- El veterano peregrino complutense enlaza cuatro caminos jacobeos para unir Alcalá y Tuy en un recorrido cargado de simbolismo espiritual.
El presidente de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago Complutense, Dámaso Rodríguez, se encuentra culminando uno de los retos más singulares y simbólicos vinculados al espíritu jacobeo y a la ciudad de Alcalá de Henares. Bajo el nombre de ‘Cruzando Caminos’, este peregrino de 71 años ha emprendido una travesía de más de 1.000 kilómetros a pie para unir Alcalá con la localidad gallega de Tuy (Tui), enlazando cuatro rutas históricas del Camino de Santiago en un mismo recorrido.
La iniciativa, adelantada por el diario regional El Norte de Castilla, combina peregrinación, memoria personal y un fuerte componente espiritual. Dámaso partió desde Alcalá recorriendo primero el Camino Complutense hasta Segovia; posteriormente enlazó con el Camino de Madrid hasta Sahagún; desde allí continuó por el Camino Francés hasta Santiago de Compostela; y finalmente emprendió el Camino Portugués en sentido inverso hasta Tuy.
Más allá del desafío físico, el proyecto tiene una profunda carga simbólica. Según explica el propio Dámaso Rodríguez, el objetivo es “unir la espiritualidad de los niños santos Justo y Pastor con la de San Pelayo de Tuy”, así como conectar la catedral complutense con la de Santa María de Tuy. Una unión entre sus raíces gallegas y su vida en Alcalá que resume en una frase cargada de emoción: “unir las raíces de adopción de Alcalá con las vitales de Tuy”.
Durante su paso por Castilla y León, el peregrino hizo recientemente parada en Medina de Rioseco, donde aprovechó para descansar y disfrutar del patrimonio de la localidad vallisoletana tras una especialmente dura etapa de 31 kilómetros. En declaraciones recogidas por el periódico castellano, Dámaso define el Camino de Madrid como una ruta “muy fácil, hermosa, solitaria y muy interesante”, aunque también relata algunos contratiempos, como encontrarse cerrado el albergue de Peñaflor de Hornija, lo que le obligó a prolongar la jornada hasta Castromonte.
Más de medio siglo viviendo el Camino
La mochila de Dámaso Rodríguez acumula mucha más experiencia que kilómetros que no son pocos. Desde que comenzó a peregrinar con apenas 17 años ha realizado más de medio centenar de caminos jacobeos. No oculta su pasión: “Soy un adicto al Camino”, afirma con naturalidad.
Aquellos primeros caminos poco tienen que ver con la popularidad actual de las rutas jacobeas. Recuerda incluso una noche de tormenta en la que, sin albergues ni señalización, tuvo que dormir en el calabozo del cuartel de la Guardia Civil de Murias de Rechivaldo, en Astorga, gracias a la hospitalidad de los agentes.
Fruto de esa larga experiencia nació en 2023 su libro Ruta Jacobea. Camino y Leyenda. Ahora, ya jubilado tras una larga carrera como inspector jefe del Cuerpo Nacional de Policía, se ha propuesto recorrer de nuevo todos los caminos que realizó antaño, pero esta vez completos y sin interrupciones. Antes debía adaptarlos a sus obligaciones laborales; hoy puede vivirlos sin etapas forzadas ni calendarios.
Para Dámaso, el Camino sigue siendo una experiencia profundamente espiritual y humana. “El Camino no se anda, se vive”, asegura. Y añade: “Cuando los silencios del Camino se encuentran con mi silencio, surgen grandes introspecciones”. Explica también que muchos peregrinos “se abren a ti y te acaban contando su vida”, descargando simbólicamente las mochilas emocionales que llevan encima.
Un vínculo espiritual entre Alcalá y Galicia
El proyecto ‘Cruzando Caminos’ ha contado además con respaldo institucional desde Alcalá de Henares, especialmente a través de la primera teniente de alcalde, Isabel Ruiz Maldonado, que ha mostrado públicamente su apoyo a esta iniciativa de hermanamiento espiritual y cultural entre Alcalá y Tuy.
En cada etapa, Dámaso lleva consigo un pequeño símbolo muy especial: las conocidas “manos de Mocho”, emblema de amistad jacobea que entrega a personas que encuentra en el Camino y que, de una u otra forma, representan los valores de hospitalidad, solidaridad y encuentro asociados al espíritu peregrino.
Entre todas las rutas que ha recorrido, reconoce una especial conexión con el Camino Francés y el Primitivo, aunque considera que “el más bello” es el Camino de Invierno desde Ponferrada. Y a sus 71 años sigue demostrando que el Camino de Santiago no entiende de edades ni de metas definitivas. Porque, como repite quien ha pasado media vida caminando hacia Compostela, siempre existe un motivo para volver a echarse la mochila al hombro.
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