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José Vicente Saz explica en Alcalá las claves científicas del hantavirus y descarta riesgos reales de pandemia mundial comparable al coronavirus.
El catedrático de Microbiología de la Universidad de Alcalá José Vicente Saz desmonta alarmismos y explica las claves científicas de una enfermedad ligada a roedores salvajes que, aunque puede ser muy grave, tiene una transmisión humana muy limitada.
El hantavirus ha irrumpido en los últimos días en titulares y redes sociales tras la detección de varios casos en un crucero internacional, despertando inevitablemente recuerdos de la pandemia de COVID-19 y alimentando una nueva ola de inquietud sanitaria global. Sin embargo, detrás de ese nombre que suena casi apocalíptico existe una realidad científica mucho más compleja y, sobre todo, bastante menos alarmante de lo que sugieren algunos mensajes difundidos en internet.
Así lo explica José Vicente Saz, catedrático de Microbiología y antiguo rector de la Universidad de Alcalá (UAH), quien insiste en que hablar de “el hantavirus” como si se tratara de un único agente infeccioso es un error habitual. “En primer lugar, no es un virus, sino una familia que tiene más de 40 virus diferentes”, aclara el especialista.
Según detalla, existen tres grandes grupos de hantavirus distribuidos geográficamente: el asiático, el europeo y el americano. Cada uno presenta características clínicas distintas, niveles de gravedad diferentes y formas específicas de afectar al organismo humano.
Mientras los hantavirus asiáticos suelen provocar fiebres hemorrágicas con afectación renal y una mortalidad elevada —que puede situarse entre el 30 y el 40%—, las variantes europeas generan cuadros renales más leves y generalmente con buena recuperación clínica. Los más preocupantes desde el punto de vista respiratorio son, sin embargo, los hantavirus americanos.
Saz recuerda que estos últimos comenzaron a conocerse internacionalmente en 1993, tras una epidemia detectada en la región estadounidense de Four Corners, donde confluyen Arizona, Colorado, Nuevo México y Utah. “Allí se identificó lo que posteriormente se conoce como el virus Sin Nombre”, explica el catedrático, en referencia a la primera variante americana vinculada al síndrome pulmonar por hantavirus.
Un virus ligado a roedores salvajes
Uno de los aspectos más importantes para entender el hantavirus es su origen zoonótico. Los reservorios naturales son diferentes especies de roedores salvajes, que portan el virus sin desarrollar enfermedad. “Los virus tienen su reservorio natural en los roedores salvajes, ya que no les hace nada”, resume Saz.
La transmisión al ser humano se produce principalmente cuando las personas inhalan partículas contaminadas procedentes de heces, orina o saliva de estos animales. Ese contagio suele darse en espacios cerrados, poco ventilados o con acumulación de suciedad donde hayan estado presentes roedores infectados.
A diferencia del coronavirus SARS-CoV-2, la transmisión entre humanos es extraordinariamente limitada. “La transmisión es poco eficaz, quiere decir que un enfermo transmite a pocas personas”, subraya el experto de la UAH.
Precisamente esa escasa capacidad de propagación es lo que lleva a los especialistas a descartar escenarios similares a los vividos durante la pandemia de la COVID-19. Aunque algunos hantavirus presentan tasas de mortalidad muy elevadas, su dificultad para transmitirse entre personas reduce enormemente la posibilidad de expansión global.
Otro de los elementos que Saz considera importante aclarar es que las medidas de desinfección son relativamente sencillas. “La descontaminación es muy sencilla porque basta la lejía”, explica, señalando que el hipoclorito sódico elimina eficazmente el virus de superficies contaminadas.
La aparición reciente de casos mediáticos ha generado inevitablemente comparaciones con el coronavirus, pero el catedrático insiste en que ambos patógenos tienen comportamientos epidemiológicos completamente distintos. “No es desde un punto de vista conceptual comparable con el coronavirus”, afirma.
Mientras la COVID-19 combinaba una capacidad de contagio altísima con una mortalidad relativamente moderada, el hantavirus presenta justamente el patrón contrario: una enfermedad potencialmente grave, pero con muy poca transmisión humana. Por ello, José Vicente Saz lanza un mensaje de prudencia científica frente al alarmismo. “La aparición de una epidemia o de una gran pandemia es muy improbable”, sostiene.
Eso no significa, sin embargo, que la comunidad científica deba bajar la guardia. El especialista considera que uno de los grandes retos sanitarios del futuro seguirá siendo comprender mejor las enfermedades zoonóticas y la relación entre animales y seres humanos, especialmente en un mundo cada vez más interconectado y sometido a cambios ambientales acelerados.
Porque si algo dejó claro la pandemia de coronavirus, concluye Saz, es que cada microorganismo plantea desafíos completamente distintos. “Lo que aprendimos con el coronavirus no sirve para los hantavirus, porque cada microorganismo es diferente y lo que tenemos que aprender con estos virus son otras cosas distintas”, sentencia.

















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