- Juan Andrés Alba evoca la figura de Gabriel Villalba, maestro del arte expositivo y referente humano de una generación cultural
Ayer por la mañana, mi gran compañera y amiga María Jesús Gismero me dio la triste noticia: Gabi había dejado el terrenal mundo ordinario y se nos había ido para siempre al cielo de los artistas; entre pinturas, grabados y un montón de ediciones y catálogos de arte que manejaba como nadie. Gabriel Villalba fue muchas cosas, pero en nuestra ciudad fue faro y referente de una joven generación de artistas que floreció mediada la década de los años 80 y que recibió la mejor tutela posible. ‘Gabi’ manejaba como nadie un montaje expositivo, un catálogo, un proyecto artístico y era capaz de ensamblar con una especial sensibilidad el rigor de un oficio con la creatividad de un artista.
Era calmado y a la vez un torbellino; llegaba muy rápido a las soluciones artísticas y para el grupo de trabajadores de la Fundación Colegio del Rey era todo un referente; le teníamos cariño, respeto y una profunda admiración por su desempeño profesional. Él hablaba muy claro, porque sabía de lo que hablaba. Conocía la materia a la perfección y siempre plasmaba el camino más sencillo posible, el más elegante, el más directo, dentro de la complejidad del mundo expositivo y del mundo artístico.
Siempre recordaré su famosa y profunda mirada de otoño que mezclaba, con mucha sutilidad, destellos y fogonazos de primavera; con la fuerza de los poemas de Neruda y con el fluir incesante del mar y la vida de los de Vicente Aleixandre. Siempre recordaré cada día de aquellos maravillosos años en los que intentaba saber de qué humor estaba mi compañero Gabi según el tono de sus melodías silbadas, que recorrían aquellos inmensos pasillos del edificio del Cuartel de Sementales en la Plaza del Empecinado.
Y yo me sentía feliz cuando los ‘tres grandes amigos’; Gabi, María Jesús y Antonio Bas se ponían a solucionar uno de los millones de escollos que nos llegaban llovidos del cielo. Gabi fue un maestro, un referente y un gran tipo; probablemente incomprendido, muy alejado de la ordinariez rampante e inmerso en un extraordinario mundo interior repleto de arte.
El catálogo y la exposición que hizo de su amigo Pepe Hernández fue toda una oda de sabiduría. ¡Qué difícil es hacer algo parecido! Y además hacerlo con la seguridad que lo hacía, con la sencillez que lo presentaba y con la cotidianeidad de una rutina.
Tanto fue así que un día se nos fue Gabi del trabajo y desde luego que se notó. Y tanto que se notó. Gabi era un ‘insustituible’, un alma libre, de una sensibilidad arrolladora y de un mundo interior único.
Gabi fue siempre —y quizás el más duradero— de los componentes de aquella joven generación de profesionales que llegó a Alcalá para crear el sello de la Fundación Colegio del Rey.
Viva su legado para siempre. Viva el arte.

















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