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La estrategia de Trump acelera un cambio de época global, debilita alianzas históricas y traslada sus consecuencias económicas y estratégicas a Europa y España.

En un mundo que ya no reconoce el derecho internacional como árbitro supremo, Donald Trump ha regresado a la Casa Blanca con la promesa de hacer América grande de nuevo, pero a costa de lo que sea. El especial de El Objetivo emitido el 18 de marzo de 2026 en laSexta, bajo el título “Frenar a Trump”, dirigido por Ana Pastor, puso el dedo en la llaga de esta nueva realidad. Entrevistando al exsecretario general de la OTAN Javier Solana y contando con analistas, entre otros, como el exministro José Manuel García-Margallo, el programa diseccionó el recrudecimiento del conflicto en Oriente Próximo, con bombardeos estadounidenses e israelíes sobre Irán, las amenazas a Cuba y el debilitamiento deliberado de alianzas históricas como la OTAN. Lo que salió a la luz no fue solo un análisis geopolítico, sino un diagnóstico demoledor: estamos ante un cambio de época donde la fuerza sustituye al diálogo, y donde el liderazgo de Trump acelera, más que frena, el caos global.
Javier Solana, con la autoridad de quien negoció el acuerdo nuclear con Irán en su día y dirigió la OTAN en tiempos turbulentos, no ocultó su consternación. “No esperaba vivir una situación como esta, tan dramática, entre los europeos y los estadounidenses”, confesó. Para él, la OTAN “salta un poco por los aires” precisamente por quien debería defenderla: un presidente estadounidense que “cada vez está más inclinado a soportar a Netanyahu”. Solana fue tajante al afirmar que Trump parece “sometido”, entre comillas, a la estrategia del primer ministro israelí, lo que convierte encuentros como el reciente entre ambos en algo “difícil de soportar”. Y sobre el conflicto en Irán, desmontó el relato simplista de vencedores claros: “No” hay un gran ganador, ni siquiera Putin, que sería a lo sumo “un menor perdedor”. Recomendó mirar hacia China, India y otros actores emergentes, porque el tablero ya no es bipolar ni unipolar, sino multipolar y volátil.
Desde la perspectiva conservadora, José Manuel García-Margallo ofreció un contrapunto no menos inquietante. “No estamos en una época de cambios, estamos en un cambio de época”, sentenció, recordando que el punto de inflexión fue la invasión rusa de Ucrania en 2014 por parte de Putin. Desde entonces, el orden internacional basado en normas ha sido “sustituido por la fuerza”. Su nivel de preocupación es “máximo”. Dirigiéndose directamente a Trump, advirtió: “No puede permitirse otro Vietnam”, recordando que Estados Unidos “ha perdido todas las guerras desde 1945”, con la única excepción de un empate en Corea. La opinión pública estadounidense, según Margallo, jamás toleraría un nuevo fiasco prolongado en Oriente Medio, donde las intervenciones suelen acabar en pantanos políticos y humanos.
Estas voces, una progresista y europea (Solana) y otra conservadora y atlántica (Margallo), coinciden en lo esencial: la política exterior de Trump no es mera bravata electoral, sino una apuesta por el unilateralismo que erosiona las alianzas y multiplica riesgos. En España, esto nos toca de lleno. Las bases militares estadounidenses en nuestro territorio, Rota, Morón, podrían verse involucradas en escaladas que nadie ha consultado con el Congreso ni con la opinión pública. El impacto económico ya lo sentimos: la subida del petróleo y el gas por la inestabilidad en el Golfo dispara la luz y la gasolina, afectando directamente a familias de Alcalá de Henares y de toda España. ¿Quién paga la factura de esta “guerra de Trump”? No son los multimillonarios de Mar-a-Lago, sino los ciudadanos de a pie que ven cómo su cesta de la compra se encarece mientras los precios energéticos se disparan.
Pero más allá de lo económico, el verdadero peligro es estratégico. Trump debilita la OTAN no por error, sino por diseño: cuestiona el artículo 5, exige pagos desproporcionados a los aliados y alinea a EE.UU. con posiciones israelíes extremas que aíslan a Washington en el escenario global. Solana lo dijo claro: la Alianza transatlántica está más frágil que nunca, y no por amenazas externas como Rusia o China, sino por quien la lidera. Margallo añade que en un mundo donde la fuerza manda, Europa, y España en particular, no puede permitirse la ingenuidad. Debemos repensar nuestra dependencia de un socio que ya no garantiza la seguridad colectiva.
Desde Alcalá de Henares, ciudad de Cervantes y de puentes culturales, no podemos quedarnos al margen. Nuestra historia nos enseña que el diálogo y la razón han prevalecido sobre la espada en momentos clave. Hoy, ante un presidente que trata la diplomacia como un reality show y los tratados como papel mojado, urge recuperar la voz europea. Frenar a Trump no significa confrontación estéril, sino afirmar que el multilateralismo no es debilidad, sino inteligencia estratégica. Que la fuerza sin reglas acaba devorando a quien la ejerce.
En última instancia, esta “guerra de Trump”, en Irán, en Ucrania, en el Indo-Pacífico, podría ser el acelerador del declive estadounidense que tantos analistas vaticinan. Como advirtió Solana, no hay gran ganador aquí; solo perdedores progresivos si no se corrige el rumbo. Y como recordó Margallo, la historia juzga duramente a quienes repiten errores del pasado. En España, en Europa, en Alcalá, toca elegir: ¿acompañamos pasivamente esta deriva o contribuimos a un orden más equilibrado, donde la fuerza ceda paso a la razón compartida?
En estos diasTrump modera los ataques sobre infraestructuras energéticas, pero endurece su discurso contra la OTAN, a la que llega a tachar de “cobardes”, y reclama 200.000 millones adicionales para sostener la guerra. Un movimiento que confirma las fracturas aliadas que Solana y Margallo advertían. El tiempo apremia. La “guerra de Trump” ya no es una hipótesis; es nuestra realidad cotidiana.
















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