Núñez de Guzmán: la obra que siempre llega “el año que viene”

La salida a concurso de las obras de Núñez de Guzmán sirve de percha para repasar una historia de anuncios, recortes y demoras. Desde los 2,5 millones prometidos en 2023 hasta los 1,7 actuales y con obras previstas, si todo va bien, para la primavera de 2026, la reforma de esta vía del Distrito II se ha convertido en ejemplo de cómo una demanda vecinal puede eternizarse entre trámites, cambios de gobierno y proyectos menguantes.

Foto del Ayuntamiento
  • Tras casi tres años de anuncios y ajustes, la renovación de Núñez de Guzmán avanza con menos presupuesto y demasiada paciencia vecinal.

La Junta de Gobierno Local ha aprobado por fin el pliego de condiciones para sacar a concurso las obras de renovación de la calle Núñez de Guzmán, en el barrio de Puerta de Madrid, Distrito II. Presupuesto: 1,7 millones de euros. Calendario estimado: si todo va bien, primavera de 2026. Es decir, tres años después del primer gran anuncio y casi cuatro después de que el deterioro de la vía se convirtiera en clamor vecinal.

La noticia, presentada en forma de nota de prensa municipal y publicada en la web del ayuntamiento, habla de “desbloqueo”, de “demanda histórica” y de colaboración institucional. Todo correcto. Pero también es la ocasión perfecta para detenerse, mirar atrás y preguntarse cómo una intervención ampliamente reclamada, reiteradamente anunciada y sucesivamente reformulada ha tardado tanto en llegar… y además haciéndolo con menos ambición y menos presupuesto que el proyecto original.

Foto de Pedro Enrique

Porque Núñez de Guzmán no es una calle cualquiera. Es uno de los ejes viarios más importantes del Distrito II, conecta Complutum con el Centro Histórico, soporta un tráfico intenso y atraviesa un barrio populoso que lleva años conviviendo con grietas, hundimientos, asfalto cuarteado y aceras mejorables. Nada de esto es nuevo. Lo nuevo, en todo caso, es que ahora sí parece que la obra va en serio. Aunque, de momento, solo sobre el papel.


Del anuncio electoral a la realidad administrativa

La historia arranca oficialmente el 30 de marzo de 2023. A dos meses de las elecciones municipales, el entonces gobierno PSOE–Ciudadanos anunciaba una inversión de 2,5 millones de euros para la renovación y asfaltado del bulevar de Núñez de Guzmán. El proyecto no se limitaba a cambiar el asfalto: incluía una remodelación integral del paseo peatonal, zonas infantiles, áreas de gimnasia para mayores, nuevo mobiliario urbano y una intervención más ambiciosa en términos de calidad urbana.

El anuncio se hizo con convicción y con cifras redondas. Se daba por hecho que habría continuidad política. No la hubo. El cambio de gobierno tras las elecciones dejó aquel proyecto en una especie de limbo administrativo del que ya no saldría tal y como fue concebido.

Con la llegada del Ejecutivo PP–VOX, el planteamiento cambió. En febrero de 2024, el nuevo gobierno municipal anunciaba una inversión de “unos 1,7 millones de euros” para la renovación de pavimentos asfálticos y la mejora de la movilidad peatonal. Mismo escenario, mismo problema, pero una actuación más acotada. Menos bulevar, más firme. Menos proyecto urbano, más obra funcional.

Ese mismo día, el PSOE denunciaba que el nuevo equipo de Gobierno “fulminaba” el proyecto de remodelación integral, acusándole de guardar en un cajón la reforma del paseo peatonal con zonas verdes y estanciales. El gobierno local, por su parte, defendía que el proyecto heredado no tenía financiación asegurada y que era necesario redimensionarlo para hacerlo viable.

Entre unas cosas y otras, el tiempo seguía pasando. Y Núñez de Guzmán, igual.


El PIR como salvavidas (y como coartada)

El siguiente hito llegó en julio de 2024, cuando la Junta de Gobierno Local aprobó dar de alta el proyecto en el Plan de Inversión Regional 2022-2026 de la Comunidad de Madrid. Presupuesto estimado: 1,7 millones de euros. Plazo de ejecución: unos 12 meses.

El PIR se convirtió desde entonces en el argumento central del gobierno municipal. Gracias a la financiación autonómica, un 95 % del total,  el proyecto dejaba de ser un deseo y pasaba a ser, al menos, una posibilidad real. La Comunidad de Madrid aparecía como aliada imprescindible y el Ayuntamiento como gestor que, esta vez sí, había encontrado la vía adecuada.

En marzo de 2025 se dio otro paso: la aprobación formal del proyecto técnico por un importe exacto de 1.693.786,51 euros. Cifra precisa, decimales incluidos, que parecía indicar que el proceso entraba en su fase final. Pero aún faltaba lo más importante: licitar las obras.

Ese trámite no ha llegado hasta diciembre de 2025. Y con él, una nueva promesa temporal: si todo va según lo previsto, las obras podrían comenzar en la primavera de 2026. Podrían. Condicional incluido.


Menos dinero, menos ambición, más espera

Llegados a este punto, el contraste resulta inevitable. De los 2,5 millones anunciados en 2023 se ha pasado a 1,7 millones. De una reforma integral del bulevar a una actuación centrada en pavimentos, calzadas y accesibilidad. No es que la intervención no sea necesaria —lo es, y mucho—, pero sí es legítimo señalar que el proyecto ha ido menguando al mismo ritmo que se alargaba en el tiempo.

El gobierno municipal defiende que la prioridad era intervenir con urgencia en una vía en estado crítico y que para ello había que asegurar financiación y simplificar el alcance. Argumento razonable. Lo que chirría es que esa “urgencia” haya necesitado casi tres años para transformarse en una licitación efectiva y que, mientras tanto, la calle haya seguido acumulando parches, molestias y desgaste.

Además, la reiteración del concepto “demanda histórica” en los comunicados oficiales del  plan “Alcalá mejora sus barrios”contrasta con la lentitud del proceso. Si era tan histórica, tan conocida y tan compartida, cabe preguntarse por qué ha costado tanto tiempo cerrar el círculo administrativo.


La paciencia del Distrito II

Hay un elemento que apenas aparece en las notas de prensa, pero que atraviesa toda esta historia: el vecindario. Las vecinas y vecinos del Distrito II llevan años reclamando una solución para Núñez de Guzmán. No por capricho, sino por seguridad, accesibilidad y calidad de vida. Han visto pasar anuncios, ruedas de prensa, cambios de gobierno, reproches cruzados y nuevos plazos.

Ahora, por fin, hay un concurso en marcha. Es un paso real, tangible. Pero también es el último episodio de una secuencia que invita al escepticismo prudente. Porque hasta que las máquinas entren en la calle, y lo hagan de verdad, Núñez de Guzmán seguirá siendo esa obra que siempre está a punto de empezar.

Quizá en la primavera de 2026. O quizá un poco después. En cualquier caso, cuando llegue, convendría no olvidar todo lo que ha tardado en llegar… ni todo lo que se quedó por el camino.

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