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Alcalá homenajea a 45 docentes jubilados en un emotivo acto celebrado en el Teatro Salón Cervantes.
- Fotos del ayuntamiento
Hay aplausos que suenan distinto. Más largos, más cálidos, más humanos. Aplausos que no celebran una victoria deportiva ni el anuncio de una gran inversión, sino algo mucho más silencioso y profundo: toda una vida dedicada a enseñar. El Teatro Salón Cervantes acogió este miércoles uno de esos actos que quizá no llenen titulares nacionales, pero que explican mejor que muchos discursos cómo se construye una ciudad. Alcalá de Henares rindió homenaje a los 45 docentes y directores de colegios e institutos que se jubilan durante el curso 2025-2026. Y lo hizo con emoción, con gratitud y también con cierta conciencia colectiva de deuda moral.
Porque detrás de cada profesor jubilado hay generaciones enteras de alcalaínos. Hay cuadernos corregidos de madrugada, excursiones escolares bajo la lluvia, tutorías complicadas, recreos vigilados, primeras lecturas, conflictos resueltos con paciencia infinita y adolescentes que, sin saberlo entonces, encontraron en un aula a alguien que les cambió la vida.
El acto, organizado por la Concejalía de Educación, reunió en el Teatro Salón Cervantes a familiares, compañeros, directores de centros y representantes institucionales en una ceremonia que, lejos del protocolo frío, tuvo aroma de despedida compartida. Presidieron el homenaje la alcaldesa Judith Piquet, la concejala de Educación Lola López Bautista y el director del Área Territorial Madrid Este, Marcos Rafael Moreno Sánchez, acompañados por miembros de la Corporación municipal y numerosos responsables educativos de la ciudad.
Pero los verdaderos protagonistas fueron ellos: los docentes que apagan la luz del aula por última vez tras décadas de servicio público. Profesores de Infantil, Primaria, Secundaria y Formación Profesional. Directores que pilotaron centros durante años. Educadores que han visto cambiar leyes educativas, generaciones, tecnologías y formas de enseñar, mientras ellos seguían ahí, cada septiembre, abriendo puertas y preparando clases.
Un libro lleno de memoria y pequeñas historias
Uno de los momentos más especiales volvió a ser la entrega del tradicional libro conmemorativo elaborado por los propios homenajeados. Treinta y cuatro de ellos participaron en esta edición compartiendo recuerdos, anécdotas y reflexiones acumuladas durante toda una vida entre pizarras, claustros y patios escolares.
Ese volumen colectivo, más emocional que institucional, se ha convertido ya en una pequeña cápsula de memoria educativa alcalaína. Un mosaico de experiencias donde caben desde el nerviosismo del primer día de clase hasta las despedidas inevitables de fin de curso; desde las dificultades de ciertas épocas hasta las satisfacciones íntimas que nunca aparecen en los boletines oficiales.
Durante el acto leyeron los prólogos de la publicación Alicia Weber Aviña, directora del CEIP Ciudad del Aire, y Ana Morán Sastre, jefa de Estudios del IES Antonio Machado, acompañadas por alumnos de sus respectivos centros. Un detalle simbólico que resumía perfectamente el espíritu de la jornada: quienes enseñaron durante décadas cedían ahora el testigo a nuevas generaciones.
La música también tuvo su espacio gracias a la actuación del coro del Colegio Ana Pellegrini, dirigido por Juan Francisco Fernández, que aportó al homenaje ese tono entre solemne y entrañable que solo consiguen los actos vinculados a la educación pública cuando se celebran desde la autenticidad.
“Sembrar convivencia y futuro”
La concejala de Educación, Lola López Bautista, puso el acento en el valor humano del trabajo docente y en la importancia de los testimonios recogidos en el libro colectivo.
“Nos ayudan a apreciar la importancia que tiene para el desarrollo personal y social el vínculo entre docentes y alumnos, entre los que enseñan y los que aprenden”, afirmó la edil, subrayando después “la generosidad, la infinita paciencia y la ilusión” con la que tantos profesores se consagran durante años a la formación de niños y jóvenes.
No fue un discurso administrativo ni automático. En realidad, buena parte del acto giró precisamente en torno a esa idea cada vez más reivindicada socialmente: que enseñar no consiste únicamente en transmitir conocimientos, sino también en acompañar, orientar y sostener emocionalmente a generaciones enteras.
La alcaldesa Judith Piquet profundizó en esa misma línea al reivindicar el papel esencial de los docentes “para sembrar convivencia y futuro”. Una frase que resumía el espíritu de toda la ceremonia.
“En cualquier comunidad la figura de los maestros y profesores es indispensable no solo para la formación de nuestros niños y jóvenes, sino también para sembrar convivencia y futuro”, señaló la regidora, que quiso además vincular esa función educativa con la propia identidad histórica de Alcalá de Henares.
Alcalá, una ciudad que se mira en sus aulas
No era casualidad que el homenaje se celebrara precisamente en una ciudad como Alcalá. Aquí, donde la Universidad Cisneriana lleva siglos proyectando conocimiento, la educación forma parte casi del ADN urbano. Y eso estuvo muy presente en las palabras institucionales.
“Esta función resulta aún más esencial en una ciudad como la nuestra, de tanta tradición en el mundo del saber, de la enseñanza y de la cultura”, destacó Piquet.
La alcaldesa recordó además la dimensión educativa de una ciudad que cuenta con más de 70 centros de enseñanza no universitaria y cerca de 30.000 estudiantes entre escuelas infantiles, colegios, institutos y centros de Formación Profesional. Una pequeña ciudad dentro de la ciudad. Un ecosistema educativo gigantesco que funciona cada día gracias a miles de profesionales muchas veces invisibles fuera de las aulas.
“En nuestra Alcalá Patrimonio de la Humanidad sentimos que debemos tratar de destacar y de brillar a partir de nuestro amor por el conocimiento, por el pensamiento crítico, por la sensibilidad y por el sentido cívico”, añadió la regidora en uno de los pasajes más celebrados de su intervención.
Y quizá ahí estuvo el verdadero fondo político —en el mejor sentido de la palabra— de este homenaje: recordar que las ciudades no se construyen solo con obras, inversiones o titulares, sino también con maestros.
Porque mientras el ruido cotidiano acelera, las redes sociales devoran atención y las polémicas duran apenas unas horas, hay profesiones cuyo impacto solo se entiende con el paso del tiempo. Un docente rara vez ve el resultado completo de su trabajo. A veces lo descubre décadas después, cuando un antiguo alumno lo detiene por la calle para darle las gracias.
El aplauso más difícil de medir
Al final del acto llegaron los diplomas, las fotografías, los abrazos y las inevitables emociones contenidas. Algunos homenajeados sonreían con alivio; otros, con una nostalgia imposible de disimular. Porque jubilarse de la enseñanza no es exactamente dejar un empleo: es abandonar una forma de vida.
Y mientras el Teatro Salón Cervantes se iba vaciando lentamente, quedaba flotando una sensación curiosa. La de que, en tiempos donde casi todo parece medirse en cifras, impactos y algoritmos, aún existen trabajos cuyo valor sigue siendo imposible de cuantificar.
Los profesores que este curso se jubilan en Alcalá dejan las aulas. Pero permanecerán, de una forma u otra, en miles de biografías anónimas repartidas por la ciudad. Ahí, precisamente ahí, es donde sobreviven los verdaderos maestros.
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