Protestas, togas y banderas palestinas: la apertura del curso universitario en Alcalá

La apertura oficial del curso universitario madrileño desembarcó este viernes en Alcalá de Henares con toda la pompa académica y la inevitable carga política. Lo que debía ser un solemne acto académico, al modo complutense, se convirtió en un escaparate de banderas palestinas, pancartas sindicales y reproches cruzados. La visita de Isabel Díaz Ayuso al Paraninfo, arropada por rectores y autoridades, encontró así el contrapunto en la calle y hasta dentro del propio salón noble.

  • La inauguración del curso universitario en Alcalá, presidida por Ayuso, quedó marcada por protestas sindicales, banderas palestinas y ambiente político encendido.

 

  • Crónica gráfica de Pedro Enrique Andarelli y video de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY

Alcalá de Henares estrenaba este viernes el curso académico 2025-26 con todo el boato: togas, birretes multicolor, desfile solemne de doctores desde la Catedral Magistral hasta el Paraninfo y un despliegue institucional que se repite casi de memoria. Pero esta vez la cita tenía un rango mayor: no era solo la inauguración del curso en la Universidad de Alcalá, sino la apertura oficial del curso de todas las universidades públicas de Madrid. De ahí la presencia de la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, y también la convocatoria sindical que convirtió la Plaza de San Diego en un altavoz de protesta.

La liturgia universitaria, que busca rememorar cinco siglos de tradición complutense, se topó así con la realidad política y social: medio millar de voces sindicales, estudiantiles y docentes reclamando más financiación para la universidad pública y denunciando la postura del Gobierno regional sobre la tragedia en Palestina.

CCOO, UGT y CGT habían convocado la protesta. A la cita se sumaron estudiantes de la propia UAH, que con pancartas improvisadas corearon lemas como “La uni no se vende, se defiende” o “Ayuso, escucha, la uni está en la lucha”. A la llegada de la comitiva académica, varios alumnos que formaban parte del cortejo se salieron de fila para unirse a la concentración mostrando carteles de “Universidad pública”. Nada más universitario que ejercer el derecho a disentir.


“Israel asesina, Ayuso patrocina”

La protesta no interrumpió el acto, ni hubo incidentes. Quienes gritaban lo hacían en la plaza, quienes celebraban lo hacían dentro, y quienes enarbolaban banderas palestinas lo hacían en San Diego, recordando que la universidad, por mucho que se vista de toga, también late con las causas de su tiempo.

El momento más caliente llegó con la aparición de Isabel Díaz Ayuso. Blindada por un dispositivo policial con varios anillos de seguridad, la presidenta regional accedió al recinto entre gritos de “Israel asesina, Ayuso patrocina” o “Ayuso cobarde, la uni está que arde”. También se escucharon proclamas como “Que viva la lucha del pueblo palestino”, “Obreros y estudiantes, unidos y adelante” o “Fuera empresas de la universidad”.

Enfrente, un grupo mucho más reducido ondeaba banderas rojigualdas y lanzaba vítores a la presidenta mientras arremetía contra Pedro Sánchez, exigiendo incluso su dimisión. El contraste no podía ser más gráfico: unas pocas decenas aplaudiendo frente a varios centenares protestando, al menos en esta ocasión.

Entre los asistentes a la concentración se dejaron ver las concejalas socialistas Diana Díaz del Pozo, Blanca Ibarra y Patricia Sánchez; la portavoz de Más Madrid Alcalá, Rosa Romero; el secretario general de CCOO Henares, Vicente García Castillo; y el de la Unión Comarcal Este de UGT Madrid, Jesús la Roda. Un mosaico sindical, político y estudiantil que trasladó un mensaje claro: la universidad pública madrileña necesita un modelo de financiación estable y suficiente.

El propio rector de la UAH, José Vicente Saz, lo había advertido días antes: la Universidad de Alcalá mantiene saneada su “caja”, pero el presupuesto de la Comunidad no cubre los gastos reales. Traducido: la UAH tira de ahorros mientras espera que el Gobierno regional cumpla con lo que debería ser de justicia.


El guion de Ayuso: “no a la guerra ideológica”

Ya dentro, la presidenta regional mantuvo el guion de la confrontación. En su discurso, Ayuso advirtió que no consentirá que las universidades sean utilizadas para la “guerra ideológica” ni que los colegios se usen para “ingeniería social”.

“Tampoco vamos a permitir que se instrumentalicen los centros educativos para hacer ingeniería social”, dijo, antes de cargar contra la llamada “cancelación”, que definió como “un eufemismo para la censura, el totalitarismo y el sectarismo”. La paradoja es que nadie estaba cancelando nada: simplemente había una protesta pacífica en la calle, amparada por el derecho de reunión.

