El Domingo de Ramos en Alcalá de Henares volvió a desplegar su doble escena: la alegría abierta de la mañana con La Borriquita y la sobriedad creciente de la tarde con la Hermandad de Jesús Despojado de sus Vestiduras, María Santísima de la Paz y Esperanza y San Juan Evangelista. Una jornada completa en lo litúrgico y en lo ciudadano, marcada además por una climatología exigente que acompañó, y por momentos condicionó, el desarrollo de la procesión.
La tarde fue soleada, pero el viento, constante e incómodo, con alerta amarilla incluida del 112, se dejó notar desde la salida. Las rachas movieron capas, velas y estandartes, obligando a extremar la atención en algunos tramos. A ello se sumó el descenso de temperaturas conforme avanzaba la tarde, sin llegar a comprometer en ningún momento el desarrollo de la estación de penitencia.
Pese a ello, la respuesta del público fue notable. Cientos de personas en la salida y miles a lo largo del recorrido acompañaron a una hermandad que sigue creciendo en presencia y consolidación dentro de la Semana Santa complutense.
Salida desde la Magistral y acompañamiento institucional
A las 16:00 horas, con puntualidad, se abrían las puertas de la Santa e Insigne Catedral Magistral para iniciar la estación de penitencia. El paso de Jesús Despojado de sus Vestiduras comenzó a avanzar entre los primeros aplausos, en un ambiente condicionado por el viento pero sin perder el tono solemne propio de la jornada.
En el interior del templo se encontraban la cuarta teniente de alcaldesa Cristina Alcañiz, el concejal de Fiestas Populares Antonio Saldaña y la edil de Educación Dolores López. A la salida se sumaron Antonio Peñalver y los concejales socialistas María Aranguren, Enrique Nogués y Patricia Sánchez. Ya en el recorrido se incorporaría también el edil de Consumo Víctor Cobo, junto al presidente de la Junta de Cofradías Penitenciales, Gregorio Manzanares.
La procesión contó además con la presencia del obispo complutense, Antonio Prieto Lucena, en distintos tramos del recorrido, desde la salida hasta su paso por la fachada de la Universidad. La salida, uno de los momentos siempre más esperados, transcurrió con orden y sin incidencias, en una plaza de los Santos Niños con buena afluencia de público pese a las condiciones meteorológicas.
Recorrido por el casco histórico con cambios de itinerario
El itinerario volvió a apostar por el casco histórico como eje principal, con algunas variaciones respecto a años anteriores. Desde Tercia y Santa Catalina, con el saludo al convento de Nuestra Señora de la Esperanza, la procesión avanzó hacia zonas de especial interés visual y patrimonial.
El paso por el callejón de Santa María volvió a ser uno de los puntos más técnicos del recorrido, obligando a una maniobra precisa para sortear los bolardos de piedra en un espacio reducido. La posterior salida a la plaza de San Diego, con la fachada de la Universidad de Alcalá como fondo, ofreció una de las imágenes más reconocibles de la jornada.
El recorrido continuó por Bustamante de la Cámara hacia la plaza de la Universidad, para seguir por Bedel, Tinte y Santiago, donde tuvo lugar el saludo al convento de San Juan de la Penitencia, actual sede canónica de la hermandad.
Ya en la segunda parte del itinerario, el paso por la calle Mayor concentró a numerosos espectadores, con la tradicional parada en el Hospitalillo de Antezana antes de continuar hacia el convento de las Carmelitas Descalzas. En todo momento, la procesión mantuvo un ritmo constante, cumpliendo con los tiempos previstos y sin incidencias reseñables, algo especialmente destacable en recorridos de esta duración.
Juventud, organización y una hermandad en crecimiento
Uno de los aspectos más destacados volvió a ser la participación de las cuadrillas de costaleros. Más de un centenar, en su mayoría jóvenes, sostuvieron los dos pasos durante todo el recorrido, dirigidos por Alejandro Reyes en el paso de misterio y por José Luis Amaro en el paso de palio.
Reunir una cuadrilla de estas dimensiones para una procesión de más de seis horas no es un detalle menor. Requiere preparación física, técnica y también un compromiso sostenido en el tiempo que no siempre es fácil de encontrar. En ese sentido, la Hermandad del Despojado vuelve a marcar perfil propio dentro de la Semana Santa complutense.
Porque, siendo una de las cofradías más jóvenes de la ciudad, ha sabido afrontar ese examen que cada Domingo de Ramos plantea la calle: demostrar que se pueden hacer las cosas con el mismo nivel que las hermandades más consolidadas. Y este año lo ha hecho desde la seriedad, el orden y una ejecución sin estridencias.
Ese “manto de la seriedad y la exquisitez” que ha ido tejiendo en los últimos años se percibe ya con claridad en cada tramo del recorrido. No hay improvisación visible, no hay desajustes relevantes, y sí una línea de trabajo coherente que apunta a crecimiento sostenido. Además, en un contexto donde varias cofradías alertan de la falta de relevo generacional, el Despojado ofrece una imagen distinta: juventud, implicación y continuidad.
También el acompañamiento musical mantuvo el nivel de años anteriores. La Agrupación Musical Nuestra Señora del Rosario de Crevillente acompañó al Cristo, mientras que la Banda de Música de Pozoblanco hizo lo propio con el paso de palio de María Santísima de la Paz y Esperanza.
La entrada en la Catedral Magistral se produjo conforme al horario previsto. En torno a las 22:30 horas lo hacía el Cristo, mientras que la Virgen completaba el recorrido aproximadamente media hora después.
En conjunto, la Hermandad de Jesús Despojado de sus Vestiduras volvió a ofrecer una procesión ordenada, medida y bien ejecutada, consolidando su presencia en el Domingo de Ramos alcalaíno pese a una tarde marcada por el viento y el frío.























