Como pollos sin cabeza | Por Santiago López Legarda

Han pasado 42 años desde las primeras elecciones democráticas. La derecha y el centro derecha han gobernado durante 20 años y el centro izquierda ha manejado el timón durante 22. Cifras que nos hacen recordar el casi empate eterno entre Madrid y Barça en la larguísima serie de clásicos que llevan disputados.

Foto de Borja Puig de la Bellacasa (EFE ) 
  • El 28 de abril abriremos un nuevo ciclo, pero para entonces la gran mayoría estará más preocupada por el tiempo durante el puente del Primero de Mayo que por la aritmética parlamentaria que alumbren las urnas.

 

  • Santiago López Legarda es un periodista alcalaino que ha ejercido en diferentes medios nacionales.

Puede que lo que cuento sucediera en otro país, otra ciudad, otra vida, como dice la bellísima canción de Amaral. Pero mi memoria, que es larga y selectiva, y yo creo que muy certera cuando quiere, lo sitúa nítidamente en el estadio Bernabéu durante la década de los ochenta del siglo pasado. Nuestros ojos asistieron asombrados a una de aquellas remontadas históricas al calor del miedo escénico que tan atinadamente definió el filósofo argentino Jorge Valdano. El rival era un equipo alemán de campanillas y su entrenador, al final del encuentro, acudió a la sala de prensa y, sin excusas ni paños calientes, resumió lo ocurrido con la precisión de un cirujano: mis jugadores corrían por el césped como pollos sin cabeza, dijo el teutón.

La memoria como refugio inexpugnable contra las amarguras de la vida, queridos amigos de la hinchada madridista. Mi tocayo Solari pudo haber tenido la grandeza de reconocer que sus jugadores y él mismo llevaban una semana comportándose como pollos sin cabeza, pero no la tuvo. Un comportamiento descerebrado que arrancó en Ámsterdam, cuando el gran capitán buscó alevosamente la tarjeta amarilla creyendo que la cosa estaba resuelta. Paciencia y barajar. Este es mi consejo, queridos amigos de la hinchada merengue. Llegará un día – esperemos que no pasen 32 años como los que transcurrieron entre la Sexta y la Séptima – en que podréis deciros a vosotros mismos y podréis decirles a vuestros rivales: ya llueve menos.

Si he comenzado este comentario dedicando un par de párrafos al fútbol, siendo como soy tan aficionado a la economía y la política, es porque me ha venido a la cabeza la máxima del cartaginés Publio Terencio, que leí en algún papel sobre Carlos Marx: soy un hombre y, en consecuencia, nada de lo humano me es ajeno. Y qué cosa más humana que el fútbol y la política, ambos ligados muy a menudo y siempre poblados por gentes que mueven la pelota o lanzan las propuestas sin el necesario fundamento.

Qué decir, por ejemplo, de alguien que se presenta a sí misma como “portavoza” de su organización, que le pone a su plataforma electoral el nombre de Unidas Podemos y que promete incluir en los planes de estudio una nueva asignatura  sobre feminismo. ¿No resulta un poco cruel amenazar a nuestros tiernos infantes, con sus espaldas ya encorvadas por el peso de tanta mochila y tanto libro y tanto cuaderno, con una nueva asignatura cada vez que un problema o un asunto o una reivindicación se ponen de moda? ¿No bastaría con tener una asignatura que se llamase Convivencia Democrática o Educación Cívica, ya que el nombre de Educación para la Ciudadanía parece provocar brotes de alergia en el campo de la derecha? Ya digo que tengo una memoria selectiva y buena solo cuando quiere, de modo que es muy posible que esta asignatura que yo defiendo ya esté en los planes de estudio, después de las muchas idas y venidas que provocan los cambios de color en el ejecutivo.

Y qué decir de alguien que tensa la cuerda con su empecinado intento de “gobernar hasta el último segundo” a golpe de decretazo. ¿Acaso los cambios que se propone aprobar Sánchez en sus viernes sociales (que acabarán siendo de Dolores… de cabeza) responden a problemas o situaciones de extraordinaria y urgente necesidad? ¿No convendría pasarle la pelota a alguien que aún conserve la cabeza sobre los hombros y que trate de darle un poco de pausa y sentido al juego? ¿No hay por ahí a mano ningún asesor que le diga a quien corresponda que la ciudadanía no es tonta, que lo más adecuado es actuar con prudencia y que el voto no va a cambiar por lo que diga la referencia del Consejo de Ministros ni por los aspavientos y sobreactuaciones de la derecha soliviantada?

Han pasado 42 años desde las primeras elecciones democráticas. La derecha y el centro derecha han gobernado durante 20 años y el centro izquierda ha manejado el timón durante 22. Cifras que nos hacen recordar el casi empate eterno entre Madrid y Barça en la larguísima serie de clásicos que llevan disputados. Por otra parte, la búsqueda de la felicidad, que es la madre del cordero, según dejaron sentado los padres de la independencia norteamericana, ha  seguido dependiendo de cada cual, sin importar para nada ni los colores de las cortinas ni la densidad del colchón preferidos por el inquilino (alguna vez será inquilina, ¿no?) de la Moncloa.

Así que no atosiguen, no se pongan nerviosos por el alto nivel de indecisos que detectan las encuestas, no quieran marcar goles a cualquier precio, no nos anuncien las siete plagas bíblicas si no votamos lo que ustedes desean, no corran de mitin en mitin como pollos sin cabeza. El 28 de abril abriremos un nuevo ciclo, pero para entonces la gran mayoría estará más preocupada por el tiempo durante el puente del Primero de Mayo que por la aritmética parlamentaria que alumbren las urnas.

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