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El Resucitado recorre el casco histórico, protagoniza paradas en Imagen y culmina con el Encuentro en el Palacio Arzobispal ante fieles numeroso.
- Crónica gráfica y video de Myriam Trujillo + Pedro Enrique Andarelli para ALCALÁ HOY
A las ocho en punto de la mañana, cuando la ciudad aún bosteza entre el silencio y la rutina, las puertas de la Santa e Ilustre Catedral Magistral de Alcalá de Henares se abren para algo más que una procesión. Se abren, literalmente, para la luz.
El Domingo de Resurrección arranca así, sin estridencias pero con una fuerza simbólica que lo envuelve todo. Tras días de recogimiento, de luto contenido y de pasos solemnes, la ciudad cambia de piel. Y se nota. Se respira. Se ve. Las damas de mantilla abandonan el riguroso luto que ha marcado las jornadas anteriores y visten de impoluto blanco. No es solo estética: es el reflejo de una transición emocional colectiva. Alcalá deja atrás la pasión para abrazar la esperanza.
En ese contexto, Nuestro Padre Jesús Resucitado cruza el umbral de la Catedral entre aplausos contenidos y miradas emocionadas. Lo hace acompañado de una extensa corte de nazarenos, perfectamente reconocibles por su hábito blanco, antifaz del mismo color, guantes inmaculados y cíngulo blanco y celeste. La capa celeste, en honor al voto concepcionista de la hermandad, añade un matiz distintivo que convierte el cortejo en una marea clara que avanza con serenidad.
Tras Él, aún en una especie de relato paralelo, aparece Nuestra Señora de la Salud y el Perpetuo Socorro. Su presencia introduce un elemento narrativo único en esta procesión: el desconocimiento del milagro que está a punto de revelarse. La Madre camina sin saber que su Hijo ha resucitado. Y esa tensión simbólica, casi teatral, es uno de los elementos más potentes del Domingo de Resurrección alcalaíno.
Ambos pasos avanzan a costal, acompañados por el sonido preciso y medido de sus respectivas bandas. Para el Cristo, la agrupación musical ‘Amor y Paz’, llegada desde Guadalajara, imprime carácter al recorrido. Para la Virgen, la Banda de Palio de Juventudes Musicales de Alcalá aporta la sensibilidad necesaria, marcando ese contraste entre lo triunfal y lo íntimo que define la jornada.
Autoridades y ciudad: una presencia institucional coral
La salida del Resucitado no es solo un acto religioso; es también un acontecimiento institucional que congrega a buena parte de la representación política y social de la ciudad.
En la lonja de la Catedral estuvieron presentes el segundo teniente de alcaldesa, Víctor Acosta, Antonio Saldaña, y Víctor Cobo todos del equipo de gobierno. Junto a ellos, el presidente de la Junta de Cofradías Penitenciales y hermano mayor de la Salud, Gregorio Manzanares, su vicepresidente, Juan Carlos Núñez, y el presidente de la Fundación de Antezana, Asensio Esteban.
No faltaron tampoco miembros de distintas cofradías, voluntarios de Protección Civil, muy vinculados al origen sanitario de la hermandad, y los veteranos del CIR2, cuya presencia añade ese componente de tradición y continuidad que tanto pesa en la Semana Santa complutense. En un momento dado se sumó al recorrido la primera teniente de alcaldesa, Isabel Ruiz.
El itinerario de este año introdujo variaciones respecto a ediciones recientes. Tras abandonar la Catedral, los pasos recorrieron la plaza de los Santos Niños, calle Mayor y calle Imagen, en un trayecto que fue ganando público a medida que avanzaba la mañana. Fue precisamente en esta última calle donde se vivieron dos de los momentos más singulares del recorrido: sendas paradas frente al convento de las Carmelitas, sede canónica del Cristo de la Columna, y frente a la Fundación de Antezana, dos enclaves cargados de simbolismo en la ciudad.
En ambos puntos, la procesión se detuvo para rendir homenaje. La junta directiva de la cofradía del Cristo de la Columna, encabezada por su presidente, Pedro Fernández, y la representación de la Fundación de Antezana, con Asensio Esteban al frente, ofrecieron ramos de flores al Cristo y a la Virgen. El gesto fue correspondido con sendas levantás, en un intercambio de respeto y emoción que arrancó aplausos entre el público. A partir de ahí, el cortejo continuó por la calle Santiago mientras las terrazas se llenaban, los balcones se poblaban de vecinos y vecinas y el rumor de la ciudad se transformaba en expectación. Porque el destino estaba claro: el Palacio Arzobispal. Allí, en su Plaza de Armas, iba a producirse uno de los momentos más esperados de toda la Semana Santa.
