- Lope, Cervantes, compañías internacionales y un gran desfile de criaturas fantásticas despedirán el domingo la XXV edición de Clásicos en Alcalá.

Cuando un festival alcanza un cuarto de siglo no basta con despedirse; hay que hacerlo dejando huella. Ese parece ser el objetivo de la XXV edición de Clásicos en Alcalá, que afronta su última semana con una programación diseñada para reivindicar el peso internacional que ha adquirido el certamen y convertir, una vez más, el casco histórico complutense en un gran escenario abierto.

Tras casi un mes de representaciones, conciertos, propuestas familiares, montajes de calle y espectáculos llegados de ambos lados del Atlántico, el Festival Hispanoamericano del Siglo de Oro entra en su recta final con una combinación de grandes textos del teatro clásico, nuevas dramaturgias y una clausura que promete transformar las calles de Alcalá de Henares en un universo poblado por dragones, sátiros, demonios y criaturas mitológicas.
La programación de estos últimos días resume, en cierto modo, el espíritu que ha guiado esta vigésimo quinta edición: preservar el patrimonio dramático del Siglo de Oro desde una mirada contemporánea, abrir el festival a compañías internacionales y acercar el teatro a públicos muy diversos mediante propuestas que trascienden el escenario convencional.
Durante los próximos días convivirán nombres imprescindibles de la literatura española como Lope de Vega, Cervantes, Garcilaso o el Arcipreste de Hita con creadores contemporáneos que reinterpretan los clásicos desde nuevos lenguajes escénicos. A ello se suma una notable presencia internacional gracias a compañías procedentes de México, Cuba, Portugal y Ecuador, reforzando el carácter hispanoamericano que distingue al festival.
La organización, impulsada conjuntamente por la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Alcalá de Henares, cerrará así una edición que ha reunido cerca de sesenta propuestas artísticas repartidas por algunos de los espacios patrimoniales más emblemáticos de la ciudad, consolidando una cita que hace tiempo dejó de ser únicamente un festival teatral para convertirse en uno de los grandes acontecimientos culturales del verano madrileño.
Lope de Vega toma el protagonismo
Si existe un nombre propio que domina la programación de la última semana ese es, sin duda, el de Lope de Vega. Dos de sus comedias más representativas se convierten en el eje de la programación escénica con producciones internacionales que reúnen a compañías de varios países y apuestan por nuevas lecturas de textos inmortales.
El Teatro Salón Cervantes acogerá los días 4 y 5 de julio La dama boba, una ambiciosa coproducción entre el propio festival, Ajedrez Eventos y Soluciones de México y la compañía española Octubre, dirigida por Josep Maria Mestres sobre versión de Xus de la Cruz.
La obra recupera una de las comedias más populares del Fénix de los Ingenios para abordar cuestiones sorprendentemente actuales como la educación, la libertad de las mujeres o el poder transformador del conocimiento. La historia de Finea, heredera considerada ingenua por quienes la rodean, continúa interpelando al espectador cuatro siglos después gracias a un texto que combina humor, crítica social y reflexión sobre los prejuicios. El reparto reúne a intérpretes de reconocido prestigio como Joaquín Notario, Carolina Rubio y Pablo Béjar, en una de las grandes apuestas de esta edición del festival.
Lope volverá a ocupar otro escenario emblemático de Alcalá. El Corral de Comedias recibirá los días 2 y 3 de julio El perro del hortelano, una producción de Teatro El Público, de Cuba, junto a FUNDarte de Miami. Dirigida por Carlos Díaz Alfonso y versionada por Norge Espinosa Mendoza, la representación mantiene intacta la esencia del clásico mientras introduce una lectura renovada de los conflictos emocionales de Diana, condesa de Belflor, atrapada entre el orgullo, los celos y las convenciones sociales que condicionan su relación con Teodoro.
El montaje confirma además el creciente peso de las producciones iberoamericanas dentro de Clásicos en Alcalá, una de las señas de identidad que el festival ha reforzado durante los últimos años.
