Más Loquillo y menos Guardiola | Por Carlos Cotón

Como ciudadano me gusta estar informado. Me gusta leer y escuchar a personas que piensan como yo, pero también y fundamentalmente a las que no piensan como yo. No para comprenderlas, que en parte también, sino para aprender y reafirmarme en mis postulados.

 

  • Analista político  colaborador de ALCALÁ HOY

 

Por ejemplo, yo puedo escuchar una entrevista o leer un artículo de un político independentista, pero nunca lo haré para tratar de comprender el por qué de sus tan, a mi juicio, reaccionarias reivindicaciones, sino para ahondar en los argumentos que para mí dejan en evidencia a una ideología sumamente egoísta como lo es el nacionalismo. Y he de confesarles que últimamente sigo las reflexiones de personas ajenas a la política que se pronuncian sobre cuestiones, precisamente, políticas.

Esto último me sucedió, recientemente, cuando seguía una entrevista que le hacían a Loquillo. Aparte de ser un fiel admirador de su música, me interesaba mucho conocer qué es lo que pensaba él acerca del contexto político que nos rodea hoy en España. Lo cierto es que vi a una persona sincera pero crítica. Crítica con todo aquello que se le preguntaba, pero siempre desde el amor a su país y a sus conciudadanos. No desde un concepto de amor a España identitario o sentimentalista, sino desde un concepto racional, sosegado, diverso. Eso es lo que yo creo que nos falta en la política española. Miradas y voces patriotas, en el sentido más cívico del término, pero críticas. Que reconozcan lo bueno que se hace en España, pero también lo malo, lo que no funciona. Soy consciente de que, leído así, esto es una tarea eminentemente subjetiva, pero yo apelo a una visión de las cosas desde un punto de vista racional, de sentido común.

Todo lo contrario a lo que me pasó con Loquillo me sucede cuando, por ejemplo, Pep Guardiola se pronuncia sobre cuestiones políticas. Desde luego defiendo su derecho a expresarse, pero no puedo concebir que alguien de su proyección internacional pueda hablar del sistema democrático del país que en parte le ha otorgado esa proyección internacional de méritos reconocidos, en los términos en los que habla. Desde el extranjero, Guardiola no se cansa de repetir que en España hay presos políticos, que hay que reconocerle a Cataluña un ficticio derecho a la autodeterminación que no se lo reconoce ningún Tratado internacional –comunitario y extracomunitario-, que Cataluña no forma parte de España o que en alguna ocasión se haya erigido en portavoz de no sé qué causa pidiendo mediación internacional para resolver no sé qué conflicto entre Cataluña y España. Todo ello, eso sí, desde una exacerbada defensa del régimen qatarí que como creo que todos ustedes saben, goza de una más que dudosa, por no decir nula, calificación democrática. Creo que Guardiola aspiraba a ser un activista del nacionalismo catalán –cosa legítima, no digo que no- pero ha terminado por convertirse en un hooligan del ultranacionalismo identitario que habita hoy en la Generalitat.

Nos sobran hooligans en la política española y se echan en falta voces críticas, racionales, pero siempre desde el respeto a las normas básicas de la democracia. Voces que aporten realismo y sentido común a la situación por la que atraviesa España. En definitiva, voces que sepan distinguir entre lo blanco y lo negro. Eso nos ayudaría a revertir el clima de desafección hacia la política que se percibe hoy entre la sociedad. Los niveles de credibilidad de una actividad tan necesaria e imprescindible en cualquier sociedad civilizada como es la política, están bajo mínimos. Y en gran parte esto se debe, y desde la más absoluta humildad lo digo, a las elevadas dosis de exageración e histrionismo inoculadas por la actual clase política durante años.

En la política española sobran hooligans porque se quiere convertir en normal lo que desde un principio es completamente anormal. Pactar la gobernabilidad de España, las grandes cuestiones de Estado, con aquellos que quieren romper España, el Estado, no parece muy lógico. Si nos atenemos a los hechos consumados y a la hemeroteca, en España es más común el pacto entre partidos que se autodenominan ‘de Estado’ con nacionalistas, que el pacto entre quienes coinciden en lo más elemental: la defensa de la unidad territorial y cívica de España y la defensa de la Constitución en su concepción de marco jurídico que reconoce derechos y garantiza libertades.

No estoy marcando cómo se tiene que sentir cada uno de ustedes. Somos libres de sentirnos como queramos. No se nos va a perseguir por ello. Yo sí me siento español, patriota convencido desde esa concepción del término cívica que he explicado antes. Y no soy más ni mejor que nadie por ello. Pero independientemente de cómo nos sintamos cada uno de nosotros, creo que es tarea de todos cuidar, proteger y hacer valer el sistema de libertades, la Democracia que disfrutamos en España. Porque somos una Democracia avanzada, porque vivimos en un país con uno de los estándares democráticos más altos del mundo y así lo reconocen numerosas instituciones internacionales de prestigio. Porque sí, porque España es un gran país.

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