- La Comunidad de Madrid estudia reintroducir la especie en el monte de El Pardo con apoyo de Patrimonio Nacional.
Del Alto Tajo a la campiña complutense, Uraclio avanza con la elegancia sigilosa de su especie, ajeno al alboroto humano y atento solo a los latidos del monte. Tiene dos años, procede de Guadalajara, y en las últimas semanas se ha dejado ver por Villalbilla, Corpa, Los Santos de la Humosa y Anchuelo. No lo ha hecho por casualidad: lo ha guiado el instinto, el olfato y, por supuesto, ese collar GPS que lleva al cuello y que permite seguir sus pasos sin molestarle.
Los técnicos de la Dirección General de Biodiversidad, en colaboración con los Agentes Forestales de la Comunidad de Madrid y la Junta de Castilla-La Mancha, no ocultan su entusiasmo. Uraclio está en perfecto estado de salud y se mueve como quien sabe lo que hace. Su presencia en estos parajes no es una anécdota, sino una señal: si ha llegado hasta aquí, es porque encuentra alimento, refugio y un entorno que, sin ser perfecto, empieza a parecerse a un hogar.
Durante años, el lince ibérico fue el gran ausente en los paisajes del centro peninsular. Su territorio quedó reducido a pequeñas islas al sur de España, y en 2001 quedaban menos de cien ejemplares. Pero hoy, más de 2.400 linces pueblan ya de nuevo los campos de la Península. El suyo es uno de los regresos más emocionantes de la fauna europea, fruto de años de protección, reintroducción y seguimiento.
Un visitante inesperado con mirada antigua
Uraclio no está aquí para quedarse, al menos no todavía. Es joven, inquieto, nómada por naturaleza. Pero su aparición no es baladí: hace apenas un año, otro lince fue avistado en Boadilla del Monte, y en 2009 se documentó el paso de un ejemplar con GPS por Madrid, aunque su historia terminó en tragedia: fue atropellado cerca de Oporto.
El que ahora se pasea por la campiña del Henares no ha tenido que enfrentarse, de momento, ni a carreteras ni a disparos. Y eso, en el caso del lince ibérico, es casi una hazaña. El furtivismo y los atropellos siguen siendo las principales causas de muerte no natural de esta especie. En 2023, WWF alertó de que uno de cada diez linces que mueren de forma no natural lo hacen por estos motivos. Ese mismo año, un ejemplar apareció mutilado en una finca de El Molar, un suceso que estremeció a los colectivos ecologistas.
Por eso, cada paso de Uraclio es también una prueba de resistencia, una danza con el peligro. Su vida, como la de tantos otros linces, depende no solo de su agilidad y su instinto, sino de la voluntad colectiva de protegerle. Si consigue cruzar caminos, vadear parcelas y esquivar la huella humana, quizás marque una ruta nueva para los que vengan detrás.
Mientras tanto, la Comunidad de Madrid avanza en un plan para que la especie vuelva a tener aquí un lugar propio. Se estudia reintroducirla en el monte de El Pardo, de la mano de Patrimonio Nacional, y se están revisando los hábitats disponibles según los criterios del Ministerio para la Transición Ecológica. Pero Uraclio se ha adelantado al calendario. Ha llegado solo, sin proyecto piloto ni rueda de prensa. Ha llegado porque quiso, o porque su territorio le empuja.
Y así, sin hacer ruido, el joven Uraclio se ha convertido en noticia. No porque dé declaraciones, sino porque las inspira. Porque recuerda que hubo un tiempo, no tan lejano, en que estas tierras estaban llenas de vida salvaje. Y que, con suerte y cuidado, podrían volver a estarlo.

















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«Los campos de Alcalá» reza el titular. Manda narices la «apropiación» interesada de cualquier cosa por lejana que sea. El lince ha estado de paseo por Villalbilla, Corpa, Los Santos de la Humosa y Anchuelo, como detalla la noticia. Esto es como los anuncios de la Inmobiliaria que vende casas de nombre «Alcalá Urbanizaciones» a viviendas que están en Villalbilla.
En este caso el término Alcalá no hace referencia a la ciudad si no a la comarca, que aunque no tiene actualmente reconocimiento oficial, es una entidad reconocida por la geografía y la historia.
