IDA; La diva que aupó a Pecas | Por Pedro Gumiel y Gil de Ontañón

Pedro Gumiel y Gil de Ontañón, articulista de ultratumba y pluma afilada, regresa desde el más allá para despachar, con tinta decantada en sarcasmo, su particular exégesis de Isabel Díaz Ayuso y la corte liberal que la aupara. En modo ghosting . sin cuerpo presente pero con verbo encarnado, el autor presta su firma ectoplásmica a una tribuna donde sátira y política se entrelazan con irreverencia ilustrada u oscura, Es lo que tiene el más allá.

Fotocomposiciión IA de Pedro Enrique Andarelli
  • Nuestro colaborador póstumo Pedro Gumiel y Gil de Ontañón disecciona, desde el más allá, el ascenso y poder de Isabel Díaz Ayuso.
¿Se encuentra la humanidad en tan deplorable estado que debemos andar con pies de plomo para no tropezar a diario con la estulticia? La respuesta es sí. Basta mirar alrededor: existe un grupo desorganizado, sin estatutos ni sede social, que actúa con precisión coral siguiendo una misteriosa mano invisible empeñada en sabotear el bienestar común.

La realidad ha superado a la sátira. La llegada al poder de inmorales de primera calidad convierte en espejo plano cualquier caricatura. Piense el lector en Donald Trump, Giorgia Meloni, Santiago Abascal, Isabel Díaz Ayuso o, mejor aún, añada usted su favorito. La banalidad propia del personal citado hace que su actitud sea lúdica y sus acciones, burlescas. La novedad es que el poder es una sátira del poder practicada desde el poder, cuando lo propio de la sátira es que se haga contra el poder desde fuera del poder.

En 2019 declaró en una entrevista en Antena 3: «Perdí la fe a los nueve años, pero comparto los valores cristianos». Es decir, dejó de creer en Espinete y en Bob Esponja, pero no en Torquemada, Calvino, Andreotti y la Logia P2. Isabel Natividad Díaz Ayuso (IDA) nació un 17 de octubre —el día que sus colegas en valores conmemoran a San Dulcidio de Agen— de 1978, el año en que unos devotos cristianos pusieron punto final al pontificado de 33 días de Juan Pablo I por el expeditivo método (dicen los malpensados) de darle pasaporte para la eternidad a su titular.

Infausta y memorable fecha la del 17 de octubre de 1978, pues ese mismo día, y no otro, las maternidades de Madrid vieron aparecer por donde suelen aparecer los bebés a dos criaturas que darían que hablar: Pablo Iglesias Turrión y nuestra IDA. Ambos, por motivos diferentes, se convirtieron en estrellas rutilantes de la política española.

Mientras Iglesias se ha reconvertido en tabernero para poder pagar en comandita eurodiputada la hipoteca de Galapagar, atea a los nueve años, militante genovesa a los veintisiete y community manager del chucho de Esperanza Aguirre a los veintiocho, IDA ha tenido una carrera fulgurante y más duradera que la de su coetáneo, quien fuera efímero vicepresidente del Gobierno durante poco más de un año.

Su padre, el de doña Isabel, no el de don Pablo, se dedicaba al comercio de artículos médicos; fundó siete empresas y como herencia, dejó la pensión de su mujer embargada. Probablemente marcada por quién sabe qué designio divino, la vocación sanitaria del entorno de IDA también alcanza al novio actual (de apellido calé y de origen etimológico predestinado: amator, «amante»), al exnovio peluquero, a su hermano Tomasín, a Juan Carlos Herrero Casasola, socio de su madre en cuatro sociedades mercantiles según el Registro Mercantil, y a un amigo de la infancia, Daniel Alcázar, del que ignoramos si guarda alguna relación con el conocido compañero de Pedrín, todos ellos dedicados al lucrativo negocio de las mascarillas, el cual, gracias a la virología moderna, ha dejado de llenar unos bolsillos cebados a base de ordeñar los de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid.

IDA se licenció en Periodismo por la Complutense y cursó el “máster” en Comunicación Política y Protocolo, y como algunos tocapelotas califican este “máster” de “parodia de cursillo”, ella recurrió a los tribunales para no dar a conocer sus notas universitarias ni su envidiable currículum académico. A pesar de eso, fue nombrada ‘Alumni Ilustre’ en la Complutense, que, en su caso, equivaldría a la Orden de San Sebastián que otorgó el Vaticano a la Fundación Corleone en El Padrino III, una cofradía similar a la Fundación Amigos de las Mascarillas, una tropilla tan querida a doña IDA como cara a la Comunidad de Madid. Tras su paso por la universidad resulta fascinante comprobar que el título no garantiza síntomas de inteligencia visibles a simple vista.

IDA se afilió al PP en 2005, siendo presidente de Nuevas Generaciones Pablo Casado, amigo de infancia y juventud abulenses, con quien quizás practicara juegos prohibidos al amparo de sus murallas. Apenas gastadas las suelas en las moquetas de la calle Génova, IDA se ganó la confianza de Esperanza Aguirre, para quien creó y gestionó la cuenta de Twitter de su perro Pecas, el alter ego de la condesa consorte de Bornos, como lo fueron Incitatus para Calígula, Bucéfalo para Alejandro Magno, Imperioso para Jesús Gil o Núñez Feijóo para Ayuso. Solo animales de compañía. Pero Pecas era diferente.

