El hilo invisible de la paciencia: Alcalá vuelve a rendirse al arte del bolillo

La lluvia obligó a trasladar al colegio Daoíz y Velarde el IX Encuentro de Encajeras de Bolillo de Alcalá de Henares, que reunió a cerca de 300 participantes llegadas de distintos puntos de España. La alcaldesa Judith Piquet, visitó una cita marcada por el ambiente artesanal y tradicional, aunque algunos asistentes criticaron la escasa información sobre el cambio de ubicación y el cierre anticipado de la actividad.

Foto de Pedro Enrique Andarelli
  • El encuentro reunió a 300 encajeras, aunque hubo críticas por el traslado improvisado y la finalización anticipada de la jornada prevista.
  • Crónica gráfica de Pedro Enrique Andarelli para ALCALÁ HOY

El sonido seco y acompasado de los bolillos volvió a escucharse este sábado en Alcalá de Henares. No fue finalmente bajo los soportales ni en el corazón abierto de la plaza de Cervantes, como estaba previsto inicialmente, sino en el interior del colegio Daoíz y Velarde, convertido durante unas horas en improvisado refugio para uno de esos encuentros donde la tradición se abre paso con una mezcla de paciencia, memoria y conversación pausada.

La lluvia obligó a cambiar los planes, pero no consiguió deshilachar el espíritu del IX Encuentro de Encajeras de Bolillo, organizado por la Asociación de Mujeres Vía Complutense junto a la Concejalía de Igualdad. Cerca de 300 encajeras llegadas desde distintos puntos de España desplegaron sus almohadillas, hilos y patrones para reivindicar un oficio artesanal que sobrevive precisamente gracias a la constancia de quienes siguen transmitiéndolo generación tras generación.

La alcaldesa, Judith Piquet Flores, visitó el encuentro acompañada por los concejales Santiago Alonso y Esther De Andrés Domínguez, recorriendo las distintas mesas donde las participantes trabajaban en directo ante la curiosidad de visitantes y familiares.

Porque el bolillo tiene algo hipnótico. Quizá sea la velocidad de las manos. Quizá el modo en que decenas de hilos aparentemente caóticos terminan convirtiéndose en dibujos geométricos casi imposibles. O quizá esa extraña mezcla entre artesanía doméstica y patrimonio cultural que hace que cada encuentro parezca también una pequeña resistencia frente a la prisa contemporánea.


Un oficio que sigue tejiendo comunidad

Durante toda la mañana, las encajeras realizaron demostraciones abiertas al público, compartiendo técnicas, explicando diseños y enseñando piezas que en muchos casos requieren semanas,o meses, de elaboración. Entre mantelerías, abanicos, puntillas y composiciones decorativas, el gimnasio del colegio terminó transformándose en una gran exposición viva donde el trabajo manual era el verdadero protagonista.

La jornada estuvo además amenizada por la música tradicional de la Ronda del Henares y la Rondalla del Centro de Mayores Gil de Andrade, aportando un ambiente casi castizo a una cita que, más allá de lo puramente artesanal, funciona también como espacio de convivencia y encuentro social.

No faltaron las fotografías, las conversaciones entre participantes veteranas ni las inevitables comparaciones de patrones y técnicas entre escuelas llegadas desde distintos municipios. Muchas asistentes repetían presencia un año más, convertidas ya en habituales de una cita que se ha consolidado dentro del calendario cultural y asociativo complutense.

En tiempos dominados por pantallas táctiles y algoritmos, el encaje de bolillos sigue reivindicando algo tan aparentemente sencillo, y tan revolucionario,  como sentarse durante horas a crear belleza con las manos.


Las críticas por el cambio de ubicación empañan la jornada

Sin embargo, no todo fueron elogios durante la mañana. El cambio de ubicación debido a las lluvias generó malestar entre algunos asistentes, especialmente entre personas llegadas desde fuera de Alcalá que acudieron inicialmente a la plaza de Cervantes siguiendo la información difundida en carteles y anuncios previos.

Algunas de las críticas también apuntaron a la finalización anticipada de la actividad. Según relataban asistentes en comentarios posteriores, varias personas llegaron al colegio alrededor de las 13:00 horas y se encontraron con parte del encuentro ya desmontado o en proceso de cierre, pese a que el horario inicialmente anunciado se extendía hasta las 14:00 horas.

La incidencia dejó cierto sabor agridulce entre quienes esperaban disfrutar con más calma de la exposición y las demostraciones, especialmente visitantes desplazados desde otros municipios. Una situación comprensible teniendo en cuenta las dificultades logísticas derivadas de las previsiones meteorológicas, aunque probablemente mejorable en cuanto a la comunicación de última hora.

Aun así, el encuentro consiguió salvar una edición marcada por el tiempo inestable y mantener vivo un evento que ya forma parte de la pequeña tradición cultural alcalaína. Porque mientras haya manos capaces de entrecruzar hilos con paciencia infinita, el arte del bolillo seguirá encontrando un lugar donde resistir.

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