- El ritual se consolida como una de las citas más participativas y queridas del calendario festivo alcalaíno.
- Crónica gráfica y vídeo de Myriam Trujillo para ALCALÁ HOY
Alcalá ardió, y de qué manera, en la noche más mágica del año. La Hoguera de San Juan 2025, celebrada en el Parque de Juan de Austria, volvió a congregar a cientos de alcalaínos dispuestos a quemar lo malo, empaparse de buen rollo y dar la bienvenida al verano con fuego, música y una buena ducha cortesía de los bomberos.
Un ritual que ya es sagrado en el calendario festivo de la ciudad, y que este año tuvo como protagonista una falla en forma de lámpara mágica, diseñada por los artistas locales Diego y Laura. Si el pasado año nos sorprendieron con un homenaje al artesonado mudéjar de la Capilla de San Ildefonso, esta vez apostaron por la simbología mágica: la lámpara como receptáculo de deseos, esperanzas y malos augurios que debían arder sin piedad. La estructura, realizada con materiales no contaminantes, fue recibida con entusiasmo tanto por el público como por sus creadores, que la vieron convertirse en el depósito colectivo de todo lo que ya no queremos cargar.
El ambiente empezó a caldearse mucho antes de que prendiera la chispa. Los conciertos de Casamarela y el tributo Essencial: The Music of ABBA convirtieron el parque en una pista de baile retro, con nostálgicos coreando a pulmón abierto las canciones más icónicas del grupo sueco. Todo ello dentro de las Fiestas del Distrito V, que se vienen celebrando desde el pasado 18 de junio y se alargarán hasta el 5 de julio.
Cuando el bombero se convierte en ídolo popular
Pero el momento álgido llegó con la caída del sol. Una vez finalizados los conciertos, los voluntarios de Protección Civil trasladaron en volandas la falla de madera hasta su ubicación definitiva. Allí, como manda la tradición, cientos de personas depositaron sus papelitos con lo que querían dejar atrás: penas, miedos, rabias, nombres propios… Incluso quienes no llegaron a tiempo para entregar sus deseos, se los pasaban al personal de seguridad y bomberos, como si se tratara de un buzón mágico de última hora.
Entre quienes participaron activamente del ritual estuvo la alcaldesa Judith Piquet, que también arrojó su pequeño papel a las llamas. Aunque no se desveló su contenido, porque si se cuenta, ya se sabe, no se cumple. Dejamos a la imaginación de nuestros lectores lo que la primera edil pudo haber querido dejar atrás en esta hoguera simbólica. Tal vez la presión del cargo, alguna polémica reciente o simplemente el calor sofocante de una Alcalá en plena canícula.
Acompañando a la regidora, numerosos miembros del equipo de gobierno: Isabel Ruiz Maldonado, presidenta del Distrito V, Antonio Saldaña, concejal de Fiestas y Tradiciones Populares, Esther de Andrés, de Mayores, Teófilo Lozano, de Salud, Dolores López, de Educación y Deportes, y Pilar Cruz, de Juventud, todos ellos firmes al pie del fuego.
También quiso estar presente el portavoz socialista Javier Rodríguez Palacios, junto a los ediles María Aranguren, Diana Díaz del Pozo y Alberto González, quien acudió muy bien acompañado por su perrita Bimba, que se ganó las sonrisas del público por su simpatía y saber estar. Incluso bajo el calor de la hoguera, Bimba aguantó la noche con elegancia canina, sin perder la compostura.
Y si hablamos de estrellas de la noche, no podemos dejar de mencionar a los bomberos, que este año se ganaron una ovación más propia de una estrella del pop. Manguera en mano, y con un arte que ya querrían en las fiestas de San Fermín, se dedicaron a refrescar a los asistentes con generosos chorros de agua que convirtieron el Parque en una improvisada fuente pública. A la que uno levantaba la mano, allá que iba el chorro salvador, para delirio del personal. No faltaron los cánticos, las risas, los móviles grabando el momento y los vítores a los bomberos, que bien podrían empezar a preparar camiseta para la próxima edición: “Si hay hoguera, que no falte la manguera”.
Más de uno bromeaba con que nos estábamos asando como cochinillos en un asador segoviano, pero con la ventaja de que aquí el fuego purificaba… y luego te daban una buena regada. Lo que empezó como una medida de seguridad se ha convertido en lo más esperado de la noche. Tanto es así, que lo de mojar al personal está en camino de pasar de anécdota a costumbre, y de ahí a tradición. Tiempo al tiempo.
Cuando las llamas empezaron a menguar, quedaban las brasas, el olor a humo dulce y el murmullo de cientos de vecinos que volvían a casa con la sensación de haber soltado lastre. Una catarsis colectiva, un gesto simbólico, y una noche donde, por un rato, todos fuimos niños creyendo que si lanzas tu deseo al fuego… algo puede cambiar.
La Hoguera de San Juan de Alcalá, una vez más, prendió con fuerza. Y no solo en la madera.