Así se presentaba en Twitter: «Me llamo Pecas y vivo en Malasaña con una rubia castiza. Incontrolable. Liberal». Según su community manager, Pecas era un ávido lector de Adam Smith, quien en La riqueza de las naciones (1776) apoyó la dadivosa intervención del Estado en ámbitos cruciales de la cosa pública: justicia, educación, salud, y en toda empresa en la que la iniciativa privada no lograra esquilmar por sí sola.

Lo que no esperaba el ilustre economista escocés es que, merced a ilustres liberales y sociatas de pacotilla, no pocos empresarios de tan meritorias como miríficas intenciones hayan logrado penetrar en las generosas vetas auríferas de la escuela concertada, las universidades privadas y la, al parecer, inagotable veta de la llamada sanidad público-privada, venerable coyunta entre empresa e instituciones autonómicas que, como la de Madrid, han aupado a Rivera y Quirón a las cumbres más rentables de la economía española y a IDA y su amador a un luminoso ático en el madrileño y codiciado barrio de Chamartín.

Pecas alcanzó la fama participando con frecuencia en la campaña de las municipales de Aguirre de 2003. En mayo de 2015 se despistó y acabó perdiéndose. La versión oficial dice que lo encontró un agente de movilidad en la calle Ferraz. Cuatro años después murió atropellado en extrañas circunstancias. Un año antes, en abril de 2014, dos agentes de movilidad (¿coincidencia?) multaron a Aguirre por aparcar en el carril bus. Se dio a la fuga arrollando la moto de uno de ellos. A doña Esperanza no le pasó nada (a la moto sí, según el chapista habitual del Excelentísimo Ayuntamiento de Madrid).

IDA dirigió la campaña digital de Cristina Cifuentes en 2015. En abril de 2018 OKdiario publicó un vídeo donde el guardia de seguridad de un supermercado registraba a la entonces diputada y ahora putativa estrella televisiva en otro proceso digital: hurtando sendos botes de crema rejuvenecedora Olay.

Tras unos meses de enfrentamiento entre IDA, ya presidenta de la Comunidad, y la cúpula nacional del PP, en febrero de 2022 se conoció el presunto cobro de una comisión de material sanitario por su hermano y el espionaje a su familia por parte de Génova. Casado, presidente del PP, fue “dimitido” el 2 de abril de 2022. Tras la muerte de Pecas, y la caída de Aguirre (derribada por su cuadrilla de golfos apandadores convertidos en consejeros “ranas”), Cifuentes (por el hurto de las cremas) y de Casado (por iluso), IDA se convirtió en capo di tutti capi del Partido Popular.

Todo el mundo sabe de la querencia del partido por Estados Unidos. Como pago a su participación online en el encuentro facha de Mar-a-Lago, IDA acaba de conceder a Estados Unidos la Medalla Internacional de Madrid por ser «el principal faro del mundo libre». Las razones las expuso en un vídeo emitido durante dicho evento ultraliberal y neofacista, un guiño de Steve Bannon a MAR, “consigliere” dipsómano y de cabecera de IDA.

IDA espera que los desviados de Cuba, Nicaragua y México sigan los pasos de Argentina y, con las correspondientes motosierras, «rompan sus cadenas» para poner «fin a los narcoestados de ultraizquierda». En el caso de Cuba se trata de recuperar los añorados tiempos de Batista cuando los emprendedores Meyer Lansky (judío) y “Lucky” Luciano (italiano) hicieron de la isla un patio de Monipodio y un paraíso de la libertad.

De Madrid al cieno. Salvo que yo esté confundido y viva en una tierra de leche y miel, donde atamos a los perros con longaniza, creo que la inmensa mayoría de los ciudadanos de Madrid deberíamos tener miedo, mucho miedo, de las políticas privatizadoras de la educación y la sanidad que, en nombre de una falsa libertad, los votantes han puesto en manos de IDA, sus “Pocholos” y la fauna cervecera de Ponzano, Velázquez, Ortega y Gasset y sus alrededores, incluidos los complutenses.

Cipolla, en sus Cinco leyes fundamentales de la estupidez humana, establece que la estupidez es una fuerza destructiva más peligrosa que la maldad, impredecible y constante, independientemente del nivel social o educativo. Y puesto que de italianos se trata, acabaré citando a Ennio Flaiano (La solitudine del satiro), el guionista de Fellini: «La estupidez ha hecho enormes progresos. Es un sol al que no se puede mirar de frente. Gracias a los medios de comunicación ni siquiera es ya la misma, se alimenta de otros mitos, vende muchísimo, ha ridiculizado al sentido común, difunde el terror en torno a sí», tal cual como doña IDA.

Hoy, el PP de Ayuso y su subdelegado Feijóo nos recuerdan lo que el recordado cínico prefecto de policía de Casablanca, Claude Rains, decía en Lawrence de Arabia: «Quien dice mentiras tan sólo oculta la verdad. Pero quien dice medias mentiras, no sabe dónde está la verdad».

 

 

 

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1 Comentario

  1. Y a pesar de todo la gente de Madrid ha seguido votándola. Los madrileños no parecen sentir esa preocupación que usted manifiesta; ¿están equivocados también o es que son ignorantes, incluso IDOS (partidarios de IDA)?

    Resulta ya un poco cansina la gracieta, antes tan ingeniosa, de seguir llamando IDA a Ayuso con la justificación de sus iniciales, casi tanto como llamar dirty o perro a alguien o rata chepuda a algunos. No llegan al nivel de cocainomano pero se acerca.
    Le sugiero que en su próximo escrito, para mejorarlo aún más y descalificar al sujeto (o sujeta, que queda más «cool»), utilice el de asesina como hacen algunos habitualmente; vende más…

    Un saludo mostro, máquina, crack.

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