- El Consistorio refuerza controles y campañas informativas en El Val para alcanzar el censo total de perros y reducir conductas incívicas.
- Fotos del Ayuntamiento
El Ayuntamiento de Alcalá de Henares ha vuelto a sacar el bisturí del ADN canino para meter presión a quienes todavía convierten aceras, parques y zonas verdes en un circuito de obstáculos marrones. Esta vez el foco se ha situado en el barrio de El Val, donde operarios municipales, técnicos de la empresa adjudicataria y agentes de Policía Local han intensificado durante los últimos días las labores de control, toma de muestras y concienciación vecinal dentro de una campaña que el Consistorio considera ya estructural.
Porque el mensaje municipal empieza a sonar cada vez menos como una recomendación y más como una advertencia seria: el objetivo es alcanzar el 100 % del censo canino de la ciudad y reducir al mínimo el abandono de deyecciones en la vía pública. Y para ello el Ayuntamiento presume de músculo sancionador. Desde la puesta en marcha del proyecto ya se han tramitado más de 200 expedientes relacionados con incumplimientos de la normativa.
La escena empieza a resultar habitual en algunos barrios complutenses. Técnicos recorriendo calles, recogiendo muestras de excrementos abandonados y cruzando posteriormente los datos genéticos con la base municipal. Una especie de CSI canino a la alcalaína que, lejos de quedarse en anécdota tecnológica, busca reforzar la idea de que dejar una caca sin recoger puede acabar teniendo nombre, apellidos y multa.
Más de 10.000 perros ya fichados genéticamente
El concejal de Medio Ambiente y Limpieza, Vicente Pérez, visitó la campaña junto al responsable de la empresa ADN Canino, Enrique Perigüel, para insistir en la necesidad de que los propietarios registren a sus mascotas en el sistema municipal.
Según los datos facilitados por el Ayuntamiento, ya hay cerca de 10.200 perros censados en la ciudad, una cifra considerable pero todavía insuficiente para el objetivo que persigue el Consistorio: que ningún animal quede fuera del registro genético obligatorio.
Desde el Gobierno municipal sostienen que la implantación progresiva del sistema empieza a notarse en determinados barrios. No hablan todavía de una desaparición milagrosa de las deyecciones, algo que cualquier paseante desmentiría rápidamente, pero sí de una mejora paulatina en algunas zonas especialmente conflictivas.
La estrategia combina pedagogía y vigilancia. O dicho de otra forma: campañas informativas por un lado y capacidad sancionadora por otro. El Ayuntamiento quiere transmitir que el civismo no puede depender únicamente de la buena voluntad vecinal.
El Val, nuevo escenario de la campaña
El barrio de El Val se ha convertido ahora en laboratorio prioritario de estas actuaciones. No es casualidad. Se trata de una de las zonas con mayor densidad residencial de Alcalá y también de uno de los barrios donde más propietarios pasean diariamente a sus mascotas.
Durante las jornadas de control se han realizado nuevas tomas de muestras de excrementos abandonados, además de labores de información directa a los vecinos sobre las obligaciones vinculadas al censo de ADN y a la limpieza de la vía pública.
El sistema funciona mediante la identificación genética individual de cada perro. Cuando aparece una deposición abandonada, la muestra puede ser analizada y comparada con la base de datos municipal hasta localizar al animal responsable y, en consecuencia, a su propietario.
El Ayuntamiento considera que este modelo no solo sirve para castigar conductas incívicas, sino también para reforzar la corresponsabilidad ciudadana. En otras palabras: que quien sí cumple no tenga que convivir permanentemente con la dejadez ajena.
La botella de agua ya no es opcional
Entre las obligaciones que el Consistorio recuerda de forma insistente figura una que todavía sigue generando cierta resistencia entre muchos dueños de mascotas: la obligatoriedad de llevar agua para diluir los orines.
La imagen del propietario paseando con una pequeña botella incorporada al kit perruno empieza a normalizarse en Alcalá, aunque todavía no de manera universal. El Ayuntamiento insiste en que limpiar las micciones forma parte de las normas básicas de convivencia urbana y no de una recomendación voluntaria.
La campaña recuerda además tres principios que el Consistorio considera irrenunciables: está prohibido dejar deposiciones en calles y parques, los excrementos deben recogerse inmediatamente y los orines deben limpiarse mediante agua.
Todo ello dentro de una estrategia más amplia que busca mejorar la percepción de limpieza urbana en distintos barrios de la ciudad, uno de los asuntos que más quejas vecinales sigue generando en redes sociales y canales municipales.
Un modelo que ha llegado para quedarse
Lejos de tratarse de una actuación puntual, el Ayuntamiento deja claro que el ADN canino ha venido para quedarse. La colaboración permanente con Policía Local permite mantener controles periódicos durante todo el año, consolidando un sistema continuo de verificación y seguimiento.
El Gobierno municipal considera además que el proyecto tiene un efecto disuasorio creciente. Cuanto mayor sea el número de perros registrados, más difícil resultará escapar del radar municipal para quienes incumplen las normas.
Mientras tanto, la ciudad continúa adaptándose a una realidad cada vez más evidente: Alcalá es también una ciudad de mascotas. Y en esa convivencia cotidiana entre vecinos, parques, terrazas y paseos urbanos, el civismo se ha convertido ya en una cuestión genética.

















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El Ayuntamiento no hace NADA…. En caso contrario no pasaría esto.