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Más de treinta actividades reunirán a jóvenes y mayores para fomentar convivencia, combatir la soledad y reforzar vínculos sociales a través del ocio compartido
- Fotos del Ayuntamiento
Hay noticias que parecen pequeñas en la agenda institucional pero que, bien miradas, encierran una declaración de intenciones. El I Festival Intergeneracional del Ocio que el Ayuntamiento de Alcalá de Henares celebrará el próximo 18 de abril en la Plaza de Cervantes no es solo una cita festiva: es, en el fondo, un intento de recomponer un hilo social que, con el paso del tiempo, se ha ido deshilachando entre generaciones que conviven… pero apenas se miran.
La escena elegida no es casual. La Plaza de Cervantes, ese corazón simbólico donde Alcalá se reconoce y se representa a sí misma, acogerá durante cuatro horas de, 17:00 a 21:00, un experimento social a cielo abierto: jóvenes enseñando a mayores a moverse en el ecosistema digital, mayores compartiendo juegos, memoria y saberes que no caben en ninguna app, y ambos encontrándose en un terreno común que no es otro que el ocio entendido como espacio de convivencia.
No es poca cosa. En una sociedad donde la segmentación por edades se ha convertido casi en norma, ocio juvenil por un lado, envejecimiento activo por otro, la apuesta municipal rompe esa lógica de compartimentos estancos para proponer algo más ambicioso: mezclar, cruzar, provocar.
Un festival para coser la brecha invisible
El diagnóstico de partida lo verbalizan las propias concejalas implicadas. La brecha intergeneracional no es solo tecnológica, aunque esa sea la más visible. Es también cultural, emocional y, sobre todo, cotidiana. Jóvenes y mayores comparten ciudad, transporte, espacios públicos… pero rara vez comparten experiencias significativas.
Ahí es donde entra este festival, impulsado desde el programa Otra Forma de Moverte y las concejalías de Familia, Infancia y Juventud; Salud; y Mayores. La teniente de alcaldesa, Isabel Ruiz Maldonado, lo resumía con una idea sencilla pero potente: no se trata solo de organizar actividades, sino de “compartir una forma de entender la ciudad”.
Porque lo que está en juego no es únicamente el entretenimiento de una tarde de sábado. Es la construcción, o reconstrucción de vínculos. Y en ese terreno, el ocio, cuando está bien planteado, puede ser una herramienta más eficaz que cualquier discurso institucional.
La concejala Pilar Cruz García incide en esa idea al hablar de metodología participativa y colaborativa. Traducido: no hay público pasivo. Aquí todo el mundo juega, enseña, aprende, pregunta y, si se tercia, se equivoca. Y eso, en términos sociales, es oro.
La soledad no deseada: el problema de fondo
Si uno rasca un poco bajo la superficie festiva, aparece el verdadero motor de esta iniciativa: la lucha contra la soledad no deseada, especialmente entre las personas mayores. Un fenómeno creciente, silencioso y, en muchos casos, invisibilizado.
La concejala de Mayores, Esther de Andrés, lo plantea sin rodeos: estamos ante uno de los grandes retos sociales de nuestro tiempo. Y no exagera. La soledad no es solo una cuestión emocional; tiene efectos directos en la salud física, cognitiva y en la calidad de vida.
De ahí que el Ayuntamiento forme parte de la Red de Atención a Mayores en Soledad, una estructura que intenta detectar y prevenir situaciones de aislamiento. Pero más allá de las redes formales, iniciativas como este festival apuntan a algo más orgánico: generar encuentros reales, cara a cara, sin intermediarios.
Porque hay algo que ninguna política pública puede sustituir: la conversación espontánea, la risa compartida, el aprendizaje mutuo que surge cuando dos generaciones se sientan, literalmente, a jugar juntas.
Más de treinta actividades: del mus al metaverso
El programa no escatima en ambición. Más de treinta propuestas que convierten la Plaza de Cervantes en un mosaico de experiencias donde lo tradicional y lo contemporáneo conviven sin complejos.
En el Área Lúdica, la mezcla es casi un manifiesto: ajedrez y mus junto a Smash Bros, fútbol chapa conviviendo con combat robot, juegos de mesa clásicos dialogando con el ocio tecnológico. Es, en sí misma, una fotografía de ese cruce generacional que se quiere provocar.
