Un estudio, en el que ha participado la UAH, detecta microplásticos en el compost

El grupo de Investigación de la UAH 'Ingeniería Química y Ambiental', liderado por el profesor Roberto Rosal, en colaboración con el grupo de la profesora Francisca Fernández-Piñas de la Universidad Autónoma de Madrid, ha encontrado microplásticos en el producto de plantas de compostaje que se emplea como fertilizante natural en suelos agrícolas.

Infografía remitida por la Universidad de Alcalá
  • Los plásticos son materiales artificiales muy persistentes, cuyo efecto en la naturaleza todavía no está claro.

«Los plásticos contienen numerosos aditivos que se liberan también al medio tales como plastificantes, antioxidantes, colorantes o retardantes de llama. Finalmente, cuando el tamaño de los fragmentos se hace menor de una micra (una milésima de milímetro o el tamaño típico de una bacteria) se denominan nanoplásticos, que son ya sustancias capaces de atravesar los epitelios respiratorios o intestinales e incluso penetrar en las células de los tejidos», asegura el profesor Roberto Rosal.

¿Cómo han determinado la presencia de microplásticos en el compost?

Hemos determinado el contenido en plásticos de la fracción compostable de residuos orgánicos procedentes de recogida selectiva en varias plantas de distintas localidades de Cataluña. Para ello, hemos contado con la ayuda de la Agencia de Residuos de Cataluña que nos ha facilitado la selección de las plantas y la logística de las muestras, que se tomaron mensualmente durante un período de cinco meses.

Las plantas utilizan distintas tecnologías y sistemas de recogida que van desde el contenedor a pie de calle a la recogida puerta a puerta en bolsas compostables. Todas las muestras se trataron en laboratorio para eliminar la materia orgánica y se filtraron para aislar todas las partículas mayores de 25 micras que se identificaron químicamente mediante espectroscopía infrarroja.

 ¿Qué tipo de microplásticos han encontrado y de qué tamaño?

En total separamos más de diez mil partículas entre las que se identificaron casi 1400 plásticos. Predominaron la fibras y filamentos (47 %) seguido de fragmentos irregulares (31%) y films (22%). Encontramos sobre todo los polímeros de mayor uso. El más abundante fue el polietileno, sobre todo en forma de films, aunque también encontramos gran cantidad de fragmentos de poliestireno y fibras de poliéster y acrílicas, así como propileno y cloruro de polivinilo. Estos seis materiales constituyeron más del 96% del total de los plásticos y su abundancia corresponde a su uso en bolsas, envases de alimentos y diversos objetos de uso habitual. La concentración de los restos de estos materiales fue de 10-30 partículas por gramo de compost seco de los que dos tercios aproximadamente correspondieron al rango de tamaño de los microplásticos (menos de 5 mm en su dimensión mayor) siendo el resto plásticos mayores, aunque prácticamente todos menores de 20 milímetros.

 ¿Cómo de perjudicial puede ser para los animales, vegetales y para los humanos?

Los plásticos son materiales artificiales muy persistentes, cuyo efecto en la naturaleza todavía no está claro. Lo que sí se sabe es que una vez que se dispersan en el medio permanecen en él mucho tiempo, aunque no son totalmente inertes. Al quedar expuestos a la radiación solar y al oxígeno atmosférico se fragmentan dando lugar a plásticos cada vez más pequeños. En este proceso se vuelven más móviles, pueden transportar contaminantes presentes en el medio debido a su carácter apolar y pueden servir de sustrato para diversos microorganismos (incluyendo patógenos) que de esta forma pueden viajar adheridos a los mismos.

Además, los plásticos contienen numerosos aditivos que se liberan también al medio tales como plastificantes, antioxidantes, colorantes o retardantes de llama. Finalmente, cuando el tamaño de los fragmentos se hace menor de una micra (una milésima de milímetro o el tamaño típico de una bacteria) se denominan nanoplásticos, que son ya sustancias capaces de atravesar los epitelios respiratorios o intestinales e incluso penetrar en las células de los tejidos.

Si bien los efectos agudos que se han descrito se producen a concentraciones muy superiores a las ambientales, los efectos crónicos y a largo plazo, así como su propagación en las redes tróficas son esencialmente desconocidos. Lógicamente los humanos estamos expuestos a estos contaminantes además de ser los responsables de su emisión.

 ¿Cómo ayuda el uso de un contenedor solo de residuos orgánicos para evitarlos? ¿qué otras acciones pueden llevarse a cabo para evitar estos microplásticos en el abono?

Nuestro estudio se realizó en todos los casos con residuos orgánicos procedentes de recogida separada. Sin embargo, la calidad del material de partida fue distinta como demuestran los porcentajes de rechazo en planta, que oscilaron entre el 14% y menos del 2%. La mejor calidad correspondió a plantas que solo utilizan la recogida puerta a puerta en bosas compostables, pero aun en este caso, la concentración de restos plásticos fue de alrededor de 10 partículas por gramo de compost seco. Esto es solo un tercio de las plantas que procesan preferentemente restos procedentes de contenedores a pie de calle; pero sigue siendo un valor alto. Incluso esa concentración supone que una planta que produzca 1000 toneladas de compost al año diseminaría en campo y en ese tiempo unos diez mil millones de fragmentos plásticos (sin contar los menores de 25 micras). El volumen de residuos orgánicos susceptibles de compostaje es enorme. Actualmente, los residuos orgánicos representan casi la mitad del total de los residuos sólidos urbanos y su recogida separada es una exigencia de la Directiva de Residuos de la Unión Europea que debe de implantarse en su totalidad antes del 31 de diciembre de 2023. Lo que hemos aprendido con este trabajo es que, incluso siendo cuidadosos en la separación de residuos orgánicos, la cantidad de plástico que pasa al compost y de ahí al medio ambiente es inasumible.

Queda mucho trabajo por hacer en cuanto a educación al consumidor y en el diseño de envases y otros materiales plásticos fáciles de separar y reciclar, así como en el reciclaje de plástico no perteneciente a envases, que actualmente va a vertedero. Una buena noticia es que no encontramos ningún resto de bioplásticos en el compost. Tenemos constancia de que llegan a las plantas que hemos estudiado, pero en las condiciones en las que trabajan son totalmente compostables.

Referencia: Carlos Edo, Francisca Fernández-Piñas, Roberto Rosal (2021). Microplastics identification and quantification in the composted Organic Fraction of Municipal Solid Waste – ScienceDirect https://doi.org/10.1016/j.scitotenv.2021.151902

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