Poco antes de las once de la mañana, los pasos hacían su entrada en el recinto del Palacio Arzobispal. El marco no podía ser más adecuado: historia, arquitectura y simbolismo fundidos en un escenario que realza cualquier acto.
Allí aguardaba el obispo de Alcalá, Monseñor Antonio Prieto Lucena, junto a una amplia representación municipal encabezada por la primera teniente de alcaldesa, Isabel Ruiz Maldonado. A su lado, el segundo teniente de alcaldía, Víctor Acosta, el tercero, Gustavo Severien, y concejales como Orlena de Miguel, Antonio Saldaña, Santiago Alonso, Cristina Alcañiz, Lola López, Víctor Cobo y Pilar Cruz del equipo de gobierno. También estuvieron presentes los concejales socialistas Javier Rodríguez Palacios, Diana Díaz, Rosa Gorgues y Enrique Nogués y Miguel Castillejo ( juntos, pero cada uno en su sitio), en una imagen de representación plural poco habitual en otros momentos del calendario político. A ellos se sumó el secretario general del PP de Madrid, Alfonso Serrano.
El Encuentro: emoción en el Patio de Armas del Palacio Arzobispal
La escena, cargada de simbolismo, se desarrolló con precisión y emoción. La Virgen, que hasta ese instante avanzaba en la incertidumbre, “descubre” la Resurrección de su Hijo. Es un instante profundamente humano dentro de un relato divino. Y el público lo percibe así. Aplausos, lágrimas discretas, miradas cómplices. La música hace el resto.
Para esta ocasión, Gregorio Manzanares encargó expresamente la marcha procesional Una lágrima del cielo, interpretada por la Banda de Palio de Juventudes Musicales. La pieza, compuesta en 2026, está concebida casi como un relato sonoro del propio Encuentro. Alterna pasajes de fuerza, con protagonismo de los metales, con otros de gran delicadeza en los que la madera dibuja una atmósfera íntima.
La introducción evoca el momento en que la Virgen abandona el luto, ese gesto simbólico que marca el paso de la muerte a la vida. A partir de ahí, la obra se despliega en un diálogo musical que representa el reencuentro entre Madre e Hijo. Especialmente significativo es el trío central, donde la melodía se vuelve frágil, casi suspendida. Es la “lágrima” que da título a la composición: una emoción que se transforma en sonido. La coda final, enérgica y solemne, devuelve la obra al tono triunfal, cerrando un arco narrativo que encaja perfectamente con el sentido del Domingo de Resurrección, según relata Matías Cañizal Tello, su autor.
Tras el Encuentro, los pasos abandonaron el Palacio Arzobispal para iniciar su regreso hacia la Catedral por la calle San Juan. El tono ya era otro. Más distendido, más luminoso. La Semana Santa llegaba a su fin, pero lo hacía dejando una sensación distinta a la de otros días. No hay silencio absoluto, ni penumbra, ni recogimiento extremo. Hay aplausos. Hay sonrisas. Hay conversación. Hay vida. Porque si algo define esta procesión es precisamente eso: la celebración del regreso, del reencuentro, de la esperanza.
Una hermandad joven con identidad propia
La Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Resucitado y Nuestra Señora de la Salud y el Perpetuo Socorro es, en términos históricos, una de las más jóvenes de la ciudad. Fundada el 8 de abril de 2012, su crecimiento ha sido notable.
Buena parte de sus miembros fundadores proceden del ámbito sanitario, especialmente de los servicios de urgencias de la Comunidad de Madrid. Esa identidad ha marcado profundamente el carácter de la cofradía, que mantiene vínculos estrechos con cuerpos de emergencia como bomberos, Protección Civil y fuerzas de seguridad.
A ello se suma su relación con la congregación de las Siervas de María, que fueron nombradas hermanas honoríficas tras recibir autorización de Roma. Desde su primera participación en 2014, aunque la imagen titular ya procesionaba desde 2004, la hermandad ha consolidado una propuesta propia dentro de la Semana Santa alcalaína: dos pasos a costal, un fuerte componente simbólico y una narrativa muy definida en torno al Encuentro.
