La Delegación del Gobierno lo dejó claro al responder a las acusaciones del Ejecutivo regional: la concentración había sido comunicada con la antelación prevista, y lo único que hicieron fue garantizar el derecho constitucional de manifestarse. Pero desde la Puerta del Sol se acusó al delegado, Francisco Martín, de ser “kale borroka”. El propio Martín replicó con dureza: “Es miserable utilizar ese concepto que tanto dolor dejó en nuestro país. Irresponsablemente manosean la violencia para intentar confundir a la ciudadanía”.

Quedaba en evidencia la estrategia: convertir una protesta universitaria legítima en una batalla ideológica contra Ayuso. Pero las pancartas hablaban por sí solas: “La uni no se vende, se defiende”. Difícil acusar de radicalismo a estudiantes que lo único que piden es que su universidad no se arruine.


Un curso con deberes pendientes

El acto concluyó como mandan los cánones: con la entrega de medallas honoríficas de plata de la Universidad y del Premio del Consejo Social a la Transferencia de Conocimiento. El rector Saz, en su intervención, repasó proyectos e infraestructuras en marcha —como el nuevo campus en Torrejón de Ardoz o las obras en los antiguos cuarteles de María Cristina—, pero también dejó entre líneas la preocupación por la insuficiencia presupuestaria.

Y es que la universidad pública madrileña empieza el curso con deberes urgentes: plantillas tensionadas, edificios históricos que devoran recursos de mantenimiento, y nuevas titulaciones y másteres que necesitan respaldo económico. Mientras tanto, el Gobierno regional se enroca en discursos sobre la “guerra ideológica” en lugar de hablar de cifras.

La Noche Europea de los Investigadores, prevista para el 26 de septiembre, y las jornadas Ciencias del pasado a finales de mes serán la próxima muestra de lo que la UAH aporta a la sociedad: conocimiento, investigación puntera y divulgación científica. Todo eso, sin embargo, requiere inversión estable y no la incertidumbre de presupuestos que obligan a tirar de la caja propia.

En el exterior, los manifestantes se disolvieron sin incidentes tras dejar claro que la universidad no puede seguir siendo la gran olvidada de la Comunidad. La protesta fue pacífica, animada, incluso festiva en algunos momentos. Más bien recordaba a una lección práctica de democracia: estudiantes, sindicatos y ciudadanos defendiendo en la calle lo que consideran justo.

La ironía final la puso la propia presidenta en su discurso. “La educación no es compatible con consignas ni con coacciones de ningún tipo”, dijo. Lo cierto es que lo que se escuchaba fuera no eran coacciones, sino consignas; no eran imposiciones, sino demandas. Y lo hacían en la plaza pública, no dentro del Paraninfo.


Una universidad que late con su tiempo

La Universidad de Alcalá es, por definición, un espacio vivo. Fundada hace más de quinientos años por el cardenal Cisneros, nunca ha sido ajena al debate político, social y cultural de cada época. Sus aulas vieron disputas teológicas, enfrentamientos ideológicos y discusiones académicas de todo tipo. Pretender hoy que sea un recinto ajeno a la realidad resulta ingenuo, cuando no interesado.

Las banderas palestinas ondeando frente al Rectorado, junto a las pancartas por la financiación, forman ya parte de esa historia. Igual que las togas y birretes que desfilaron por la calle Mayor. Dos imágenes opuestas pero complementarias, que explican bien qué significa la universidad: un lugar donde conviven tradición y crítica, ceremonia y protesta, discurso institucional y voz ciudadana.

El hecho de que el acto se celebrase en Alcalá no es un detalle menor: el marco histórico complutense le dio solemnidad y tradición, pero lo que estaba en juego afectaba a todo el sistema universitario madrileño. La apertura oficial del curso de todas las universidades públicas de la región encontró en la Cisneriana su escenario perfecto. Y fue precisamente esa dimensión regional la que atrajo tanto a Ayuso como a los sindicatos.

Ayuso podrá insistir en su cruzada contra la “guerra ideológica”. Pero la realidad, tozuda, es que la universidad no es ni será nunca un museo. Y eso, aunque incomode a los gobiernos de turno, es precisamente lo que garantiza que siga siendo un espacio de libertad.


1 Comentario

  1. Las imágenes lo dicen todo. Hay quien está con la inteligencia y la cultura y otros con la indigencia intelectual y cultural de su kale borroka viviendo de los demás.

  2. Es absolutamente patético ver a los sindicalistas cronicos del ayuntamiento ser usados como rebaño. Sobre todo aquellos que no han trabajado en la vida. Vaya panda de vagos. Del Sahara ya se han olvidado como si Marruecos no fuera un estado opresor. Ellos hacen lo que les dicen…siempre que no sea trabajar. Si la gente vieran que hacen en su dia a dia se liaba fijo. Basta ya de guerras. Abajo el Estado de Israel y abajo la sanguijuelas come gambas. Qué cara más dura tienen.

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