- Uniformes, paracaídas y caballos en llamas convirtieron el Val en un improvisado circo marcial.
- Crónica gráfica del Ayuntamiento
La Ciudad Deportiva del Val acogió esta mañana una jornada de acción, saltos, caballos, perros y hasta fuego, en un espectáculo tan marcial como festivo, con autoridades, placas y mucha parafernalia institucional.
Este sábado 30 de agosto amaneció soleado y marcial en la Ciudad Deportiva del Val. Desde las diez de la mañana, centenares de vecinos, familias con niños, curiosos de uniforme y nostálgicos de la mili, se acercaron para disfrutar de la tradicional exhibición de las Fuerzas Armadas y los cuerpos de seguridad. Ese ritual festivo-ferial que mezcla olor a césped, redoble de tambores y cascos brillando al sol, y que en Alcalá se convierte en cita casi tan esperada como los Gigantes.
La alcaldesa Judith Piquet, vestida de blanco impoluto, ejerció de anfitriona solemne, flanqueada por concejales y mandos militares. Acompañaban los tenientes de alcalde Isabel Ruiz Maldonado y Víctor Acosta, y en primera fila se dejaron ver Orlena de Miguel, Antonio Saldaña y Lola López. La regidora agradeció “con mayúsculas” la entrega de quienes cada día “sirven a los alcalaínos y a todos los españoles”. Palabras solemnes para un público que alternaba la emoción con los selfies.
Caballos, perros y paracaidistas en acción
El menú fue variado y pintoresco. Los caballos de la Policía Nacional cabalgaron firmes, incluso atravesando un aro en llamas como si de un circo marcial se tratara. Los guías caninos mostraron cómo un pastor alemán sabe derribar con estilo a un figurante encapuchado. Y la Brigada Paracaidista, la BRIPAC de toda la vida, descendió desde el cielo con banderas ondeando al viento, arrancando aplausos de esos que se sienten en el estómago.
El Servicio Aéreo de la Guardia Civil y el GREIM simuló un rescate en el Monte Malvecino, sin monte pero con mucha épica. Y para rematar, la UIP y la UPR hicieron demostraciones de intervención que recordaban tanto a una película de acción como a un entrenamiento real.
El ritual de las placas
Porque toda liturgia institucional necesita su broche, llegó la entrega de placas y reconocimientos. Policías, bomberos, sanitarios y voluntarios de Protección Civil fueron pasando uno a uno a recoger su homenaje, entre saludos marciales, fotos de rigor y sonrisas tensas. El público aplaudía, los niños miraban fascinados las motos de la Policía Local y hasta se probaban cascos de bomberos, como si por un día ser héroe fuera tan fácil como ponerse un uniforme.
En definitiva, la exhibición volvió a ser lo que siempre es: una mezcla de espectáculo, protocolo y cercanía ciudadana. Una mañana en la que helicópteros, caballos, perros y paracaídas compartieron escenario con políticos trajeados y vecinos curiosos. Todo ello envuelto en el aire festivo de las Ferias, donde hasta lo castrense se convierte en parte del folclore local.

















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