda aplicar a esos pasillos llenos de cascotes donde ahora lo único que circula son escombros.
El lío de los servicios y el impacto en los vecinos
Durante el tiempo que duren las obras, los servicios municipales se han desperdigado por la ciudad como si fueran piezas de un puzle mal colocado. La Inspección Tributaria, por ejemplo, atiende ahora en el edificio Ana María Matute, en el Ensanche. Un traslado que, como denunció CCOO, ha generado desconcierto y más de un dolor de cabeza tanto para los trabajadores como para los vecinos que intentan localizar la ventanilla correcta.
El dicho de “empezar la casa por el tejado” cobra aquí un sentido casi literal. Mientras los albañiles pican y levantan techos, los ciudadanos se encuentran con que sus trámites ya no están donde solían. Lo que antes era una visita a la Plaza de Cervantes ahora puede convertirse en una excursión por distintos barrios de Alcalá.
La foto final, si los plazos se cumplen, será la de un Ayuntamiento renovado, más sostenible, accesible y confortable, capaz de recuperar el esplendor de un edificio emblemático. Pero hasta entonces, toca convivir con el polvo, el ruido de taladros y la sensación de que Cervantes, si levantara la cabeza en su plaza, no sabría si entrar al Pleno o a un rodaje de cine bélico.
















¡ Nuestro canal en Telegram! Si te ha interesado esta información, únete ahora a







Me he debido perder algo, o ese día debí hacer novillos y no me enteré. ¿Palacio Consistorial?
Un poco de rigor no estaría de más pero, si lo ha escrito una IA, lo excuso.
El becario se vino arriba. Sustituyelo por casa consistorial y todos tan amigos.