- El autor exige primarias inmediatas, cuestiona el liderazgo reciente y advierte del desgaste interno que, a su juicio, favorece a la derecha.

Hay momentos en la vida en los que uno siente la obligación moral de hablar. No por ajuste de cuentas, ni por nostalgia de tiempos pasados, sino por responsabilidad con la militancia de la organización a la que pertenezco, con los votantes y con la historia colectiva que hemos construido durante décadas en el PSOE de Alcalá.
Quienes llevamos media vida en este partido, ganando y perdiendo elecciones y cosiendo en los momentos más difíciles, sabemos reconocer cuándo alguien suma y cuándo alguien resta. Y también sabemos cuándo un liderazgo deja de servir al interés general del partido y de la ciudad.
Desde hace demasiado tiempo, Javier Rodríguez Palacios se ha convertido, sin pretenderlo quizá al principio pero sí de forma evidente en su deriva final, en el mejor aliado de la derecha política y mediática. No por lo que dice la derecha de él, sino por lo que provoca: división interna, ruido permanente, fractura emocional y una sensación de desgaste que solo beneficia a quienes siempre han querido ver debilitado al socialismo en Alcalá.
La derecha no necesita adversarios cuando el propio partido se consume en guerras internas. Cada gesto de confrontación estéril, cada decisión tomada sin escuchar, cada pulso innecesario ha sido munición gratuita para quienes viven de caricaturizar al PSOE como un espacio de luchas personales. Y eso, guste o no, es el mayor favor que se le puede hacer a nuestros adversarios.
Rodríguez Palacios llegó hace 20 años como quien aterriza en paracaídas. Impulsado desde arriba, sostenido por equilibrios que poco tenían que ver con la realidad orgánica y emocional de la agrupación. Muchos aceptamos aquel aterrizaje por responsabilidad, por disciplina y por el convencimiento de que lo importante era el proyecto colectivo. Pero lo que llegó como una apuesta renovadora se convirtió con el tiempo en un problema estructural.
Hoy se marcha por la puerta de atrás tras su dimisión como Secretario General, y no solo se marcha, lo hace con el bidón de gasolina en la mano. En lugar de facilitar una transición serena, de cerrar heridas o de contribuir a la reconstrucción de la confianza interna, ha optado por una política de tierra quemada. Una lógica en la que, si no hay sillón propio, tampoco debe haber estabilidad para nadie.
Ese es, quizá, el rasgo más preocupante de su etapa final, la necesidad permanente de sillón. No como herramienta de servicio público, sino como fin en sí mismo. Cuando la política se convierte en una lucha por la supervivencia personal, todo lo demás pasa a ser secundario, el proyecto, el equipo, la ciudad e incluso el respeto entre compañeros.
Y ahí es donde se ha cruzado una línea roja que muchos militantes no estamos dispuestos a normalizar: la deshumanización política. Convertir a compañeros en enemigos, atribuir intenciones perversas (y falsas) a quien discrepa, reducir la vida interna del partido a bandos irreconciliables… Ese clima no solo destruye organizaciones, destruye también la confianza y el afecto que sostienen cualquier proyecto colectivo.
La gente, nuestros votantes, nuestros vecinos, nuestros propios militantes, está cansada de lo peor de la política. Cansada de estrategias de supervivencia personal, de conflictos artificiales, de espectáculos internos que solo generan hastío. La ciudadanía quiere soluciones, proyectos y equipos que construyan. Quiere serenidad, empatía y altura de miras.
Y eso es precisamente lo que no ha representado Javier en su última etapa. No la política que construye, sino la que desgasta; no la que une, sino la que fractura; no la que proyecta futuro, sino la que se consume en el presente inmediato del poder.
A partir de aquí, es imprescindible abordar una cuestión que ya no admite más dilaciones. El derecho de la militancia de Alcalá de Henares a decidir su futuro de forma democrática e inmediata. Somos una agrupación autónoma y soberana, con una historia propia y una capacidad política que no puede ni debe quedar supeditada a decisiones externas que ignoran nuestra realidad.
La actual situación de provisionalidad no puede convertirse en un estado permanente. La gestora tiene un mandato claro y limitado para ordenar el proceso y convocar a la militancia para que elija una nueva dirección. No está para sustituir la voluntad de los militantes ni para dilatar los tiempos en función de intereses ajenos a la agrupación.
Sin embargo, lo que estamos viendo es justo lo contrario. En lugar de escuchar a la militancia y fijar una fecha de votación, se opta por prolongar una situación de interinidad que solo genera más desgaste, más incertidumbre y más desafección. Esta estrategia de alargar los plazos no es neutral. Favorece claramente a quienes confían en que el paso del tiempo les beneficie políticamente e instalarse cuatro años más para disfrutar de una oposición bien remunerada sin responsabilidad alguna.
Pero el PSOE de Alcalá no puede quedar atrapado en cálculos tácticos. Aquí hay una militancia comprometida, activa y consciente, que exige ser escuchada y respetada. Negar o retrasar su derecho a votar no es una cuestión menor, es una vulneración directa de la democracia interna que siempre ha sido uno de los pilares de nuestra organización.
Alcalá tiene que votar, y tiene que hacerlo cuanto antes. No como concesión, sino como derecho. Porque solo a través de las urnas podremos cerrar esta etapa, legitimar un nuevo liderazgo y reconstruir la unidad necesaria para volver a ser una alternativa sólida y creíble para la ciudad.
Cualquier camino que no pase por dar la voz a la militancia será un error político y orgánico de enormes consecuencias. La democracia interna no es opcional, es irrenunciable. Y lo contrario, sencillamente, sería intolerable.
El PSOE de Alcalá ha superado momentos mucho más difíciles que este. Ha sobrevivido a derrotas electorales, a crisis orgánicas y a contextos políticos adversos. Siempre ha salido adelante cuando ha recuperado su esencia, el compañerismo, el debate honesto, la generosidad y la vocación de servicio público.
Es hora de volver a eso. De cerrar una etapa marcada por la confrontación permanente y abrir otra basada en la reconstrucción, el respeto y el proyecto colectivo renovado. No por revancha, sino por responsabilidad. No contra nadie, sino a favor del socialismo alcalaíno y de la ciudad a la que amamos.
Porque, al final, ningún dirigente está por encima de las siglas. Y ningún sillón vale lo que vale la dignidad de un partido con más de un siglo de historia.


















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Totalmente de acuerdo
¿Pero y quién es el autor? ¿Se puede saber o es una incógnita? Un saludo.
No es una incógnita. Podria ser alguno de los más de cien militantes del PSOE con una antiguedad superior a los más de 40 años de militancia… El remitente de esta carta, con nombre propio, nos ha solicitado mantenener el anónimato. Si algun militante del PSOE con esa antiguedad nos remite una carta identificiandose con nombre propio afirmando lo contrario y solicitando el anonimato, la publicariamos igualmente. En todo caso, el nombre del remitente se desvelaria en ambos casos si así es requerido por instancia judicial. Pero eso no resta valor político a la misiva. Por supuesto, existe el derecho de réplica parte del aludido, que sería debidamente atendido ….