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María Aranguren reclama un modelo turístico sostenible y planificado frente a la inercia promocional del actual gobierno municipal de PP y VOX.

Que el turismo en Alcalá de Henares permanezca estancado mientras en el conjunto de España continúa creciendo no es un dato anecdótico. Es, o debería ser, una invitación a que el equipo de Gobierno que ahora está al frente de la ciudad repensara el modelo turístico que está aplicando.
FITUR es uno de los mayores escaparates internacionales para la promoción turística, pero también un espacio donde los destinos presentan su visión, su estrategia y su modelo de gestión. No se trata únicamente de mostrar imágenes atractivas, sino de explicar hacia dónde se quiere llevar una ciudad y con qué herramientas. En ese sentido, y a menos de año y medio de terminar la legislatura, preocupa comprobar que a día de hoy no conocemos el modelo de gestión turística del gobierno municipal del Partido Popular y VOX, más allá de la promoción de aquello que ya funciona por pura inercia.
Esa inercia, conviene recordarlo, no surge de la nada. Es el resultado del impulso de proyectos estratégicos puestos en marcha durante los años de gobierno de Javier Rodríguez Palacios, cuando el turismo se entendía como una auténtica política de ciudad. Un enfoque que iba mucho más allá de la promoción puntual y que apostaba por integrar el turismo en una visión urbana más amplia, equilibrada y sostenible.
Alcalá de Henares, como ciudad Patrimonio de la Humanidad, es reconocida por su rico patrimonio histórico-artístico. Las iniciativas desarrolladas durante los dos últimos gobiernos socialistas, gracias a la concesión de Planes NextGen impulsados por el Gobierno de España, permitieron avanzar en la mejora de las infraestructuras y en la tecnificación de la ciudad que mejoraron la digitalización. Aún estamos viendo cómo terminan de ejecutar esos proyectos que logramos para la ciudad. Pero no se ha producido un cambio en el modelo de gestión, el siguiente paso que hay quedar si has comprendido el primero… que no parece ser el caso de lo que está ocurriendo a la vista de lo visto este año en FITUR.
Desde el Partido Socialista defendimos —y seguimos defendiendo— un modelo que apostaba por convertir Alcalá en una ciudad más accesible y más sostenible. Un modelo que combinaba patrimonio y cultura con innovación, y que entendía que mejorar el espacio urbano no solo beneficia al visitante, sino, sobre todo, a la ciudadanía. Hacer una ciudad más caminable, más accesible, mejor conectada y más amable no es una concesión al turismo: es una mejora directa de la vida cotidiana de quienes la habitan.
Los grandes eventos culturales y turísticos, como los que se celebran en Alcalá, son sin duda importantes palancas de desarrollo. Atraen visitantes, generan actividad económica y refuerzan la imagen de la ciudad. Pero gobernar bien el turismo no consiste únicamente en celebrarlos o promocionarlos; consiste en saber conectarlos. Conectar la cultura con los datos, la movilidad con la planificación, la atracción turística con la convivencia vecinal. En definitiva, integrar esos eventos en un proyecto de ciudad a largo plazo.
El reto no es atraer más visitantes a cualquier precio, sino hacerlo de forma inteligente, sostenible y justa. Apostar por un turismo que sume, que no sature, que no expulse y que no degrade. Un turismo que conviva con la vida cotidiana y contribuya a mejorarla.
Ese es el proyecto que defendemos desde el Partido Socialista: una Alcalá que se abre al mundo, pero ante todo una ciudad pensada para quienes la viven.


















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