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Una defensa irónica de RTVE frente al control político y la hipocresía del PP, desde el zapeo como metáfora de libertad audiovisual.

Me confieso, sin bochorno y con el orgullo de quien firma desde la redacción de ALCALÁ HOY, seguidor confeso de RTVE. Sí, de esa tele pública que algunos quieren convertir en el chivo expiatorio de sus frustraciones de legislatura. Y lo confieso mientras mi dedo índice, traidor y democrático, danza sobre el mando a distancia como un saltimbanqui en feria. Porque, señores del PP, yo zapeo. Zapeo sin complejos. A veces aterrizo en TeleMadrid, que no es precisamente el faro de la excelencia audiovisual, y, tras una primera incursión de puro morbo antropológico, huyo despavorido del programa de prime time de mi paisano alcalaíno Antonio Naranjo. Todo un ejemplo de estulticia elevada a categoría de arte y de mala educación convertida en formato. Una pena, ¿verdad? O mejor dicho: una pena que no lo sea, porque si algo tiene ese espacio es la virtud de recordarme, con saña pedagógica, por qué sigo fiel a La 2 y La 1 aunque el presupuesto de RTVE no me invite a cenar.
Pero vayamos al grano, que la retranca no aguanta preámbulos. El Partido Popular, con su mayoría absoluta en el Senado, ese club privado donde las comisiones de investigación brotan como setas después de la lluvia, ha parido la séptima de la legislatura: la que fiscalizará la “gestión directiva, financiera, patrimonial e informativa” de Radiotelevisión Española. La llaman comisión de investigación. Yo la llamo, con cariño distópico, Operación TelePedro. Porque, según Alicia García y compañía, RTVE ya no es “la televisión de todos” sino un instrumento al servicio de Pedro Sánchez, un nido de sectarismo, radicalidad y pérdidas millonarias. Palabrería que suena a guion de serie de sobremesa de los años 90, cuando aún creíamos que los políticos entraban en los platós para debatir y no para cerrarles el grifo.
Y aquí entra en escena, con la precisión de un antropólogo que ha estudiado tribus urbanas, Javier Aroca en Malas Lenguas. Ese programa de Jesús Cintora donde la tertulia no es tertulia, es terapia colectiva con retranca incorporada. Aroca, con su habitual flema de quien ha visto demasiadas comisiones en su vida, lo resumió con una frase que merece enmarcarse en el Congreso: “Están muy molestos porque RTVE se mantiene en buenos números y está quitando audiencia”. Y remató, sin levantar la voz: al PP no le molesta MasterChef, pero sí otros programas. Traducción libre y con sorna: les duele que la tele pública compita, que tenga cifras decentes y que, encima, no se dedique a hacerles la ola. Es como si un marido celoso, en vez de hablar con su mujer, pidiera una comisión de investigación parlamentaria para fiscalizar el mando a distancia del salón. Eso es distopía pura, pero de andar por casa.
Porque imaginemos por un segundo el futuro que nos proponen. Año 2028. La comisión del PP ha concluido que RTVE es demasiado plural, demasiado crítica, demasiado… pública. Se aprueba por mayoría absoluta un “protocolo de neutralidad” que, casualmente, solo se aplica cuando el invitado no es del agrado de la bancada azul. Los informativos pasan a ser supervisados por un comité de “sabios” designados por el Senado. Los documentales sobre cambio climático se emiten solo si incluyen un disclaimer de que “el PP también recicla”. Y Malas Lenguas se convierte en Buenas Lenguas, un espacio donde Aroca y compañía debaten sobre lo maravilloso que es el tren de alta velocidad que nunca llega a Alcalá. Yo, mientras tanto, sigo zapeando. Llego a TeleMadrid y allí sigue Naranjo, ahora con más presupuesto porque, claro, las televisiones autonómicas del PP son intocables. Estulticia con sello oficial. Mala educación con subtítulos en valenciano y andaluz. Una pena, sí. Una pena que no sea ficción.
Yo defiendo la programación actual de RTVE no porque sea perfecta, que no lo es, y el que diga lo contrario miente más que un telediario en campaña, sino porque es la única que aún se permite el lujo de tratar al espectador como adulto. Hay espacio para el debate, para el humor negro, para el documental incómodo y para el entretenimiento que no insulta la inteligencia. Y sí, también hay tertulias donde Aroca puede decir, sin que le caiga un expediente, que la comisión del PP es una cacería de brujas con toga y sin escoba. Eso es servicio público. Lo otro, lo de TeleMadrid y su prime time de gritos y postureo, es servicio de pago… pero con dinero de todos.
Y en ese zapeo diario, mi parada recurrente y casi obligada es el Canal 24 Horas, que aún conserva el raro y noble oficio de presentar las noticias con dignidad y sin aspavientos de feria. Ahí brilla, con talento y talante gallego de pura cepa, Xabier Fortes, que conduce sus noches con esa mezcla de serenidad atlántica y puño de hierro periodístico que tanto escasea. Uno se detiene allí no solo por la información, sino por el elenco de tertulianos y tertulianas que, entre bronca y bronca, consiguen que el debate siga siendo debate y no circo. Un beso solidario y alcalaíno desde aquí a Sara Santolaya, brava mujer de armas tomar, acosada sin piedad por los haters de la derechona política y mediática solo por atreverse a opinar con la boca llena de convicción. Que sigan, que cada ataque de esos solo demuestra que aún queda gente con arrestos en la tele pública.
La ironía del asunto es que mientras el PP grita “¡propaganda sanchista!”, yo, seguidor confeso y zapeador compulsivo, veo en RTVE lo que ellos no quieren reconocer: una televisión que, pese a sus defectos, genera debate, genera audiencia y genera, sobre todo, la sana costumbre de cambiar de canal sin que te llamen traidor. Porque la verdadera libertad audiovisual no es que todos veamos lo mismo; es que podamos elegir entre lo mediocre, lo bueno y lo directamente vergonzoso sin que un senador nos dicte el menú.
¿Quieren investigar la gestión? Perfecto. Investiguen también las oposiciones filtradas, las pérdidas y los contratos. Pero háganlo con la misma saña con la que deberían mirar sus propias televisiones autonómicas. Porque si RTVE es “TelePedro”, entonces Telemadrid es “TeleIsabel” y nadie monta una comisión. Distopía selectiva, la llaman algunos. Yo la llamo hipocresía con mayúsculas.
Al final la cosa se reduce a esto: mientras el PP usa el Senado como un mando a distancia gigante para apagar lo que le molesta, yo seguiré encendiendo RTVE, zapeando a TeleMadrid por curiosidad malsana y huyendo de Naranjo como de un reality de famosos sin guion. Porque la televisión pública no es perfecta, pero es nuestra. Y si la quieren tutelar, que al menos tengan la decencia de hacerlo con humor. Que falta nos hace. Una pena que no lo tengan. Porque cuando la política necesita censura para explicarse, el problema nunca es la televisión. Es el miedo a que alguien cambie de canal.
















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👏👏👏 Otra seguidora confesa de RTVE, que genera debate, que es plural …..¿Qué dirán ahora en la comisión del senado, después de la semanita de procesiones, películas cristianas…? Cada persona que elija lo que quiera ver en la tele de tod@s
Siendo usted una seguidora confesa de RTVE, la pregunta correcta es, ¿qué dirá usted, cuando le obilguen a ponerse velo en unos pocos años?
¿Quien va a obligar a ponerse velo dentro de unos pocos años ¿ Rtve? ¿ El gobierno ? ¿Qué gobierno? Revise por favor su argumentario y no propale bulos que nos se sostienen