Núñez de Guzmán deja de ser una promesa: arrancan por fin las obras de una calle cansada de esperar

La esperada remodelación integral de la calle Núñez de Guzmán ya está en marcha. Tras años de anuncios, retrasos y reivindicaciones vecinales, las máquinas han comenzado a trabajar en una de las principales arterias del Distrito II. La actuación, con una inversión de 1,7 millones de euros financiada mayoritariamente por la Comunidad de Madrid, permitirá renovar el asfaltado, mejorar la accesibilidad, aumentar las plazas de aparcamiento y reforzar la conexión entre Puerta de Madrid y el Centro Histórico.

Foto del Ayuntamiento
  • La renovación de Núñez de Guzmán deja de ser una promesa con mejoras en firme, aceras, accesibilidad, aparcamientos y seguridad vial.
  • Fotos del ayuntamiento

Hay obras que nacen con fecha de inicio. Otras, en cambio, nacen como promesas y pasan años atrapadas en ese extraño limbo administrativo donde todo está previsto, presupuestado, anunciado… pero nunca empieza. La renovación integral de la calle Núñez de Guzmán pertenecía desde hace demasiado tiempo a esta segunda categoría.

Quienes viven en el barrio de Puerta de Madrid conocen bien la historia. El pavimento agrietado, los hundimientos del firme, las aceras deterioradas, los pasos de peatones desfasados y la sensación permanente de que aquella gran arteria de entrada y salida de la ciudad había dejado de existir para las prioridades municipales. Año tras año, la respuesta era prácticamente la misma: «el proyecto está previsto». Después llegaba otra explicación, otra dificultad, otro calendario. Siempre faltaba algo para que las máquinas aparecieran. Esta vez, sin embargo, las máquinas ya están allí.

La alcaldesa, Judith Piquet, visitó este jueves el inicio de unas obras que supondrán una inversión cercana a los 1,7 millones de euros, financiados en un 95 % por el Programa de Inversión Regional (PIR) de la Comunidad de Madrid. Y esa es, probablemente, la noticia más importante de todas: la calle Núñez de Guzmán ha dejado de ser un compromiso pendiente para convertirse, por fin, en una obra en ejecución.

No es un detalle menor. Porque en política municipal hay anuncios que generan titulares y obras que transforman barrios. Los vecinos del Distrito II llevan demasiado tiempo esperando pertenecer al segundo grupo.


Una arteria imprescindible para conectar barrio, patrimonio y ciudad

Núñez de Guzmán no es una calle cualquiera dentro del entramado urbano de Alcalá de Henares. Sus más de 800 metros unen el barrio de Puerta de Madrid con el entorno del Centro Histórico y constituyen uno de los principales ejes viarios del Distrito II.

(archivo de AH)

Por ella circulan miles de vehículos cada día. También centenares de peatones que utilizan una vía cuya degradación se había convertido desde hace años en una evidencia difícil de discutir.  La actuación prevista afecta al tramo comprendido entre la glorieta de Alfonso de Alcalá y la rotonda de Jesús Rodríguez Magro, incluyendo también el fondo de saco situado hacia el norte, especialmente castigado por los hundimientos del firme.

El proyecto contempla la renovación completa del asfaltado, la sustitución de la acera norte, la situada junto al barrio de Puerta de Madrid,  y la adaptación de todos los pasos de peatones a la normativa actual de accesibilidad.

La alcaldesa defendió durante la visita que se trata de «una actuación muy demandada por los vecinos» y calificó la obra como prioritaria dentro del plan municipal Alcalá mejora sus barrios. Piquet insistió además en que la intervención permitirá mejorar tanto la seguridad vial como la accesibilidad peatonal, al tiempo que reforzará la conexión entre el Centro Histórico y el yacimiento arqueológico de Complutum.

El argumento tiene lógica. No se trata únicamente de reasfaltar una calle deteriorada. También de modernizar uno de los accesos urbanos que enlazan dos espacios patrimoniales de enorme relevancia para la ciudad.


Más aparcamientos, mejores aceras y una deuda pendiente con el Distrito II

Si algo caracteriza a este proyecto es que va más allá del simple cambio de asfalto. La reorganización de la sección viaria permitirá crear una nueva banda de estacionamiento en línea junto al bulevar central, manteniendo una separación de seguridad de cincuenta centímetros para facilitar las maniobras.

