Alcalá exige mantener el comedero de cigüeñas y abre un pulso ambiental con la Mancomunidad del Este

El Ayuntamiento de Alcalá de Henares ha solicitado a la Mancomunidad del Este que mantenga el comedero de cigüeñas del antiguo vertedero ante el fin inminente del contrato. El Consistorio defiende que su continuidad es una obligación ambiental derivada del impacto histórico de los residuos, mientras la entidad supramunicipal considera que la medida ya no es necesaria. El desacuerdo abre un pulso técnico, jurídico y ecológico con posibles consecuencias sobre la colonia.

Foto de Ricardp Espinosa
  • Alcalá exige mantener el comedero de cigüeñas y alerta de riesgos ecológicos y legales si la Mancomunidad lo elimina sin planificación.
Una cigüeña se alimenta en las instalaciones de GREFA en el prototipo de comedero diseñado para estas aves.

Alcalá de Henares ha decidido dar un paso al frente en defensa de su colonia de cigüeña blanca. El Ayuntamiento ha solicitado formalmente a la Mancomunidad del Este que garantice la continuidad del Punto de Alimentación Suplementaria (PAS) vinculado al antiguo vertedero municipal, cuyo contrato expira este próximo 30 de abril. La petición no es menor: de ella depende, según el Consistorio, la estabilidad de una población de aves que durante décadas ha adaptado su comportamiento a la disponibilidad de residuos orgánicos en la zona.

El concejal de Medio Ambiente y Limpieza Viaria, Vicente Pérez Palomar, ha trasladado esta exigencia apoyándose en argumentos técnicos, ambientales y jurídicos. En palabras del edil, el mantenimiento del comedero “no responde a una decisión discrecional, sino a una obligación derivada directamente del impacto ambiental generado por la actividad histórica del vertedero”. Es decir, no se trata de una medida opcional, sino de una corrección necesaria a un desequilibrio provocado por la acción humana.

La cuestión, sin embargo, está lejos de ser pacífica. Desde la Mancomunidad se sostiene que el PAS tenía carácter transitorio y que la población de cigüeña blanca ha alcanzado ya un grado suficiente de autosuficiencia. Bajo esta interpretación, el servicio podría extinguirse sin mayores consecuencias. El Ayuntamiento, en cambio, discrepa frontalmente y advierte de los riesgos de una retirada precipitada.


Una dependencia ecológica difícil de revertir

El origen del problema se remonta a décadas atrás, cuando la actividad del vertedero generó una fuente constante de alimento para las cigüeñas. Esa disponibilidad alteró sus patrones naturales, favoreciendo el asentamiento y crecimiento de la colonia en Alcalá. Con el tiempo, la propia Mancomunidad reconoció esa dependencia ecológica, articulando contratos específicos desde 2018 para alimentación suplementaria, control poblacional y seguimiento científico.

Para el Gobierno municipal, ese historial no deja lugar a dudas: existe una responsabilidad ambiental consolidada. La continuidad de las medidas correctoras no puede quedar supeditada a decisiones coyunturales ni a interpretaciones restrictivas. De hecho, el Ayuntamiento invoca principios básicos del derecho ambiental como la no regresión, no dar marcha atrás en la protección alcanzada, y la continuidad de las actuaciones correctoras.

La clave está en que la colonia no ha vuelto a un estado completamente natural. Las cigüeñas han ajustado sus rutas, hábitos y ciclos reproductivos a un entorno condicionado por la intervención humana. Cambiar las reglas del juego de forma abrupta, sostienen los técnicos municipales, puede generar efectos indeseados difíciles de revertir.


Riesgos ecológicos y urbanos de una retirada brusca

El Ayuntamiento advierte de un escenario que va más allá de la mera discusión administrativa. La supresión del comedero sin una planificación adecuada podría provocar desplazamientos descontrolados de las aves en busca de alimento, aumentando su presencia en entornos urbanos y agrícolas. Esto no solo alteraría el equilibrio ecológico, sino que podría generar conflictos con la ciudadanía y el sector primario.

Además, se apunta a un posible incremento de la mortalidad, especialmente en un momento especialmente sensible: la temporada reproductora. En este periodo, las cigüeñas dependen de recursos alimenticios estables para garantizar el desarrollo de sus pollos. Una interrupción repentina del suministro puede traducirse en una caída significativa del éxito reproductivo, con más crías que no logran sobrevivir.

No es un detalle menor. Las aves adultas organizan su esfuerzo energético en función de la disponibilidad de alimento. Si este desaparece de golpe, se ven obligadas a recorrer mayores distancias o a competir por recursos más escasos, justo cuando sus necesidades fisiológicas son más altas. El resultado, en términos ecológicos, puede ser un impacto desproporcionado sobre la población local.


Un debate técnico… y también competencial

El choque entre ambas instituciones también tiene una vertiente jurídica. El Ayuntamiento ha solicitado que cualquier modificación o suspensión del servicio sea previamente informada y autorizada por la Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, competente en materia de fauna silvestre. Con ello busca blindar la decisión desde el punto de vista normativo y evitar posibles responsabilidades por omisión de deberes de protección.

Desde la Mancomunidad, en cambio, se cuestiona el encaje competencial del PAS y su continuidad como obligación estructural. Este punto introduce un matiz relevante: quién debe asumir, en última instancia, la gestión y financiación de estas medidas correctoras derivadas de la actividad del vertedero.

La Mancomunidad del Este, formada por 31 municipios del Corredor del Henares y su entorno, tiene como función principal la gestión integral de residuos sólidos urbanos. Atiende a una población que ronda entre los 600.000 y 775.000 habitantes y está gobernada por una asamblea de alcaldes. Su actual presidente es Antonio Theodori Andrés.

En este contexto, la decisión sobre el comedero de cigüeñas no es solo técnica, sino también política y económica. Implica determinar hasta qué punto las externalidades ambientales de la gestión de residuos deben seguir siendo corregidas con recursos públicos específicos.


Alcalá pide continuidad inmediata y una estrategia estable

Ante este panorama, el Ayuntamiento de Alcalá ha optado por una posición firme: evitar cualquier vacío en la prestación del servicio y garantizar la continuidad del PAS mientras no exista una alternativa técnica equivalente y avalada por las autoridades ambientales.

La petición es clara: que la Mancomunidad adopte de manera inmediata los acuerdos necesarios para mantener operativo el comedero y que esta actuación se integre en una estrategia estable de gestión ambiental y seguimiento de la colonia de cigüeñas.

“El Ayuntamiento va a defender con firmeza la protección de la fauna y el cumplimiento de las obligaciones ambientales. No se puede dar un paso atrás en una medida que ha sido clave para garantizar la estabilidad de una especie protegida en nuestra ciudad”, ha subrayado Vicente Pérez Palomar.

De fondo, late una cuestión de modelo: cómo gestionar las consecuencias a largo plazo de infraestructuras que, como los vertederos, han transformado los ecosistemas locales. Alcalá, en este caso, apuesta por la prudencia y la continuidad. La Mancomunidad, por cerrar una etapa que considera superada.

El desenlace no tardará en llegar. El calendario aprieta y las cigüeñas, ajenas al debate institucional, siguen esperando su alimento.

 

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