Un festival cada vez más internacional
La dimensión internacional no termina en Lope. Portugal, Ecuador, Cuba y México vuelven a situarse en el centro de una programación que entiende el Siglo de Oro como un patrimonio compartido por toda la comunidad hispanohablante e ibérica.
Uno de los espectáculos más esperados será Cabo das tormentas, creación de la compañía portuguesa Janela Aberta Teatro, distinguida con el Premio Almagro OFF 2025. La propuesta, que podrá verse en el Teatro Salón Cervantes, utiliza teatro físico, danza contemporánea y mimo para construir un viaje poético inspirado en autores como Luís de Camões, Fernando Pessoa o José Saramago.
Lejos de plantear una reconstrucción histórica convencional, el espectáculo propone un diálogo permanente entre pasado y presente para reflexionar sobre la memoria europea, la identidad cultural y el paso del tiempo mediante una puesta en escena eminentemente visual.
También Ecuador tendrá presencia destacada gracias a Músicas y bailes de Ecuador, espectáculo promovido por la Asociación Cultural Quitus Madrid que acercará al público algunos de los ritmos, danzas y vestimentas tradicionales más representativos del país andino.
Esta diversidad de procedencias confirma la evolución experimentada por Clásicos en Alcalá desde sus primeras ediciones. El festival ya no se limita a representar los grandes textos del teatro clásico español, sino que los convierte en punto de encuentro entre distintas culturas, formas de interpretar y sensibilidades artísticas.
Ese diálogo internacional constituye precisamente uno de los rasgos más valorados por compañías y espectadores, que encuentran en Alcalá de Henares un espacio donde tradición e innovación conviven con absoluta naturalidad.
El legado de Cervantes dialoga con nuevas dramaturgias
Si Lope de Vega protagoniza el cierre del festival, el universo cervantino mantiene el papel central que corresponde a la ciudad que vio nacer al autor del Quijote. La programación de estos últimos días vuelve a demostrar que Clásicos en Alcalá no entiende el legado de Cervantes como una pieza de museo, sino como una fuente inagotable de inspiración para las artes escénicas actuales.
Una de las propuestas más sugerentes será El Quijote en clave de mujer, del Ballet Albéniz, que llegará el 3 de julio al Auditorio Paco de Lucía. La compañía ofrece una reinterpretación en danza española que desplaza el foco hacia personajes femeninos como Marcela, Dorotea o Maritornes, reivindicando el papel de unas figuras cuya modernidad sigue sorprendiendo más de cuatro siglos después de haber sido creadas por Cervantes.
Ese mismo día, el Museo Casa Natal de Cervantes abrirá sus puertas al público familiar con Inolvidable Quijote, un montaje de la compañía Ángeles de Trapo que utiliza los títeres para recorrer algunos de los episodios más conocidos de la novela universal. Pero el festival mira también más allá de Cervantes para reivindicar otros nombres fundamentales del Siglo de Oro y acercarlos al público mediante propuestas contemporáneas.
El Hospital de Antezana recibirá La tierra de Jauja, una adaptación del clásico paso de Lope de Rueda que traslada la crítica social del siglo XVI a problemas plenamente vigentes como la desinformación, los bulos o la construcción de falsas expectativas.
Gilitos-Laboratorio de Creación Alcalá será otro de los focos de innovación con dos propuestas bien diferentes. Por un lado, La cátedra de fuego, centrada en la figura de Francisca de Nebrija, considerada la primera mujer que impartió docencia en la Universidad de Alcalá, rescata del olvido a una personalidad histórica prácticamente desconocida para el gran público. Por otro, El libro del buen amor transforma el célebre texto medieval del Arcipreste de Hita en un espectáculo musical, desenfadado y contemporáneo.
El Corral de Comedias también ofrecerá una mirada diferente sobre la poesía clásica con Cerca del Tajo, en soledad amena, producción de La Máquina Real que convierte las tres églogas de Garcilaso de la Vega en una experiencia escénica donde conviven interpretación, música renacentista y teatro de títeres.
