Navidad con Dinosaurio | Por Pilar Blasco

Un escritor centroamericano publicó en el siglo XX un cuento brevísimo que llamó mucho la atención en su momento y que ha quedado en el repertorio de tópicos de nuestra lengua, que puede ser aplicado en diversos contextos: Cuando despertó, el dinosaurio aún seguía allí, es todo el argumento.

  • Pilar Blasco es  licenciada en Lengua española y ha colaborado en publicaciones locales en temas de actualidad política y cultural.

Según los estudiosos de la obra de Augusto Monterroso, premio Príncipe de Asturias por una extensa trayectoria, esa narración mínima por la que se le recuerda, encierra toda una filosofía, un concepto metafísico; en todo caso un pensamiento profundo. A saber, que la realidad permanece, aparentemente adormecida, como una extraña criatura acechante, supuestamente extinta, esperando volver de la prehistoria a recordarnos su existencia. Mientras que, de espaldas a ella, los humanos nos imbuimos en el mundo paralelo de la alegría y la chispeante felicidad, de la burbuja flotante de la fiesta del aquí y ahora no pasa nada. Un equivalente a tener un monstruo en la bañera, que mantenemos a puerta cerrada por miedo a que nos ataque en un descuido.

El paréntesis navideño, con toda su belleza y alegría entre infantil, entrañable, familiar, religiosa y festiva, nos permite ponernos benévolamente de espaldas a la realidad. Es un pacto tácito con nosotros mismos y con los demás, según el cual durante casi un mes estaremos dedicados a las vacaciones,  los niños, los compromisos, las cenas, los regalos, la lotería y la familia. En la que recordar a los ausentes y llamar a los amigos de toda la vida. Nos haremos más sentimentales y emotivos, más tiernos y humanos… En fin, las fiestas más bonitas del año.

Mientras se nos predica a todas horas el peligro del consumismo, la contaminación y el calentamiento global por el abuso de energías dañinas, la agonía y muerte del planeta por nuestra culpa, cada año se encienden más luces en las calles, más árboles en las rotondas y más derroche de fuegos fatuos deslumbrantes por todas partes. Ya hay rivalidad entre pueblos y ciudades disputándose el puesto de la más navideña de España y de Europa. Se trata de que las luminarias apabullantes atraigan al turismo y deslumbren a niños y mayores. Las lámparas led nos convencen de que no se gasta en electricidad ni la décima parte que costaba antes encender un solo árbol, etc. Es una de las contradicciones en las que últimamente vivimos con toda normalidad, sin hacernos preguntas, o como mucho en voz baja, fuera de la cena familiar, para evitar conflictos.

La normalidad de nuestros días consiste en que los mismos que nos predican a diario austeridad por tierra mar y aire, y nos auguran todas las desgracias mencionadas, nos impelen cada mes de diciembre al despiporre energético y al consumismo desaforado, empezando por ellos mismos. Por un par de meses (la cosa empieza en noviembre, y cada año se extiende hacia los meses del otoño) nos vemos libres del bombardeo climático-ecológico-energético, qué alivio, para retornar en enero a la pesadilla económica medioambiental y política en general.

Pero cuando se apaguen las guirnaldas y se vayan de nuestro balcón los Magos de Oriente, despertemos de la ilusión, el turrón y los regalos, junto con los inevitables dinosaurios de juguete de nuestros nietos, volveremos a la sombra del gran tiranosaurio, oculto y presente día y noche sobre nuestras cabezas. Tomaremos de nuevo conciencia de que no vivimos en el mismo país y en las mismas condiciones de años y navidades anteriores. Volveremos a ver el recibo de la luz, el precio de los combustibles, la cesta de la compra, las vacaciones inalcanzables este año… y los mismos predicadores del cambio climático dándonos la tabarra del fin del mundo por nuestra culpa, por nuestra grandísima culpa.

Pero sobre todo, lo más temible, cuando pisemos enero, Puigdemon con su paje Pedro Sánchez estarán allí con su mediador de corta y pega para recordarnos que hay que pagarles, nosotros, con nuestro dinero, la deuda catalana a los separatistas, con sus embajadas y los árbitros del Barsa. Que la ley de amnistía no había desaparecido con las luces navideñas sino que espera sin pausa en el corazón de la soberanía popular (qué sarcasmo) pronta a dar paso al referendun de autodeterminación, la independencia de Cataluña previa financiación, la de las Provincias Vascongadas, y lo que vendrá después, aquello “que nos helará la sangre”. Seguirá estando la estulticia de los palmeros de la ignominia aplaudiendo con entusiasmo todos los horrores que se le ocurran al gobierno y sus socios, para seguir en el podio cobrando sueldazos. Estarán ahí, inasequibles al desaliento, los idealistas de la normalidad real (los “fachas de la banderita”), oponiéndose a la involución separatista, la injusticia y la desigualdad de los españoles ante la ley.

¡FELIZ NAVIDAD A LOS ESPAÑOLES DE BIEN!

 

 

 

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1 Comentario

  1. Un buen artículo sobre el despropósito de las navidades; todo iba bien hasta que Pilar se dio cuenta que al artículo había que ponerle fin y no había hecho mención al tema político y, entonces… ¡arremetió con toda su artillería contra Puigdemont, Sánchez, la amnistía…! porque Pilar, si no echa los demonios que lleva dentro (¿dinosaurios?) no podrá pasar unas tranquilas navidades. Asegura que “se nos helará la sangre”, (debe ser el equivalente de «la España que se rompe») que mencionan Feijoo y cía., y sigue comentando que seguirá existiendo la estupidez «de los palmeros de la ignominia aplaudiendo… (…) al gobierno y sus socios, para seguir en el podio cobrando sueldazos». En lo de los sueldazos, estoy de acuerdo, todos los políticos cobran sueldazos por hacer poco, incluso, algunos no hacen nada, pero eso, gobierne quien gobierne, no lo cambiarán. ¡Ah! Pilar no felicita las navidades a todos los españoles, solo lo hace a los «españoles de bien», así que una parte ¡nos quedaremos sin su felicitación! ¡qué pena! ¿será un castigo?

  2. Más bien a esta Pilar se la podría denominar Tiranasauria. Un proyecto de articulista que solo defiende su ideología voxeadora con poco gancho, y que no deja KO al adversario por su incapacidad para poder escribir algo coherente y que se salga de sus recurrentes fachadas. Ya aburre y no aporta nada Doña Pilar. Es usted insoportable como articulista no quiero pensar aguantarla en su casa.

  3. Los artículos Blasco me recuerdan siempre que la formación es como el amor y el dinero, no se pueden ocultar y que las dudas sobre la bondad de una idea se disipan observando a quien molesta, que nadie tiene la piel más sensible que los que tienen alma de verdugo y que no hay cosa que más moleste a un progre que la verdad. Enhorabuena Pilar. Hay comentarios a tus escritos que son medallas para tu solapa.

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