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La autora denuncia una supuesta degradación institucional y social, atribuyéndola al actual Gobierno y a quienes, según sostiene, lo sostienen.
Alguien dijo hace tiempo que lo peor estaba por llegar, que no sabíamos de lo que es capaz Sánchez de la mano del PSOE y viceversa. Y en ello estamos sin ver el final. Que cuando ese partido, secta o banda se ve a punto de perder el poder, monta «un pollo» de grandes dimensiones y consecuencias. O lo monta alguien de fuera en su favor, una mano externa y misteriosa que aparece en el momento oportuno. En esta ocasión, a un año de la fecha obligatoria legal de elecciones (si por Sánchez fuera, no las habría, pero a eso no alcanza) el estropicio es de dimensiones incalculables.
Si Dios no lo remedia, pues los españoles que no lo deseamos (hay muchos que incomprensiblemente lo desean ciegamente) estamos a los pies de los caballos, inermes, atados de pies y manos en virtud de un sistema perverso utilizado por un sátrapa a su conveniencia.
Y los resortes del sistema que se le resisten, se los ha saltado a la torera o los ha manipulado previamente. Es lo que tiene la amoralidad, el desahogo y la ambición enfermiza de poder. Sin olvidar la soga de la Justicia que se va apretando a su cuello día a día, de la que escapar a la desesperada. Y ya sabemos que un delincuente perseguido es capaz de todo por librarse del banquillo y de la celda.
El censo. Está vez es el censo de votantes, que no de españoles, el experimento que se está perpetrando delante de nuestros ojos, a sangre fría sin poderlo evitar. Indefensos, acostumbrados a lo largo de años de burla y menosprecio, de latrocinio y sometimiento a cosas nunca vistas y sufridas en generaciones, creíamos que no se podía llegar a más humillación. Pero el PSOE, fiel a sí mismo y a su historia, nos somete a otra vuelta de tuerca. Incruenta por el momento, digamos que cruenta de baja o progresiva intensidad, pues, crueldades nunca vistas ya las estamos sufriendo en los últimos años y lo que nos queda.
A la inmigración/invasión masiva diseñada para el trabajo esclavo y para remplazar a la población autóctona, se une, por obra y gracia de leyes socialistas manipuladas y retorcidas de urgencia, la avalancha de descendientes diversos y desconocidos de cualquier parte del mundo, a los que tampoco se les exige requisitos mínimos de origen, salud, buena conducta, etc. Varios millones de votantes de Sánchez, que al más puro estilo chavista, no conforme con apropiarse de las instituciones del estado, no seguro de la desprestigiada Indra, se apropia él mismo del censo electoral por medio de la desnaturalización de la población española. La población de los nacidos aquí, la que trabaja y cotiza, y los que a base de esfuerzo y dificultades llevan años entre nosotros, asimilados y naturalizados españoles por derecho.
Ahora que tanto se habla y se defiende a los pueblos originarios —como estamos aguantando últimamente en boca de los corruptos criollos hispanos, en el poder de sus respectivas naciones (capítulo aparte)— el nuestro, el español, está siendo demolido en el altar del dios de la corrupción y de la avaricia, sin contar otros vicios adjuntos al poder omnímodo, bajo el que estamos en los últimos años. El teocalli de España. La evisceración cardíaca en vivo, lo más íntimo de nuestra identidad, lo adquirido en herencia natural e histórica de milenios, lo financiado con nuestros impuestos, todo sacrificado en la pirámide diabólica. Lo mejor de los cuerpos, el músculo, servía para festín de los cortesanos, los desechos para la plebe. Pura metáfora.
Pero voy al título de este texto. Todo este horror no sería posible sin la fidelidad ovina y bobina de los ejércitos —son ya ejércitos a base de empleo público desmesurado, de prebendas y corruptelas— de millones de fieles ejecutores de la voluntad desenfrenada del One, del X, del p..t.. amo, de P.S., del sumo sacerdote. Un personaje caracterizado por la falta de escrúpulos, de moral, de lealtad y empatía, méritos con los que ha llegado a lo alto de la pirámide.
Esos sicarios, forzados (comprados) o voluntarios o ambas cosas, véase funcionarios de varios tipos, enchufados, amiguetes, chiringuitos diversos, periodistas sincronizados y demás colaboradores del desastre, conductores del camino a la perdición, serán tan víctimas como la plebe expoliada, si no más, de la hecatombe a la que nos asomamos muy peligrosamente por la soberbia de un autócrata y de un partido acostumbrado a coger el poder por el medio que sea. El que sea.
Las opiniones publicadas reflejan la voz de sus autores en el marco del debate plural que ALCALÁ HOY promueve y no tienen por qué coincidir con la línea editorial del medio.

















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Excelente artículo!!!
Cuántos bulos, falsedades y despropósitos dice está señora.
Me gustaría saber de qué «estropicio de incalculables dimensiones» habla esta señora, cuando estamos en números record de afiliados a la seguridad social, cuando el SMI que cobran muchísimas personas es bastante superior que que teníamos con su PPartido y ya que estamos en fechas, uno puede querer y acostarse con quien le dé la real gana…..¿Ese es el estropicio?
Le recuerdo que el «pollo» no lo monta el gobierno cuando (según usted) pueda perder el poder….. Ese «pollo» lo llevan montando usted y los de su «secta’ (como usted dice) desde que ese poder lo perdieron.
Lávese la boca antes de hablar de inmigrantes, porque le aseguro que muchos de ellos tienen más educación que usted.
Esa fidelidad ovina y bobina de la que usted habla es la misma que yo veo en los de su «calaña’, que no ven más allá de sus propios intereses.