190 valientes contra la gravedad: la épica vertical de Cruz Roja en Torre Garena

Con 17 plantas por conquistar y 288 escalones por delante, 190 corredores desafiaron la gravedad en la V Carrera Vertical de Cruz Roja celebrada en la Torre Garena. Más que una prueba deportiva, fue un acto colectivo de superación y solidaridad que convirtió al rascacielos alcalaíno en un símbolo de esfuerzo compartido y compromiso social. Una carrera corta en metros, pero inmensa en significado.

Foto del Ayuntamiento
  • La Torre Garena volvió a ser escenario de una gesta solidaria que une deporte, comunidad y ayuda a los más vulnerables.
  • Crónica gráfica del Ayuntamiento de Alcalá de Henares

Había algo distinto en el aire la mañana del sábado 11 de octubre. Alcalá de Henares amaneció con ese sol de otoño que no quema, pero anima, y con una cita que, más que una carrera, parecía un desafío lanzado al mismísimo cielo. En la Avenida Juan Carlos I, frente al imponente edificio de Torre Garena, 190 personas se preparaban para conquistar sus 17 plantas y los 288 escalones que las separaban del techo del Corredor del Henares.

No era una carrera cualquiera. Era la V Carrera Vertical de Cruz Roja Corredor del Henares Norte, última prueba del Circuito Nacional de Carreras Verticales de España y, sobre todo, una jornada de solidaridad, esfuerzo y comunidad. Subir una torre puede parecer una locura, pero hacerlo por quienes más lo necesitan convierte esa locura en algo hermoso.


Una torre, un símbolo, una comunidad

A las diez en punto, el cronómetro echó a andar con la misma precisión con que lo hace la solidaridad cuando se organiza. La encargada de inaugurar la jornada fue Paula, voluntaria de Cruz Roja, que abrió la subida en representación del equipo humano que da sentido a la entidad. Su sonrisa al entrar en el hueco de la escalera fue casi una declaración de principios: aquí no se trataba solo de ganar, sino de estar, participar y apoyar.

Detrás vinieron los bomberos, algunos cargando con equipos de 20 kilos o muñecos de rescate, los efectivos de la UME, policías nacionales y locales, y decenas de corredores populares y amateurs. El ambiente era una mezcla de adrenalina, compañerismo y expectación. Cada participante sabía que el desafío no duraría mucho en el reloj, pero sí dejaría huella en las piernas y en el corazón.

La Torre Garena, ese rascacielos que todos los alcalaínos identifican a distancia, se convirtió por unas horas en un estadio vertical. En su interior, el eco de las zancadas y el jadeo colectivo sonaban como una sinfonía improvisada. Arriba, en la meta del piso 17, el aire se hacía ligero y las vistas devolvían la recompensa: Alcalá entera a los pies, con el sol rebotando en las cristaleras y el rumor de los aplausos subiendo desde la calle.


Escaleras que conducen a la solidaridad

El formato, tan simple como exigente, no engaña: unos 900 metros en llano, giro brusco y luego 288 escalones hasta el cielo. Nada de llanuras, nada de curvas de alivio. Cada peldaño es una promesa cumplida. La organización, con Timing Lap al frente y decenas de voluntarios de Cruz Roja desplegados en todos los niveles, cuidó cada detalle. Los relevos, los puestos de agua, las salidas escalonadas y la atención sanitaria garantizaban una jornada segura, intensa y bien medida.

Las inscripciones, limitadas y a un precio simbólico de 15 euros, se agotaron casi por completo antes del 7 de octubre. Toda la recaudación se destinó a proyectos de intervención social de Cruz Roja en el Corredor del Henares Norte: programas de inclusión, atención a familias vulnerables, apoyo a personas mayores y respuesta ante emergencias. En cada dorsal había, además de un número, un gesto de compromiso.

Los resultados, como siempre, pusieron nombre al mérito. En la categoría de voluntarios de Cruz Roja vencieron Ana Taboas (7:06.8) y el italiano Mattia Mazza (6:05.3). En la popular, la atleta independiente Irene Ortiz (5:50.5) e Ignacio Cardona, del Llebeig de Xàbia, con un imponente 4:28.6. Entre las Fuerzas Armadas y Cuerpos de Seguridad destacaron Tania Corbacho (5:39.4) y Nikola Tzvetomirov (5:18.8). Y en la categoría de bomberos, que compiten con peso reglamentario y resistencia extrema, se impuso Carlos Tejeda, del C.D. Bomberos de Madrid, con un tiempo de 2:51.0, auténtico récord humano en vertical.

La concejala de Deportes, Dolores “Lola” López, acompañó el evento junto al edil socialista Alberto González, habitual en esta cita y participante casi fijo. Ambos entregaron los trofeos, recordando que el verdadero podio lo ocupa la solidaridad colectiva.


El espíritu de la altura

Cada planta de la Torre Garena fue testigo de una historia distinta: el gesto de quien duda en el piso nueve y sigue, la respiración agitada en el doce, el rugido de quien se ve llegar al quince y acelera. Desde abajo se escuchaban los ánimos, las palmadas y algún “¡vamos, que ya casi!” que servía de cuerda invisible para tirar del de arriba. Los bomberos, fieles a su estilo, se turnaban entre risas y desafíos de orgullo. “Esto es nuestro entrenamiento con público”, bromeaba uno de ellos antes de entrar a su tanda.

Al llegar a la azotea, los corredores encontraban un breve pasillo alfombrado y una línea de meta custodiada por voluntarios que ofrecían agua, abrazos y sonrisas. Algunos alzaban los brazos, otros se tumbaban directamente en el suelo a recuperar el aliento. Pero todos compartían esa mirada común de quien ha vencido algo más que una escalera.

“Más que una carrera, es una experiencia que une”, resumía un participante con la camiseta empapada y una sonrisa franca. “Aquí no hay rivales, hay compañeros de peldaño.” Y quizá esa sea la esencia que convierte esta cita en algo más grande que un simple evento deportivo: la sensación de pertenencia, de propósito, de ciudad que se involucra.

En paralelo, la retransmisión en redes sociales de Cruz Roja, con vídeos, fotos y mensajes de apoyo, multiplicó el alcance de la jornada. “Nuestra compañera Paula inaugura esta V edición de la #CarreraVertical”, publicaban en X (antes Twitter), acompañando el texto con el vídeo del primer ascenso. Un detalle pequeño que resume todo: empezar por quienes sostienen la causa.


Alcalá mira hacia arriba

La Carrera Vertical de Torre Garena se ha ganado su sitio en el calendario deportivo-solidario de Alcalá de Henares. Lo que empezó hace cinco años como una idea atrevida hoy es una tradición con identidad propia, capaz de reunir a deportistas, profesionales de emergencias y vecinos bajo una misma bandera: la de la solidaridad en movimiento.

No es solo subir una torre. Es desafiar la gravedad con propósito. Es convertir el esfuerzo en ayuda concreta para quienes lo necesitan. Es demostrar que, a veces, la manera más humana de avanzar es hacia arriba.

Mientras los últimos corredores recogían sus medallas y los equipos de Cruz Roja desmontaban la infraestructura, quedaba en el aire una sensación de plenitud. La torre volvía a su rutina de oficinas, pero algo había cambiado: cada peldaño había sido conquistado por la empatía.

Desde lo alto, la ciudad de Cervantes parecía más cercana que nunca. Y quizá ese sea el legado silencioso de esta jornada: recordar que Alcalá no solo se extiende en horizontal, también crece hacia arriba, impulsada por la fuerza de su gente. Peldaño a peldaño, solidaridad a solidaridad.

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