- Crónica gráfica y vídeo de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY
La Semana Santa de Alcalá de Henares 2026 entró este Jueves Santo en su punto álgido con una de sus procesiones más singulares y reconocibles: la del Santísimo Cristo Universitario de los Doctrinos y Nuestra Señora de la Esperanza. Una cita que, un año más, volvió a demostrar que tradición, universidad y fe siguen caminando de la mano en la ciudad complutense.
La salida, puntual a las 19:00 horas desde el Aula de Música de la Universidad de Alcalá, estuvo marcada por una escena casi cinematográfica: un sol intenso cayendo sobre la calle Colegios, obligando a entrecerrar los ojos a quienes aguardaban mirando hacia la plaza de Cervantes. Una luz poderosa que, lejos de incomodar, aportó un aire casi simbólico a un arranque cargado de solemnidad.
Minutos antes, como dicta la tradición, los cofrades protagonizaron el juramento de silencio. Un instante contenido, casi suspendido en el tiempo, que marcó el paso de lo cotidiano a lo trascendente. A partir de ahí, la procesión echó a andar entre el respeto del público y el sonido inconfundible de la Banda Sinfónica Complutense, que volvió a poner la banda sonora perfecta a la tarde.
La afluencia fue notable, miles de vecinos y visitantes se repartieron a lo largo del recorrido, confirmando que el Jueves Santo sigue siendo uno de los días grandes del calendario cofrade local.
Un recorrido que une historia, ciudad y emoción
El itinerario discurrió por algunos de los enclaves más emblemáticos del casco histórico: calle Colegios, plaza de Rodríguez Marín, Santa Úrsula, Escritorios, plaza de los Santos Niños, calle Mayor, plaza de Cervantes, calle Bedel y plaza de San Diego.
Cada tramo tuvo su propia atmósfera. Desde la amplitud luminosa de los primeros metros hasta el recogimiento progresivo de calles más estrechas, donde el silencio se hacía más denso y el paso de las imágenes adquiría un carácter casi íntimo.
El momento culminante llegó, como es tradición, en la plaza de San Diego, poco antes de las 21:00 horas, con el encuentro entre el Cristo y la Virgen. Un acto que congregó a una gran cantidad de público y autoridades, entre ellas se encontraban el segundo teniente de alcaldía Víctor Acosta, el concejal de festejos y tradiciones populares Antonio Saldaña, edil de Cultura, Santiago Alonso, Esther de Andrés, Lola López y Víctor Cobo del equipo de gobierno así como los socialistas, Javier Rodríguez Palacios, María Aranguren, Enrique Nogués, Miguel Castillejo, Rosa Gorgues y Nicolás Rodríguez, además de los representantes de las Cofradías Penitenciales de Alcalá encabezados por su Presidente, Gregorio Manzanares.
Tras este instante central, se produjo un fenómeno ya habitual: una parte importante del público emprendió la retirada, mientras la procesión continuaba su recorrido en un ambiente más sosegado. El tramo final, especialmente por el callejón de San Pedro y San Pablo, ofreció una imagen distinta, más recogida, casi introspectiva, antes de regresar a su punto de origen.
La “ciencia de la cruz”: un mensaje para el presente
Uno de los momentos más destacados de la jornada llegó con las palabras del obispo de Alcalá de Henares, monseñor Antonio Prieto Lucena, justo antes del encuentro en la plaza de San Diego.
Su intervención giró en torno al significado profundo de este acto, evocando el encuentro entre Jesús y su madre como uno de los consuelos del Vía Crucis. Una escena que, en palabras del obispo, conecta directamente con la experiencia humana del dolor, el acompañamiento y la esperanza.
Pero fue más allá. Prieto Lucena introdujo una idea poderosa: la “ciencia de la cruz”. Un concepto que, lejos de quedarse en lo teológico, planteó como una forma de vida basada en el amor, la caridad y la superación del egoísmo.
Recordó frases clave del Evangelio, como el “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”, para insistir en que el mensaje cristiano propone vencer el mal con el bien. También interpretó el “tengo sed” de Cristo como una llamada al amor humano, una invitación a responder desde la solidaridad en un mundo marcado por tensiones y conflictos.
Una cofradía con alma universitaria y siglos de historia
Hablar del Cristo de los Doctrinos es hablar de universidad, de historia y de identidad alcalaína. No en vano, su origen está profundamente ligado al mundo académico desde hace siglos. La devoción se remonta al siglo XVII, aunque la talla, atribuida al jesuita Domingo Beltrán entre 1587 y 1590, hunde sus raíces en el siglo XVI. Su función inicial no era solo devocional, sino también pedagógica: enseñar la doctrina cristiana en el contexto universitario. De ahí su nombre. “Doctrinos” no es solo una etiqueta, sino toda una declaración de intenciones.
La cofradía fue instituida oficialmente en 1660, con ordenanzas aprobadas en 1661, y desde entonces ha mantenido una relación constante con los estudiantes de la Universidad de Alcalá. Generaciones de universitarios han acudido a esta imagen en busca de ayuda, especialmente en momentos clave como los exámenes, reforzando ese vínculo entre fe y vida académica que sigue vivo hoy.
En 1945 se incorporó la imagen de Nuestra Señora de la Esperanza, completando una iconografía que combina sobriedad, elegancia y simbolismo. También su vestimenta refleja esa identidad universitaria: sayón negro, gola blanca, beca roja con el escudo del Cardenal Cisneros y birrete. Un guiño directo al Siglo de Oro y al origen académico de la cofradía.
La sede canónica, la Ermita de los Doctrinos, añade otro capítulo a esta historia. Un edificio de raíces medievales y configuración barroca que sigue siendo referencia espiritual y patrimonial. En conjunto, la procesión del Cristo de los Doctrinos volvió a demostrar que la Semana Santa de Alcalá no es solo tradición, sino también relato vivo. Un relato donde la ciudad, su universidad y su gente siguen escribiendo, año tras año, nuevas páginas de emoción compartida.























