- El Ejecutivo local defiende reordenar actividades para evitar saturación, mientras el PSOE denuncia desmantelamiento y pérdida de impacto económico en el centro histórico.

El choque político en torno a Complutum Renacida y, en concreto, al futuro del mercado romano, ha subido varios grados en apenas 24 horas. A la crítica del PSOE, que habla abiertamente de “desmantelamiento”, ha respondido el equipo de Gobierno con una enmienda a la totalidad: aquí no se desmonta nada, vienen a decir, se reorganiza. Y en esa reorganización, el Casco Histórico deja de ser un contenedor sin límites para convertirse en un espacio con reglas. O, al menos, esa es la tesis que defiende el Ejecutivo municipal.
La primera teniente de alcalde y concejala de Turismo, Isabel Ruiz Maldonado, ha sido la encargada de fijar posición. Y lo ha hecho con una idea-fuerza que no es nueva pero sí cada vez más insistente en el argumentario del Gobierno local: gobernar es “conjugar derechos”. Traducido: ni barra libre de eventos ni ciudad en silencio monacal. Un equilibrio, dicen, entre el derecho al descanso de quienes viven en el centro y el derecho a disfrutar de una ciudad activa desde el punto de vista cultural y turístico.
El mensaje no es inocente. Llega en plena resaca del debate sobre el ruido en el Casco Histórico y en un contexto en el que las quejas vecinales han ido ganando espacio público. El Gobierno local intenta así ocupar una posición intermedia, reivindicando que no está ni con el “todo vale” ni con el “aquí no se hace nada”. Una especie de tercera vía que, en política municipal, suele ser más complicada de sostener de lo que parece.
Un cambio de modelo con decisiones concretas
Para apuntalar ese discurso, Ruiz Maldonado tira de inventario. No de intenciones, sino de decisiones ya adoptadas: la reorganización de Alcalá Suena!, la eliminación de la música en terrazas o el anunciado traslado del mercado romano al entorno de Complutum a partir de 2027. Medidas que, en conjunto, buscan, según el Gobierno, rebajar la presión sobre el centro histórico.
Aquí está el núcleo del debate. Porque lo que para el Ejecutivo es una redistribución lógica de actividades, para la oposición es una pérdida de centralidad cultural y económica. El Gobierno insiste en que “se actúa donde antes no se actuó”, deslizando de paso una crítica directa a la etapa anterior. Es, en el fondo, un relato de herencia: lo que había era desorden; lo que llega ahora es planificación.
La clave está en si ese relato cala. Porque mover piezas, y el mercado romano es una pieza importante, siempre tiene consecuencias. El traslado al entorno de Complutum no solo reubica una actividad, también redefine su relación con la ciudad. La pregunta de fondo es si gana coherencia histórica o pierde capacidad de atracción masiva en el corazón urbano. Y ahí es donde las interpretaciones empiezan a divergir.
Del “desmantelamiento” al “mejor gestión”: el choque de relatos
El PSOE ha optado por un término fuerte: desmantelamiento. No es casual. Con esa palabra intenta construir la idea de que el Gobierno local no está reorganizando, sino debilitando progresivamente uno de los eventos culturales más reconocibles de la ciudad. La crítica no se queda en lo simbólico: apunta también al impacto económico, alertando de que sacar el mercado del centro puede reducir su retorno para el comercio local.
Frente a eso, el Gobierno responde con otra palabra clave: gestión. “No se elimina cultura, se gestiona mejor”, sostiene Ruiz Maldonado. Es un clásico duelo semántico: desmontar frente a ordenar, recortar frente a equilibrar. Dos formas de contar lo mismo que, en política, suelen ser más importantes que los hechos en sí.
Los socialistas, además, introducen un elemento que incomoda al Ejecutivo: el de la coherencia. Recuerdan que el propio Gobierno valoró en su momento el mercado romano como un éxito de dinamización. ¿Qué ha cambiado entonces? Para el PSOE, no el evento, sino la gestión municipal. Para el Gobierno, en cambio, lo que ha cambiado es la necesidad de poner límites.
En paralelo, aparece otro eje habitual: el del diálogo con las asociaciones. El PSOE acusa al Ejecutivo de no escuchar; el Gobierno responde, implícitamente, que escuchar no significa mantener todo como estaba. Una discusión que, más allá del caso concreto, conecta con el modelo de gobernanza cultural de la ciudad.
La pulla romana y el tono del debate
Y luego está el tono. Porque si algo no ha faltado en la respuesta del Gobierno es un punto de retranca. La frase de Ruiz Maldonado sobre la “única aportación del PSOE a Complutum Renacida”, disfrazar al concejal Alberto Blázquez de soldado romano, no es precisamente un intento de rebajar la tensión. Más bien al contrario: introduce un elemento de ironía que, aunque efectivo en términos de titular, eleva el voltaje político.
No es la primera vez que el debate cultural en Alcalá deriva hacia este tipo de cruces. Quizá porque, en el fondo, no se está discutiendo solo sobre un mercado o un evento, sino sobre el modelo de ciudad. Y ahí cada detalle cuenta: desde dónde se coloca un escenario hasta qué calles soportan más presión durante determinados fines de semana.
El Gobierno cierra filas en torno a su hoja de ruta: menos concentración, más reparto territorial, protección del patrimonio y convivencia vecinal. El PSOE, por su parte, insiste en que el problema no es de exceso de actividad, sino de falta de gestión y coordinación. Dos diagnósticos distintos que conducen, inevitablemente, a soluciones opuestas.
Mientras tanto, Complutum Renacida sigue en el centro del tablero. Y lo seguirá estando. Porque más allá de los discursos, lo que está en juego es cómo quiere Alcalá contar su pasado… y, de paso, cómo quiere organizar su presente. Entre el foro romano y la plaza llena, entre la recreación histórica y la caja registradora. No es poca cosa.


















¡ Nuestro canal en Telegram! Si te ha interesado esta información, únete ahora a







Apoyo totalmente la iniciativa del equipo de gobierno de ubicar junto a Complutum las actividades que rememoran la época romana de nuestra ciudad. Quienes dicen no ver la coherencia de esta medida lo hacen por mera bandería partidista, o por defender los intereses económicos de las empresas que se han venido lucrando de la organización actual.
Si se habla de modelo de ciudad, creo que lo más razonable será siempre el reequilibrio entre los distintos barrios de Alcalá, no la concentración en el casco histórico de todas las actividades, sea cual sea su naturaleza.
Lo razonable es que el casco histórico sea escenario de aquellas celebraciones que evoquen su historia o su arquitectura.
Tampoco es lógico que la afluencia de visitantes a los organizados por el ayuntamiento –o más bien que ciertas empresas «venden» al ayuntamiento– favorezca únicamente a los negocios de hostelería ubicados en el casco histórico; los demás bares y restaurantes de Alcalá también pagan impuestos.