Elecciones y Ley de Hont | Por Santiago López Legarda

"Es injusto y muy poco riguroso que los portavoces de los partidos políticos perjudicados y la opinión pública culpen al método propuesto por el jurista belga cuando la representación obtenida no se corresponde con el porcentaje total de votos a escala nacional. En términos no de bloques, sino de cada fuerza por su lado, Ciudadanos no puede quejarse del trato recibido – pese a las palabras de Arrimadas en la noche electoral – porque ha conseguido el 26,67% de los escaños con el 25,37% de los votos".

AFP PHOTO Josep LAGO

 

  • Santiago López Legarda es un periodista alcalaino que ha ejercido en diferentes medios nacionales.

El hombre que está en boca de casi todo el mundo cuando se trata de explicar un fracaso electoral, fue un jurista belga nacido en Gante que ideó un método matemático para la asignación de escaños entre los diferentes partidos que concurren en una elección. Es un método sencillo e ingenioso, que ha tenido una extraordinaria aceptación, ya que se aplica en muchos países, que nunca perjudica a los partidos grandes y en muchas ocasiones perjudica a los pequeños. Pero hay que aclarar que este daño a los pequeños no se debe a la naturaleza intrínseca del método ideado por sino al tamaño de las circunscripciones.

En términos electorales, el tamaño de una circunscripción no se mide en hectáreas o kilómetros cuadrados, sino por el número total de electores y representantes que deben ser elegidos. Por ejemplo, la Constitución española de 1978 establece en su artículo 68 que, para la elección del Congreso y el Senado, la circunscripción es la provincia. Este precepto constitucional determina que sólo haya dos circunscripciones que podríamos considerar grandes ( Madrid y Barcelona), algunas medianas ( como Valencia y Sevilla) y muchas pequeñas (casi todas las demás.) En las circunscripciones grandes, el sistema D’Hondt produce unos efectos de proporcionalidad pura, mientras que en las pequeñas refuerza la tendencia a que los partidos menos votados se queden sin representación.

Pero es injusto y muy poco riguroso que los portavoces de los partidos políticos perjudicados y la opinión pública culpen al método propuesto por el jurista belga cuando la representación obtenida no se corresponde con el porcentaje total de votos a escala nacional. En su día el PCE, luego Izquierda Unida y más recientemente Ciudadanos han atribuido la escasa correlación entre los votos y escaños que conseguían al sistema D’Hondt sin reparar en que el problema no es  ese método matemático, sino el tamaño de las circunscripciones y el número de diputados que se eligen en cada una de ellas.

En la propia noche electoral del 21-D, la triunfadora Inés Arrimadas habló de una “ley injusta” para  justificar la mayoría absoluta que acababan de obtener las fuerzas políticas soberanistas, aunque yo creo que la líder catalana estaba pensando no tanto en el sistema D’Hondt cuanto en la representación reforzada de las provincias de Lérida, Tarragona y Gerona  en el Parlament de Cataluña. En efecto, a Lérida le corresponde elegir un diputado por cada 20.000 electores, mientras que Barcelona elige uno por cada 47.000. En situación intermedia están Tarragona ( uno por cada 30.500) y Gerona (uno por cada 29.000.)

Esta distribución territorial de los 135 diputados del Parlament  favorece a los soberanistas, aunque no de forma escandalosa. Junts per Catalunya, Esquerra Republicana y la CUP obtuvieron conjuntamente un 47,5% de los votos, mientras que su representación parlamentaria supone el 51,85%. Las fuerzas políticas del bloque constitucionalista obtuvieron el 43,50% pero su representación sólo llega al 42,22%. Con un sistema de circunscripción única ( como el que se emplea para elegir a nuestros representantes en el Parlamento Europeo) los independentistas se habrían quedado en 65 diputados, mientras que los constitucionalistas habrían subido hasta los 59. En este caso, sí que habrían sido decisivos los 11 diputados que habría obtenido Cataluña en Común-Podem. Seguirían dándose, no obstante, las condiciones para un Ejecutivo de los soberanistas, porque, para ser sincero, no veo al partido de Ada Colau apoyando a un Gobierno catalán que contara también con el apoyo del PP.

En términos no de bloques, sino de cada fuerza por su lado, Ciudadanos no puede quejarse del trato recibido – pese a las palabras de Arrimadas en la noche electoral – porque ha conseguido el 26,67% de los escaños con el 25,37% de los votos. Y quien sí tenía motivos para sonreír con euforia, como mostraban las portadas de los periódicos al día siguiente, es el fugado Puigdemon, puesto que su candidatura consigue el 25,18% de los escaños, pese a que sólo consiguió el 21,65% de los votos, cuatro puntitos más. Y los más perjudicados, como no podía ser de otra manera, los más pequeños, el PP y la CUP, por este orden. Claro que al partido del señor Rajoy, tal y como se habían desarrollado los acontecimientos, en la jornada del 21-D no lo salvaba del derrumbe ni el sistema D’Hondt, ni el sistema de restos mayores ni la proporcionalidad pura ni la caridad.

Dicho todo lo anterior, hay que señalar que los sistemas que respetan a rajatabla el principio “un hombre un voto”, suelen producir parlamentos muy fragmentados, en los cuales es  difícil la gobernabilidad y en los que aparecen minorías que obtienen grandes concesiones a cambio de sus disputados votos. Lo mejor es enemigo de lo bueno, como predica la sabiduría popular. Y en Cataluña la traducción a escaños de los porcentajes obtenidos ha sido bastante buena en términos matemáticos, aunque a muchos nos habría gustado que fuera otra.

* Este mismo viernes se conocía que Rajoy convocará la sesión constitutiva del Parlament para el 17 de enero

 

Santiago López Legarda fue periodista de Radio Nacional de España

 

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