Chupa la gamba 2025: tradición, alegría y vermut en la Cueva de Antolín

Desde el 23 y hasta el 31 de agosto, la Cueva de Antolín vuelve a desplegar su quiosco en la calle Libreros para celebrar el ya tradicional Chupa la gamba. El jueves 28, como cada año, nos acercamos a la hora del vermut para brindar con una caña fresquita y degustar las gambas cocidas al momento que reinan en la terraza más emblemática de las ferias alcalaínas, entre música, risas y buen ambiente.

  • El ritual del vermut en Libreros reúne cada año a peñas, amigos y familias en torno a la gamba más festiva de las Ferias.
  • Crónica gráfica y video de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY

El jueves 28 de agosto, como es tradición, fuimos a tomar una caña fresquita con las tradicionales gambas en el quiosco que todos los años monta La Cueva de Antolín en la calle Libreros número 40, frente a la monumental iglesia de Santa María la Mayor. Desde el pasado día 23 y hasta el 31 de agosto, el popular Chupa la gamba permanece operativo en este emblemático rincón complutense, atrayendo a alcalaínos y visitantes que buscan repetir un ritual que ya es seña de identidad de las fiestas. Porque en Libreros no se entiende la feria sin ese estribillo de Paco y Curro sonando una y otra vez: “Chupa la gamba”.


El compás de una canción y el sabor de siempre

Al compás de la música bailonga, la gente disfrutona llenaba las mesas de la terraza más emblemática de las Ferias. No faltaban las raciones más demandadas de la casa: alitas de pollo, calamares, almejas o mejillones al vapor. Pero, como todos los años, la estrella indiscutible eran las gambas, cocidas a diario con mimo y servidas sin descanso, convertidas en seña de identidad de este rincón alcalaíno.

El gerente, José Luis Moreno, no falla a la cita. “La clave está en cocerlas cada día, es nuestro secreto”, explicaba con la naturalidad de quien lleva décadas manteniendo viva una costumbre tan sencilla como querida. Y es que la Cueva de Antolín no es solo un bar en feria: es casi una institución, un punto de encuentro donde las peñas, las familias y los amigos repiten año tras año.

La ronda de entrevistas improvisadas volvió a dejar momentos divertidos. Desde veteranos que confiesan llevar más de cuarenta años acudiendo a chupar la gamba, hasta grupos de jóvenes que han incorporado la cita a su calendario festivo como parada obligada. En una mesa, entre risas, alguien soltaba con retranca que este año tocaba “chupar la almeja” en lugar de la gamba, provocando carcajadas y algún que otro brindis. En otra, un grupo de amigas de Camarma recordaba que “no vale llorar después de la gamba”, mientras devoraban helados para sofocar el calor del mediodía. Todo ello captado por nuestras cámaras, que encontraron en cada mesa un relato de amistad y tradición compartida.


Una tradición que no caduca

Lo curioso del Chupa la gamba es que no necesita publicidad: quienes pasan por allí saben que es parada obligada en ferias. Como decía uno de los parroquianos más entregados, “si no pasamos por la Cueva de Antolín, no hay fiesta para el galán”. Y lo cierto es que su frase resume el espíritu de este encuentro colectivo que mezcla lo gastronómico, lo musical y lo social en un mismo brindis.

Peñas históricas como la del Pito tampoco fallaron. Entre cervezas frescas y gambas recién cocidas, sus veteranos recordaban la historia viva de la ciudad y de sus fiestas. También hubo sitio para grupos de amigos vestidos de blanco, en un improvisado aire ibicenco, que brindaban con cerveza fría y copas de vino blanco mientras comían los crustáceos como si fueran pipas.

Porque al final, más allá de las tapas, de las gambas o del bullicio, lo que convierte al Chupa la gamba en cita ineludible es su carácter ritual. Un espacio donde la ciudad se reconoce a sí misma, donde cada cual encuentra caras conocidas y donde la alegría se contagia entre quienes llegan por primera vez y quienes llevan acudiendo desde hace décadas.

Así, con el sol de agosto iluminando la calle Libreros, la Cueva de Antolín volvió a demostrar que hay tradiciones que no caducan. El secreto no está solo en cocer gambas a diario, como dice José Luis, sino en cocer recuerdos compartidos, brindis repetidos y una hospitalidad que, como la canción, invita a seguir cantando: “Chupa la gamba”.

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