Quieren que les tengamos miedo: no lo conseguirán | Matías Escalera Cordero

El profesor, activista social y escritor Matías Escalera Cordero reflexiona en esta tribuna sobre el clima político y social que, a su juicio, atraviesa España. A través de una potente metáfora entre la luz y la oscuridad, el autor reivindica la esperanza frente al miedo, denuncia lo que considera una ofensiva contra la democracia y llama a no ceder ante quienes, según sostiene, pretenden imponer el temor como herramienta de control.

Fotocomposición de AH@
  • Escalera reivindica la esperanza frente al miedo y denuncia una ofensiva contra la democracia y los derechos sociales en España.

 

  • Matías Escalera Cordero es profesor, activista social y escritor.

 


Reconozco que para escribir este artículo había pensado, primero, ponerme People Have The Power de Patti Smith, pero, al final, he decidido buscar On The Nature Of Daylight, de Max Richter; quería darle un tono distinto al ilusionado y frágil optimismo del himno de Smith, y he sentido que se avenía mejor a mi estado emocional la melancólica y ambivalente afirmación de la esperanza de la composición de Richter.

Pues cómo responder a esta especie de intento de vuelta atrás en el tiempo, al tiempo de la pesadilla fascista, que los poderes financieros, judiciales, mediáticos, políticos y eclesiásticos tratan de provocar en una sociedad –como la de la España actual– que creía haber superado, después de casi cincuenta años –tras el ridículo intento de golpe de estado de febrero del ochenta y uno–, cualquier posibilidad de retroceso a la escala que estamos viviendo, en estos últimos meses: que dejan, a la altura del betún reaccionario y golpista, a los periodos más negros de los gobiernos de Aznar.

Y es que tras la rabia y una instintiva reacción airada y furiosa, por todo lo que está sucediendo, en mí, ha predominado, finalmente, una especie de triste y desolada melancolía, es verdad, pero de la que no ha desaparecido la esperanza de quien está convencido de que lo que está viviendo es solo un mal sueño y que, cuando despierte de él, la luz del día le estará esperando, porque esa es su naturaleza, la de la luz, iluminar el mundo, cada día, de un modo inexorable e invencible, pues la luz del día no puede ser sometida definitivamente ni aniquilada por la oscuridad, porque la vida, a la postre, es más fuerte que la muerte; porque ni la oscuridad fascista más negra y bestial logró aniquilar la esperanza de la luz.

Lo sé no porque lo haya leído o me lo hayan contado, lo sé porque yo tuve la inmensa suerte, en el tiempo de mi adolescencia y de mi juventud, de vivir la alegría y la pura ilusión del nacimiento de la luz de un nuevo día.

La luz regresó, entonces, entre el sufrimiento de la persecución, de la cárcel, de la muerte, incluso, de muchos compañeros y compañeras inocentes, y la luz regresará, de nuevo, hoy, a pesar de todo el sufrimiento infligido por la persecución judicial, policial, mediática, política o económica a quienes se resisten a la oscuridad fascista, ya sea con su humor, o con su pensamiento, o con sus obras artísticas, o con su trabajo informativo o su acción política en defensa de la democracia.

Quieren que tengamos miedo, pero se equivocan, muchos no tememos a la oscuridad con la que nos amenazan y a la que nos llevan, pues nos enfrentamos ya, una vez, con ella y la vencimos; y porque, en la naturaleza de la luz del día, está el imponerse, al fin, a la oscuridad.

Así, pues, nos podréis perseguir en vuestros tribunales prevaricadores por expresarnos libremente; o en los medios de comunicación, por mostrar nuestra disidencia; o con la amenaza de la asfixia económica, deshaciendo las conquistas conseguidas por los trabajadores en estas décadas de precaria democracia, podréis amenazarnos con acabar con nuestras pensiones, con la sanidad pública, con la escuela pública, con la cultura crítica, con el derecho a las coberturas por enfermedad… Da igual, no nos doblegaréis.

La luz del alba es imbatible, amanece inexorablemente, cada nuevo día, y, cuando parece que está vencida, que no volverá a iluminarnos, ahí, está, brillante, pura, limpia, invencible. Y ni todo vuestro dinero, ni todas vuestras togas corruptas, ni vuestras policías patrióticas, ni vuestras celdas y calabozos, ni vuestras televisiones y vuestras radios y vuestros voceros comprados, podrán impedir que la luz prevalezca.

Creéis que habéis logrado engañar a muchos trabajadores; habéis jugado con su precariedad y su desesperación, y la división y estupidez de las fuerzas progresistas os lo ha puesto fácil, pero me temo que habéis ido demasiado lejos y que os ha traicionado vuestra impaciencia y ansia de dominarnos para saquear, a vuestro gusto, el estado y los recursos públicos.

Además –y esto es un obstáculo menos para la luz–, no tenéis, precisamente, a los lápices más afilados del estuche como las cabezas visibles de este golpe de estado que estáis ensayando: con los Peinado, los Marchena, los Feijoo, Díaz Ayuso, Abascal, los Argüello García, los Balas o los Garamendi, que os habéis mercadeado como cabecillas del mismo, no creo que logréis siquiera completarlo en las próximas elecciones generales, lo que abrirá, seguramente, un periodo aún más violento y agresivo por vuestra parte, pero, allí, estaremos, también, para, a pesar de nuestra estupidez y de nuestras divisiones internas, amparados en la naturaleza de la luz del día, afirmarla con todo nuestro convencimiento frente a vuestra triste y lúgubre oscuridad.


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