Además, se incorporarán catorce nuevas plazas de aparcamiento distribuidas junto a las calles San Fructuoso, San Ildefonso, San Asturio Serrano y el entorno de las Galerías León. Puede parecer una cifra modesta, pero cualquier vecino del Distrito II sabe que encontrar aparcamiento en determinadas franjas horarias se ha convertido desde hace años en un ejercicio de paciencia.

El proyecto también actuará sobre las nueve plazas reservadas para personas con movilidad reducida, adaptándolas completamente a la normativa vigente mediante nuevos espacios de aproximación y rebajes en las aceras.

En total, la actuación abarca cerca de 36.700 metros cuadrados, de los cuales más de 22.700 corresponden al nuevo pavimento asfáltico. Sobre el papel, el resultado debería traducirse en una circulación más silenciosa, menos contaminante y más segura, además de mejorar notablemente la movilidad peatonal.

La verdadera prueba llegará cuando finalicen las obras. Porque el ciudadano no suele medir las inversiones en millones de euros, sino en la comodidad con la que circula cada mañana o en la facilidad para cruzar una calle con un carrito de bebé, una silla de ruedas o simplemente con cierta tranquilidad.


VOX reivindica el trabajo realizado en el Distrito II

El inicio de las obras también ha servido para que VOX reivindique su papel dentro del Gobierno municipal. En una nota difundida este mismo jueves, el portavoz municipal y presidente del Distrito II, Víctor Acosta, calificó la remodelación como «una reivindicación histórica de los vecinos» y aseguró que responde al trabajo realizado desde la Junta Municipal del Distrito.

Foto remitida por Vox

Acosta sostiene que el cambio empieza a apreciarse en esta zona de Alcalá gracias a una política de escucha activa con las asociaciones vecinales y recuerda que durante este mandato también han salido adelante varios aparcamientos largamente reclamados, además de distintas actuaciones de renovación urbana.

Su mensaje busca poner en valor el papel de VOX dentro del Ejecutivo local y subrayar que la gestión de los distritos también tiene reflejo en inversiones concretas.  No deja de ser una lectura política perfectamente comprensible. Cuando una obra importante comienza, todos los socios de gobierno intentan explicar cuál ha sido su aportación.

La realidad es que, para el vecino que lleva años esquivando baches, probablemente importe bastante menos quién capitaliza el proyecto que comprobar que esta vez sí se ejecuta.


De «el año que viene» a las excavadoras

Hace apenas dos meses, en ALCALÁ HOY publicábamos un reportaje con un título que resumía perfectamente el sentimiento de muchos residentes: «Núñez de Guzmán: la obra que siempre llega el año que viene«.

Era difícil encontrar una expresión más gráfica. Durante años la renovación de esta calle fue apareciendo periódicamente en discursos políticos, programas de inversiones y anuncios institucionales. Sin embargo, la realidad cotidiana seguía siendo exactamente la misma.

Los vecinos convivían con un firme envejecido, aceras deterioradas y una infraestructura claramente agotada. Hoy ese artículo adquiere una lectura diferente. No porque estuviera equivocado, todo lo contrario,  sino porque refleja precisamente el largo camino recorrido hasta llegar a este momento.

La política municipal suele moverse entre dos tiempos muy distintos. El tiempo de los anuncios, siempre rápido. Y el tiempo de las obras, casi siempre desesperadamente lento. Núñez de Guzmán ha sufrido durante demasiado tiempo esa diferencia de velocidades.

Ahora comienza la fase realmente importante: cumplir los plazos, minimizar las molestias inevitables y entregar una calle que responda a las expectativas generadas. Porque los vecinos han esperado mucho. Probablemente demasiado. Y cuando una obra acumula tantos años de retraso, ya no basta con inaugurarla. Hay que hacerla bien.

La renovación de Núñez de Guzmán llega tarde, sí. Pero llega. Y, en una ciudad donde demasiados proyectos se eternizan entre expedientes, licitaciones y promesas sucesivas, que las excavadoras sustituyan por fin a los anuncios ya constituye una noticia. Ahora solo queda una condición indispensable para que esta historia tenga un buen final: que nadie vuelva a tener que decir que la siguiente fase… llegará el año que viene.

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