-
Matthew McLaughlan Merelo, vecino de Alcalá, Máster en Relaciones Internacionales por el Instituto Barcelona de Estudios Internacionales
Hoy, 11 de marzo, en Alcalá, recordamos a las víctimas del atentado que tuvo lugar hace 22 años en los trenes que partieron desde nuestra ciudad. En la memoria mantenemos con nosotros a las personas que no pudieron volver, y cada año el dolor por su ausencia es igual de vivo. Al mismo tiempo, nos sentimos afortunados de saber que algunas personas que aquella mañana tenían pensado coger ese tren no llegaron a hacerlo, a veces por razones tan corrientes como que ese día había huelga universitaria. Pero, para todos por igual, es un momento para recordar esa herida que siempre estará abierta en nuestra ciudad.
En estos momentos, el recuerdo tiene un peso especial. El mundo se encuentra en una situación que, si bien no es igual, nos recuerda mucho a la de comienzo de siglo. Un presidente estadounidense ha elegido lanzarse de lleno en Oriente Medio para conseguir sus propios objetivos. Pero, a diferencia de Bush, Trump ni siquiera ha tratado de justificar sus ataques con la defensa de la democracia, tampoco ha informado a su propio parlamento ni a la ONU; él no cree en estas cosas. Tampoco parece tener un objetivo claro; en la semana que llevamos de conflicto, las versiones han cambiado por lo menos una vez por día. Sin embargo, esto no le detiene de castigar a la población iraní con bombardeos que no paran de intensificarse. A esa misma gente a la que le prometió que «la ayuda está de camino«. Con ello, Trump se lleva por delante todo el sistema internacional, pensando que él todo lo puede.
Por supuesto, la denuncia de las acciones estadounidenses no significa en ningún caso tener simpatía por el régimen de Irán. Ese mismo gobierno comenzó el 2026 matando a por lo menos 3.000 manifestantes que pedían dignidad en sus calles. No se debe caer en el falso debate de los bandos; las acciones de unos no justifican las de los otros. La verdadera cuestión es posicionarse sobre si la guerra es una herramienta para solucionar problemas políticos. Yo creo firmemente que no. Las bombas nunca solucionaron nada: ni en Irán, ni en Gaza, ni en Irak, ni en Madrid ni en Euskadi. Elegir la violencia es tomar un camino de no retorno que nunca se puede saber como acabará, porque una vez suelta resulta incontenible.
En Europa nos hemos enredado en un falso debate sobre a quién debemos apoyar. Sin embargo, la única posición coherente es apostar por la paz y por un sistema internacional basado en normas y garantías. Aunque esto pueda parecer abstracto, es precisamente lo que sostiene nuestra seguridad y prosperidad. Sus efectos se ven en cuestiones muy concretas, como el precio de la gasolina: las dos grandes subidas recientes del coste de la energía se produjeron cuando se quebrantaron las reglas internacionales, primero con la invasión de Ucrania y ahora con los ataques sobre Irán. Pero, sobre todo, se traduce en que personas inocentes no tengan que pagar con su vida el simple hecho de haber nacido en un país en guerra y no en uno en paz.
Precisamente por esto, esta semana uno de los pocos puntos positivos que podemos rescatar de esta catástrofe es la defensa de la paz que hemos hecho desde España. Pedro Sánchez ha sabido expresar la voluntad de pacifismo de los españoles en un momento en el que era realmente difícil hacerlo. Al igual que el debate internacional no va de bandos, en el nacional tampoco: tanto personas de derechas como de izquierdas se declaran mayoritariamente en contra de la violencia. Así, frente a un Trump descarriado y una Europa impasible, España ha sabido tener voz propia para defender esta idea tan importante.
Creo que en un día como hoy esta decisión pesa de manera especial. Aprender de los errores históricos también es memoria democrática. Cuánto ha cambiado nuestro país: de tener entonces un gobierno dispuesto a mentirnos en medio de la desgracia, a vivir hoy en un lugar donde nos oponemos a la violencia, sin importar dónde ocurra. Eso es dignificar el recuerdo de quienes ya no podemos salvar, intentando evitar que otras vidas se pierdan, precisamente porque sabemos que la violencia nunca ha conducido a nada. Por eso, este 11 de marzo, más que nunca: NO A LA GUERRA.


















¡ Nuestro canal en Telegram! Si te ha interesado esta información, únete ahora a







Excelente artículo.
Ojalá Europa consiga tener una sola voz para defender la paz y el respeto a las normas del Derecho Internacional. Una voz propia y una política propia no sometida a lo que pueda decidir o interesar a Estados Unidos.
No a la guerra, pero depende cuál y de quién ¿no? ¿Pero vosotros tomáis por gilipollas a la gente y sobre todo, a los posibles votantes del determinado partido? Así va ir la cosa.
Efectivamente, Matthew. Como apuntas, no se debe caer en el falso debate de los bandos. Se ve muy claro en la Guerra en Ucrania, por un lado es guerra civil y por otro, una guerra por la invasión rusa. Según mi punto de vista, es un conflicto armado en el que no existe únicamente población pro-rusa o pro-ucraniana, como numerosos medios quieren hacernos creer, sino también población pro-soviética, independientemente de su etnia o nacionalidad.
Es numerosa la gente que lo que realmente desea, fuera de los colores de las banderas, es como cantó Víctor Jara «el derecho de vivir en paz».
Gracias por el artículo.