La guayabera de Gustavo y otros misterios del verano alcalaíno

En Alcalá hay días que parecen escritos por un maestro de ceremonias: trajes oscuros, medallas relucientes, palmas solemnes y el incienso haciendo su trabajo. El 5 y 6 de agosto son así, liturgia pura. Pero este año, entre reliquias y procesiones, un detalle rompió la coreografía: la guayabera blanca del veterano concejal Gustavo Severien, prenda caribeña que se abrió paso entre el dress code municipal como un acorde de salsa en medio de un concierto de órgano.

Foto de Myriam Trujillo
  • HUMORIS CAUSA / Pedro Enrique Andarelli, editor de ALCALÁ HOY. Alcalá, agosto, solemnidad… y un servidor, testigo  de una guayabera memorable.

En Alcalá, agosto es un mes de contrastes: el sol pega fuerte, pero la solemnidad manda. El 5 y el 6 de agosto no son días cualquiera. En vísperas del día grande, el arca con las reliquias de Justo y Pastor se traslada al altar mayor de la Catedral Magistral, entre incienso, recogimiento y esa cadencia lenta que obliga a mirar el reloj con devoción. Al día siguiente, la procesión solemne recorre las calles, palmas en mano, con la misa del obispo como prólogo. Todo está calculado: los hombres, traje oscuro y corbata; las ediles, vestidos negros, rojos o blancos como la alcaldesa, medalla al cuello y paso contenido. Un protocolo tácito que, en Alcalá, se respeta como si lo hubiera redactado el mismísimo Cardenal Cisneros.

Salvo este año. Porque este año, entre el azul marino y el negro impecable, destacó, y cómo brilló, una guayabera blanca. No una camisa cualquiera, no. Una guayabera, con sus bolsillos cuadrados, sus costuras decorativas y ese aire caribeño que invita más a un mojito que a un padrenuestro. Y ahí estaba, en primera fila, su orgulloso portador: Gustavo Severien Tigeras, portavoz municipal del PP, Tercer Teniente de Alcalde y Director del Área de Hacienda y Gestión Institucional.

No hablamos de un recién llegado. Severien es un comodín político con más de tres décadas de experiencia, concejal cunero en Alcalá desde 1995 en periodos intermitentes hasta 2015, en tiempos de Bartolomé González y Javier Bello, y testigo de excepción del nombramiento de la ciudad como Patrimonio de la Humanidad cuando ostentaba la concejalía de Patrimonio. También pasó por Majadahonda como concejal y por Aranjuez como jefe de gabinete de alcaldía entre 2019 y 2023. Su retorno a Alcalá fue por la puerta grande, reclamado por Judith Piquet para las elecciones municipales de 2023. Hoy es, según las bases del presupuesto, el segundo sueldo más alto del consistorio: 81.231,63 € brutos anuales, el 93% de la alcaldesa.

Con estudios de Derecho y fama de negociador exigente, su estilo habitual no es el de romper el molde. Más bien al contrario: chaqueta bien cortada, camisa sobria, corbata sin estridencias, un aire que recuerda, y aquí la única referencia, a la elegancia calculada de García-Margallo. Por eso la aparición guayaberil en plena misa solemne ha desconcertado a propios y extraños: no es su norma y, precisamente por eso, ha robado protagonismo a lo que el programa municipal anunciaba como los actos centrales del triduo.

Nunca en España la guayabera ha sido prenda de etiqueta para ceremonias religiosas. Salvo contadas licencias reales en recepciones informales, su hábitat natural es más el paseo marítimo que la nave central de una Catedral. Aquí, más que protocolo, evocaba tarde de verbena.

Quizá el calor, que en agosto en Alcalá es penitencia añadida. Quizá el relajo de quien, ya en la recta final de su carrera, se concede un capricho tropical. O quizá, y aquí la interpretación más jugosa,  la tentación de poner una nota de frescura en un dress code municipal que rara vez se aparta de la corbata y el traje oscuro. Lo cierto es que, que yo recuerde, Severien nunca ha llevado guayabera en un pleno municipal, y veranos sofocantes desde 1995 ha tenido unos cuantos, así que la sorpresa fue tan grande como el contraste con el resto de la fila institucional.

No faltará quien vea en la guayabera un guiño a su papel de “hombre fuerte” del Ayuntamiento, con libertad para reinterpretar las normas no escritas. Ni quien, con cierta malicia, sugiera que el veterano concejal, benefactor de un menguante grupo de comunicación local, sabe bien cómo introducir un detalle que alimente titulares… aunque, en este caso, el eco haya sido más de sobremesa que de portada, colándose entre reliquias, incienso y campanas como anécdota de café.

Porque Severien cumplió con todo lo demás: medalla de edil al cuello, palma en mano, paso solemne detrás del obispo y gesto serio, como manda el momento. La guayabera no le restó gravedad… pero tampoco la añadió. Y eso, en el fondo, es lo que la hace tan memorable: que en medio de la liturgia, una camisa caribeña haya logrado su cuota de protagonismo.

La pregunta queda abierta: ¿fue un desliz estilístico, una declaración de independencia sartorial o simplemente un “porque me da la gana” de veterano con galones? Lo único seguro es que el año que viene, más de uno mirará menos al altar y más a la fila de autoridades, por si la guayabera decide hacer bis o quizá este año ha sido el bis.

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1 Comentario

  1. Severién no es un comodín. Es la imposición desde Madrid para controlar a un equipo, ya de por sí mediocre, por un lado; por otro, evitar que Alcalá pueda progresar y convertirse en un elemento peligroso para la uniformidad territorial de Madrid. En Torrejón de Ardoz, sin embargo, Madrid no puede controlar con ningún Severién, de ahí el despegue del pueblo vecino.

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