“No guardamos, educamos”: arranca en Alcalá la huelga indefinida de las escuelas infantiles de 0-3 años

Alcalá de Henares ha amanecido este martes con piquetes, cacerolas y camisetas amarillas en el arranque de la huelga indefinida de las escuelas infantiles de 0-3 años, una protesta que denuncia ratios elevadas, bajos salarios y falta de reconocimiento profesional. La movilización, impulsada por la Plataforma Laboral de Escuelas Infantiles junto a sindicatos, ha tenido un seguimiento notable en la ciudad y abre un pulso directo con la Comunidad de Madrid.

  • Educadoras de 0-3 años inician una huelga indefinida en Alcalá para exigir ratios más bajas, mejores salarios y reconocimiento educativo de su labor.

Alcalá de Henares ha amanecido este martes teñida de amarillo. No es metáfora: camisetas, pancartas y cacerolas han tomado desde primera hora las puertas de varias escuelas infantiles en el inicio de una huelga indefinida que pone el foco en una etapa educativa tan esencial como, a juicio de sus profesionales, olvidada. La protesta, convocada por la Plataforma Laboral de Escuelas Infantiles (PLEI), con el respaldo de CGT y el apoyo de CCOO, ha comenzado con fuerza en la ciudad complutense y en el conjunto de la Comunidad de Madrid.

Desde las 9:00 de la mañana, los piquetes informativos han sido visibles en centros como la Escuela Infantil Arco Iris, el CEIP Doctora de Alcalá o La Escuelita. Allí, educadoras y maestras han repartido información a las familias, han explicado los motivos del paro y han coreado consignas que resumen bien el fondo del conflicto: “No guardamos, educamos” o “Bajad las ratios ya”.


Una etapa clave, al límite

El primer ciclo de Educación Infantil (0-3 años) vuelve así al centro del debate público, aunque quienes lo sostienen llevan años denunciando una situación que consideran insostenible. Ratios elevadas, salarios bajos, en torno a los 1.080-1.100 euros netos mensuales, falta de reconocimiento profesional y una carga burocrática creciente dibujan, según las trabajadoras, un escenario incompatible con una atención educativa de calidad.

“Con ocho bebés de 0 a 1 año una sola persona no puede hacer bien su trabajo”, explica una educadora de Arco Iris que prefiere no dar su nombre. “No se trata solo de cambiar pañales o dar de comer. Estamos hablando de acompañar el desarrollo emocional, cognitivo y afectivo en una etapa decisiva. Y eso requiere tiempo, atención y condiciones dignas”.

El seguimiento de la huelga en su primer día refleja ya esa tensión acumulada. La propia Plataforma cifra la participación en un 41 % a nivel regional, con picos superiores al 60 % en centros de gestión indirecta. La Consejería de Educación, por su parte, rebaja el dato al 31 %. Más allá del baile de cifras, lo cierto es que el conflicto ha irrumpido con fuerza en la agenda educativa madrileña.

En Alcalá, el ambiente ha sido reivindicativo pero también pedagógico. Muchas educadoras han aprovechado los piquetes para explicar a madres y padres que su lucha no es solo laboral, sino también educativa. “Si esto mejora, mejora para todos, sobre todo para los niños”, resumía otra trabajadora mientras sostenía una cacerola.


Familias entre el apoyo y el caos diario

Porque si hay un efecto inmediato de esta huelga es el impacto directo en las familias. La conciliación, ese concepto tantas veces invocado en discursos institucionales, se pone a prueba cuando un servicio esencial deja de funcionar con normalidad.

En Alcalá, cientos de familias han tenido que reorganizar su jornada laboral, recurrir a abuelos o directamente quedarse en casa. Aun así, el tono general es de comprensión hacia las reivindicaciones.

“Es un lío tremendo, no te voy a engañar”, cuenta Laura, madre de una niña de 18 meses en la Escuela Infantil Colorines. “Trabajo fuera y hoy he tenido que pedir el día. Pero entiendo perfectamente lo que piden. Mi hija no puede estar en una clase masificada, necesita atención, cariño… no que la aparquen”.

La Comunidad de Madrid ha fijado servicios mínimos que incluyen un director por centro y al menos una educadora por aula, además de personal de comedor y limpieza. Sin embargo, las trabajadoras denuncian que esos mínimos son, en la práctica, muy similares a su día a día habitual. “Eso ya demuestra el problema”, apuntan.


Movilización sostenida y exigencias claras

Lejos de ser un gesto puntual, la huelga nace con vocación de continuidad. Las organizaciones convocantes han diseñado un calendario de movilizaciones que combina acciones locales y protestas en Madrid capital, con el objetivo de mantener la presión institucional y social.

Tras los piquetes de este martes y la cacerolada frente al Ministerio de Educación, la agenda continúa con nuevas acciones en diferentes centros de Alcalá durante toda la semana, además de concentraciones ante la Consejería y una performance prevista en la Plaza de Callao. La idea es clara: que la protesta no se diluya y que el conflicto permanezca visible.

En el fondo, las reivindicaciones se estructuran en cuatro grandes ejes. El primero, y quizá el más urgente, es la reducción de ratios. Las trabajadoras reclaman pasar de los actuales 8 bebés por educadora a un máximo de 3 en el tramo de 0-1 años, y reducir también significativamente los grupos en edades posteriores.

El segundo eje es el salarial. Consideran que los sueldos actuales no reflejan ni la formación requerida, Técnico Superior en Educación Infantil o Magisterio,  ni la responsabilidad que implica trabajar en una etapa clave del desarrollo.

A ello se suma una demanda de integración real del ciclo 0-3 en el sistema educativo. Aunque la legislación vigente reconoce su carácter educativo, en la práctica muchas profesionales sienten que siguen siendo tratadas como personal asistencial. Reclaman más inversión pública, menos externalización y una equiparación efectiva con otras etapas educativas.

Por último, exigen mejoras en infraestructuras y condiciones laborales: desde climatización adecuada hasta la eliminación de humedades, pasando por una reducción de la carga burocrática y un refuerzo de los recursos de atención temprana.


Reacciones políticas y un pulso abierto

El conflicto ha comenzado también a tener eco en el ámbito político. Mientras la Consejería de Educación ha tendido a encuadrar la huelga como un problema laboral entre empresas y trabajadoras, las convocantes insisten en que la responsabilidad es compartida y estructural, ya que afecta a centros públicos, de gestión indirecta y privados concertados.

En Alcalá de Henares, varios grupos de la oposición han mostrado ya su apoyo a las movilizaciones, subrayando la importancia de reforzar la educación en la primera infancia. El equipo de gobierno municipal, por su parte, sigue de cerca la evolución del conflicto, consciente del impacto que está teniendo en la vida cotidiana de la ciudad.

De momento, no hay señales claras de negociación a corto plazo. Y eso refuerza el mensaje de las organizadoras: la huelga es indefinida y no se levantará sin avances concretos. “No vamos a parar hasta que haya cambios reales”, repiten.

Mientras tanto, la estampa se repite cada mañana: puertas de escuelas convertidas en puntos de encuentro, cacerolas marcando el ritmo y camisetas amarillas recordando que, detrás de cada aula de 0 a 3 años, hay una profesión esencial que ha decidido plantarse. En juego no está solo un convenio o una nómina, sino el modelo de atención a la primera infancia en toda una región. Y eso, en una ciudad como Alcalá, pesa.

¡ Nuestro canal en Telegram! Si te ha interesado esta información, únete ahora a nuestro canal de telegram @alcalahoy para estar al tanto de nuestras noticias.

Comentar

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.