Padres que fabricaban, hijos que reparten: la precariedad que florece en Alcalá de Henares

El martes de esta semana EL PAÍS se hacía eco de la situación de Francisco López Medina de 75 años que trabajó toda su vida en la fábrica de Poliseda de Alcalá de Henares, y de su hija Carmen de 49 años, que trabaja en una planta logística de la zona, cobra el salario mínimo, para contraponer dos experiencias generacionales diferentes, y dos modelos de desarrollo económico: el industrial y el de las empresas logísticas.

Francisco Lopez y Carmen Lopez, padre e hija posando ante una empresa logística de Alcalá de Henares, dos generaciones laborales, uno dedicado a la fabricación convencional y la otra a una plataforma de logística.. KIKE PARA.
  • Las grandes fábricas del Corredor del Henares generan menos empleo que hace años, mientras crece el número de plantas logísticas.
Trabajadores de Roca durante las protestas en 2013 por los recortes en la planta. Cortesía de Francisco López Medina.

Según relata el periodista alcalaíno  Emilio Sánchez Hidalgo en EL PAÍS, Francisco López Medina (75 años) trabajó toda su vida en la fábrica de Poliseda de Alcalá de Henares. “Empecé con 22 años y estuve allí hasta los 58, cuando me prejubilaron”. Tras un breve periodo de prueba le hicieron indefinido con un “sueldo apañado”, suficiente para casarse y comprar una casa al poco tiempo. Cuando se jubiló, en 2005, cobraba 2.300 euros al mes. Aunque los precios han crecido un 41% desde entonces, 17 años después ese salario seguiría estando muy por encima de la media (1.751 euros al mes).

Su hija Carmen (49 años), que trabaja en una planta logística de la zona, cobra el salario mínimo. Lleva cuatro años encadenando contratos de obra y servicio y ni siquiera mantiene relación contractual directa con la planta en la que trabaja, sino que la emplea una empresa de trabajo temporal (ETT). “La incertidumbre es lo peor, no saber si te van a renovar. La reforma laboral obliga a que hagan indefinidos a varios y no vamos a entrar todos. Tengo compañeras con hijos que están solas y no saben qué hacer”, dice Carmen. Francisco disponía de media hora para comerse un bocadillo, mientras que su hija cuenta con un cuarto de hora que debe recuperar al final de la jornada.

Padre e hija hablan de su carrera profesional en una terraza de Alcalá, el principal municipio del Corredor del Henares. Esta zona de la Comunidad de Madrid fue un motor industrial, pero hoy queda menos del esplendor de entonces. Las fábricas que empleaban a centenares de personas ahora dan trabajo a menos personal o han cerrado sus puertas. De forma paralela, cientos de plantas logísticas, que por lo general ofrecen condiciones laborales peores que las de la industria, han florecido en los últimos años. Según datos de la Asociación de Empresarios del Henares (AEDHE) en 2019 había 4.949 centros de producción logísticos y de transporte en la comarca, frente a los 4.115 industriales.


Roca, la joya de la corona industrial en Alcalá de Henares

Una de las metáforas de esa transición es la fábrica de Roca, la joya de la corona industrial en Alcalá de Henares. “En su mejor momento éramos 2.000 trabajadores fabricando bañeras y sanitarios. Los nuevos recortes dejarán la plantilla en unos 89 empleados, no se fabrica y parte de la planta va a operar como un almacén logístico”, cuenta Juan Salamanca (66 años), que trabajó 46 en Roca, hasta que se jubiló en 2018. “Tenías toda la tranquilidad del mundo, porque si no era ahí sabías que ibas a trabajar en cualquiera de las otras fábricas de la zona. Cobrabas un buen sueldo y sabías que ibas a poder desarrollarte como persona”. Con 21 años se compró una casa, 11 menos de los que ahora tiene su hija Sara, que trabaja en una planta logística, cobra el salario mínimo y vive de alquiler. “Estás atada, no puedes ahorrar. Trabajas para sobrevivir. A veces mi pareja y yo tenemos que pedir ayuda a nuestros padres… Es triste pensar todo lo que ha perdido esta zona con el cierre de industrias y la expansión de la logística”.

“Los problemas de la industria en el Corredor comienzan con la deslocalización de empresas a países del este de Europa en los años 90. Esto empalmó con la burbuja inmobiliaria, que hizo que algunas empresas que funcionaban cerrasen para urbanizar sus terrenos y vender viviendas”, recuerda Vicente García, secretario general de CC OO en el Corredor del Henares. La fábrica en la que trabajaba trasladó su producción a China en 2005. Según datos de este sindicato, los cuatro principales municipios de la zona han sufrido la sangría industrial: Alcalá empleaba a 14.239 personas en sus fábricas en 1993, un 25% menos en 2020; Torrejón de Ardoz a 11.689, mientras que ahora tiene la mitad; Coslada empleaba a 4.488, un 50% menos en 2020; y San Fernando de Henares a 6.468, cifra que se recorta ahora un 60%.


Los empresarios de la zona también reclaman el retorno de la industria.

En 2019, la Asociación de Empresarios del Henares pidió en Bruselas, junto a sindicatos y alcaldes, que el Corredor sea catalogado como zona de preferente reindustrialización. “El apoyo a la industria es esencial para el crecimiento del Corredor. En estos momentos, tras la pandemia, ha quedado evidenciado que hay que apostar por industria propia. Seguimos luchando para conseguirlo”, indica la presidenta de esta patronal, Laly Escudero. A la vez, celebra el boom de la logística en la zona y no cree que las condiciones precarias en logística sean comunes: “No se puede generalizar”. “La logística es un sector en crecimiento y ha sabido tirar del empleo en los últimos años. Todos los puestos de trabajo que se generen son importantes”, añade.

López Medina, el trabajador jubilado de Poliseda, no cree que la industria vaya a volver al Corredor del Henares. “Viví los cierres de las fábricas con mucha impotencia. Fue terrible. No sé qué futuro tienen las nuevas generaciones, con tan poca estabilidad. No te puedes arriesgar a dar ningún paso en tu vida. Aquí te dedicas al ocio o a la logística”. Es un lamento compartido por Salamanca, la hija del extrabajador de Roca: “Yo estuve en los campamentos con mi padre, con sus compañeros y con mi madre para que no cerrasen la fábrica. Lo viví con él. Es una pena pensar lo que se perdió tras esa lucha”.

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