El montaje establece además un sugerente paralelismo entre el paisaje idealizado que describía Garcilaso y los actuales desafíos medioambientales que afectan al río Tajo, demostrando cómo los clásicos siguen siendo capaces de dialogar con los problemas del presente.
La música completará la oferta artística con Donde no se pone el sol, un concierto teatralizado del Coro di Core que recorrerá la riqueza musical del imperio español de los siglos XVI y XVII, mientras que las Cabinas literarias volverán a llenar distintos espacios del festival con grabaciones de textos de Lope, Cervantes, Calderón, Sor Juana Inés de la Cruz o Shakespeare interpretados por reconocidos actores como Ana Fernández, Rafael Álvarez «El Brujo», Gema Matarranz o Denis Rafter.
Dragones, fuego y teatro de calle para una despedida espectacular
Si algo caracteriza desde hace años a Clásicos en Alcalá es su capacidad para sacar el teatro de los recintos convencionales y convertir la ciudad en un escenario vivo. La clausura del próximo 5 de julio volverá a ser la mejor demostración. El centro histórico se transformará durante la noche en un recorrido fantástico habitado por criaturas mitológicas, espectáculos itinerantes y grandes montajes visuales pensados para todos los públicos.
La celebración comenzará con Sátiros y demonios, de Alea Teatre, una propuesta que mezclará música, máscaras y personajes inspirados en la tradición mitológica para envolver al público en un ambiente festivo. Después llegará uno de los momentos más esperados de la noche con Quimera, de la compañía La Fam. Un espectacular dragón articulado de doce metros recorrerá las calles del casco histórico combinando maquinaria escénica, teatro visual, iluminación y efectos especiales en un desfile concebido para sorprender tanto a niños como a adultos.
La clausura culminará con Bestias Ígneas, de L’Avalot Teatre, donde el fuego, la música en directo y enormes figuras fantásticas pondrán el broche final a una edición especialmente simbólica por coincidir con el vigésimo quinto aniversario del festival.
Más allá del impacto visual, esta despedida pretende recuperar el espíritu popular del teatro clásico, cuando las representaciones trascendían los escenarios y se fundían con la vida cotidiana de las ciudades.
Veinticinco años consolidando a Alcalá como capital del Siglo de Oro
La programación de la última semana sirve también para tomar perspectiva sobre la evolución de un festival que ha crecido hasta convertirse en una referencia internacional de las artes escénicas dedicadas al Siglo de Oro.
Durante esta edición, Clásicos en Alcalá ha reunido cerca de sesenta propuestas artísticas, más de una veintena de estrenos y compañías procedentes de dieciséis países, confirmando el salto cualitativo experimentado en los últimos años. La combinación de grandes montajes teatrales, espectáculos familiares, danza, música, circo, títeres, instalaciones sonoras y teatro de calle ha permitido ampliar públicos sin renunciar al rigor artístico que siempre ha caracterizado al certamen.
A ello se suma la utilización de espacios patrimoniales únicos como el Corral de Comedias, el Teatro Salón Cervantes, el Hospital de Antezana, el Museo Casa Natal de Cervantes o las propias calles del casco histórico, donde el patrimonio monumental se convierte en parte inseparable de la experiencia escénica.
Las Jornadas de Teatro del Siglo de Oro Español, dirigidas por Luciano García Lorenzo, y la exposición Con capa y espada. La moda en época de Cervantes, que permanecerá abierta durante todo el verano en el Museo Casa Natal, completan una programación que trasciende la representación teatral para convertirse en un auténtico encuentro entre investigación, patrimonio, creación contemporánea y divulgación cultural.
Cuando el próximo domingo se apaguen las últimas llamas de Bestias Ígneas y desaparezcan los dragones del casco histórico, concluirá oficialmente la XXV edición de Clásicos en Alcalá. Sin embargo, el verdadero legado del festival permanecerá mucho más allá del cierre de esta edición: el de una ciudad que, cada verano, vuelve a convertirse en el gran escenario donde el Siglo de Oro demuestra que sigue tan vivo como hace cuatrocientos años.

















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