Flor, gracias por comentar y compartir tu punto de vista pero decir que el término “Alcalá” en el titular del artículo hace referencia a una supuesta comarca —sin reconocimiento oficial— es una interpretación forzada que no justifica la elección de dicho titular. En el lenguaje común (coloquial o no), cuando se menciona “Alcalá” sin «apellidos» ni aclaraciones, la referencia es clara: se habla de la ciudad de Alcalá de Henares. Cualquier lector, al leer “los campos de Alcalá”, asume que el animal ha estado en el término municipal de la ciudad hasta donde sus campos lleguen, no a decenas de kilómetros en municipios como Corpa o Anchuelo por poner dos ejemplos.
La llamada “comarca de Alcalá” carece de entidad administrativa, pero también de delimitación clara. Su uso en este contexto no solo es ambiguo, sino que funciona como una «apropiación mediática»: se toma el nombre de una ciudad con notoriedad y peso simbólico para dar relevancia a una historia que no sucede en ella. Es, en esencia, un recurso publicitario que busca atraer clics y atención utilizando el prestigio del nombre “Alcalá”.
Si el propósito fuera describir una región más amplia, se debería haber optado por una formulación más precisa, como “los campos del este de Madrid” o “los campos del entorno del Henares”. Lo que hace el titular, en cambio, es extender arbitrariamente el nombre de Alcalá a lugares que ni geográfica ni culturalmente se identifican directamente con ella, lo que desinforma más de lo que contextualiza.
Como yo lo veo y creo que la mayor parte de lectores entenderán, no se trata de un uso legítimo de un concepto geográfico compartido, sino de una instrumentalización del nombre de Alcalá para dotar de atractivo a una noticia que en realidad no tiene relación directa con la ciudad.
No es normal que reprendas a Flor y a Alcalá Hoy por una imprecisión que tú mismo cometes . ¿Qué son «los campos del este de Madrid»?¿La Cañada Real? Sería en todo caso la Comunidad de Madrid.
No he reprendido como tal a Flor, de hecho le he agradecido su participación. Y sí, tienes toda la razón, en todo caso sería «los campos del este de la Comunidad de Madrid».
Estoy totalmente de acuerdo. La parte positiva de la forma de presentar la noticia es la utilización de Alcala como marca consolidada
Fantástico y gracias A Alcalá Hoy por emplear la denominación Campos de Alcalá. Sin duda alguna, se trata de una comarca histórica de más de 900 años. El único error es que la Campiña complutense, o del Henares, estaría al norte del Henares. Estos términos municipales son ALCARRIA DE ALCALÁ, cosa que la Comunidad de Madrid está llamando INDEBIDAMENTE Alcarria madrileña.
Han venido muchos vecinos de Madrid y pueblos de su extrarradio completamente ajenos a muestra comarca que sienten rechazo a lo que es la tradición y la Historia de nuestra comarca ALCALAÍNA. Entiendo que quieran algo más cercano a su lugar de origen como Campos de Madrid. Muchos torrejoneros que se han afincado en el Viso tampoco entienden eso de Comarcales de Alcalá, porque les resuelta ajeno, lejano y les rechina. Pero es lo que hay y lo que es. Adelante, Alcalá Hoy difundiendo nuestra COMARCA por más que nos pongan palos en las ruedas y a los madrileños les produzca prurito.
Los campos del este de Madrid son los de los Berrocales, Ahijones, lo que hay entre Vicalvaro y Coslada, y lo que os quede de campo por el aeropuerto o los arcenes de la autovía A-2. Creo que por el Cerro Almodóvar, en Santa Eugènia, también tenéis campo en la capital. Esto es la Comarca de Alcalá, que es como toda la vida se ha dicho, pero a lo mejor has venido de Madrid hace poco y aún no conoces nuestra comarca, poco a poco. Pero no hay que enfadarse porque ya tenéis lo que llamáis la Sierra de Madrid. No pasa nada porque una comarca lleve el nombre de su capital histórica. Aunque te parecerá mentira, aparte de Madrid, que era la capital de un alfoz importante, Alcalá era capital de otro alfoz, y Buitrago era capital de otro. Y es que Alcalá es cabeza de partido desde hace siglos, de ahí que verás que aquí se dice incluso «un pueblo de Alcalá» de boca de lugareños de pueblos.
Así está nuestra sociedad,tenemos un animal magnífico deambulando por nuestras tierras,y lo único que os interesa es una tontería territorial y ver quién la tiene más larga
Así está nuestra sociedad con comentarios «de cuñao» como el tuyo. En lugar de tomar nota y aprender de los comentarios y de la conversación constructiva generada vienes tú a decir de lo que tienen que hablar los demás.