Ferias de Alcalá: el toro como símbolo | Por Javier Bardón

El profesor de Psicología Social Javier Bardón reflexiona sobre el regreso de los toros a las Ferias de Alcalá y, sobre todo, sobre cómo ha cambiado su significado. Desde los recuerdos infantiles de las tardes de verano junto a su abuelo hasta las actuales batallas culturales, el autor se pregunta qué queda de aquella tradición convertida hoy en símbolo político y dirige también su mirada crítica hacia quienes utilizan estas disputas como trincheras ideológicas.

Fotocomposición AH@
  • Bardón contrapone sus recuerdos infantiles de los toros con una actualidad donde tradición, política e identidad alimentan nuevas batallas culturales en Alcalá.

      • Javier Bardón es profesor de Psicología Social, escritor y peatón»

Confieso que el verano y las ferias me siguen evocando a pueblo. Es una sensación que tengo muy interiorizada, como el olor a pólvora de los petardos, la sandía fresca o las persianas entornadas, que dejaban la casa fresca y en penumbra, y proyectaban un rosario de cuentas de luz por las paredes, la cocina, el comedor. Y era justo allí, en el comedor, a la hora de la siesta, cuando echaban los toros por la tele. A falta de otras distracciones, a veces me sentaba a verlos con mi abuelo materno, que era mucho de esa tradición.

No recuerdo que nadie se preguntara entonces si estaban bien o estaban mal. Simplemente estaban. Formaban parte del paisaje agostí, como los petardos, la verbena o la misa de domingo. Tampoco recuerdo que fueran de izquierdas o de derechas, salvo por el pitón con el que embestían. Eran más bien algo transversal.

Este verano vuelven los toros a Alcalá, como torna la cigüeña al campanario. Sin embargo, no vuelven igual; no porque haya cambiado el toro, sino porque ha cambiado su significado. Antes eran fiesta, espectáculo, tradición; ahora son, sobre todo, símbolo. Y los símbolos nunca son inocuos: condensan una idea, una identidad, una forma de mirar el mundo.

Batallas culturales, lo llaman ahora.

Pero ¿por qué se lucha exactamente?

Obviamente no por el toro. Ni siquiera por los toros. Se lucha por una bandera, una trinchera, una idea romantizada —porque la vuelta a un pasado romantizado parece que da votos—, una determinada idea de lo que debe significar España, esa España que, como decía Machado, ora y embiste cuando se digna a usar la cabeza.

Mientras tanto, el morlaco —negro, inocente, temeroso— espera en medio de la plaza el cite con la muerte, ajeno a las disputas entre unos y otros.

Yo me pregunto: ¿merece la pena? Y entonces pienso en algunos políticos locales, crueles como una pulla, con sus mentiras, sus y tú máses, su amor por los alamares, por las sedas y los oros, y la sangre de los toros… Sus batallitas de niños de pueblo, en definitiva.

Quizá los tiempos cambian, y hacerse preguntas no sea ya cosa de niños, sino de hacerse mayor. Quizá, en vez de quedarse absortos con proyecciones de luz, como en la caverna platónica, convenga mirar por los agujeros de la persiana y ver qué hay fuera.

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1 Comentario

  1. Pá mi que la bandera de los toros la usan todos, desde los “crueles como una pulla, con sus mentiras, sus y tú máses, su amor por los alamares, por las sedas y los oros, y la sangre de los toros…”, hasta otros, solidarios como un beso, con sus verdades, sus y tú menoses, su cariño a los pirsines, a la pana y los foulares, del cerdo hasta los andares… y amor al rabo de to…, no eso no, que no pega.

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