El Área Creativa apuesta por la expresión: grafiti mural participativo, pintura sobre tela, hamma beads, arte con mimbre… Un espacio donde las manos —y no solo las pantallas— vuelven a ser protagonistas.
Y luego está el espacio Podcast, que introduce un elemento interesante: la palabra. Entrevistas, retos, preguntas rápidas… un formato contemporáneo para algo tan antiguo como contar historias. Porque, al final, eso es lo que hacen las generaciones cuando se encuentran: intercambiar relatos.
El apartado musical y escénico tampoco se queda atrás. El Quiosco de la Música y el escenario adyacente acogerán desde recitales de poesía hasta danza urbana, pasando por sevillanas, teatro leído o sesiones de DJ. Todo rematado con el concierto del grupo Unidos por la Música, que pondrá el broche final a una tarde que promete ser intensa.
El horario de comienzo será a partir de las 17 horas hasta las 21 horas aproximadamente, no se requiere inscripción la participación será por aforo. Para consultar la programación completa visita la página web https://ofm.ayto-alcaladehenares.es y síguenos en Twitter, Facebook, Instagram para no perderte ninguna de las actualizaciones.
Aprender en doble dirección (y el reto de que no sea solo una foto)
Uno de los aciertos del planteamiento es evitar la tentación paternalista. Aquí no se trata de que los jóvenes “enseñen” a los mayores ni de que los mayores “transmitan valores” a los jóvenes en un sentido unidireccional. El aprendizaje es bidireccional, y eso cambia completamente el enfoque.
Para la juventud, el contacto con generaciones mayores aporta algo que no siempre encuentran en su entorno inmediato: perspectiva. Escuchar, esperar, comprender otros ritmos. Habilidades que, aunque suenen poco espectaculares, son esenciales para la vida en común.
Para las personas mayores, el beneficio es igualmente tangible: activación cognitiva, conexión con nuevas formas de ocio, sensación de pertenencia y, sobre todo, utilidad. Sentirse parte activa de la comunidad, no como espectadores, sino como protagonistas.
Ese equilibrio es, probablemente, la clave del éxito o del fracaso de este tipo de iniciativas. Si una de las partes se siente “objeto” en lugar de “sujeto”, el experimento se rompe. Aquí, sobre el papel, parece que se ha entendido bien. Más allá del evento concreto, el festival deja entrever una línea de trabajo más amplia. Alcalá no solo organiza actividades; intenta redefinir cómo se relacionan sus vecinos y vecinas en el espacio público.
No es casual que todo esto se articule en torno a programas como Otra Forma de Moverte, financiado por la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas. Bajo esa etiqueta, lo que hay es una apuesta por alternativas de ocio saludable, especialmente para jóvenes, que se alejen de dinámicas menos deseables.
Pero aquí se da un paso más: se introduce a las personas mayores en esa ecuación. Y eso, en términos de política pública, es interesante. Porque rompe la idea de que cada franja de edad necesita su propio programa específico y propone, en cambio, espacios compartidos. La pregunta, claro, es si esto será un evento puntual o el inicio de una línea consolidada. Los festivales, por definición, son efímeros. Pero las relaciones que puedan surgir de ellos,si se cuidan pueden tener recorrido.
Como toda iniciativa institucional, el riesgo está claro: que todo quede en una buena foto, en una tarde agradable, en un titular amable… y poco más. El verdadero éxito del festival no se medirá en número de actividades ni en afluencia de público, sino en algo mucho más difícil de cuantificar: si alguien sale de allí con un vínculo nuevo.Si un joven descubre que hablar con una persona mayor no es aburrido, sino revelador. Si una persona mayor pierde el miedo a un videojuego o a una red social porque alguien se lo explica sin prisa. Si, en definitiva, se logra un pequeño cambio en la forma en que nos miramos como comunidad. Ahí es donde este festival se juega su sentido.
El 18 de abril, durante cuatro horas, la Plaza de Cervantes será algo más que un espacio urbano. Será un laboratorio social, un punto de encuentro entre tiempos distintos que, por una tarde, dejarán de ser paralelos para cruzarse.
Y en ese cruce, si todo sale bien, puede que Alcalá encuentre algo más valioso que el ocio: una forma de reconocerse a sí misma en todas sus edades.
















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