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El adelanto horario resta sueño, abre la primavera y coincide con Semana Santa en un contexto de debate… y algún bostezo generalizado.
Este fin de semana los españoles vivimos uno de los fenómenos más inexplicables de la civilización moderna: nos roban una hora… y encima damos las gracias. Sí, sí. Esta madrugada, cuando el reloj marque las 02:00, de repente serán las 03:00. Así, sin anestesia. Como cuando ves el precio de la gasolina… pero en versión cronológica. Es decir, que nos vamos a la cama un sábado… y despertamos en modo lunes emocional.
Porque claro, marzo trae muchas cosas bonitas: la primavera, las terrazas, el solecito… y en Alcalá, además, el arranque de su Semana Santa, Fiesta de Interés Turístico Nacional, que este domingo de Ramos sale a la calle con la Borriquita… eso sí, ya con la hora cambiada y medio cerebro desajustado.
Que no es poca cosa: incienso, cornetas, palmas… y tú intentando recordar si has dormido siete horas o seis. Espiritualidad sí, pero con ojeras. Porque lo del cambio de hora es otro nivel: es el único evento donde toda Europa se pone de acuerdo… para fastidiar el sueño colectivo. Y ojo, que esto no es nuevo. Lo llevamos haciendo desde hace décadas con la excusa del “ahorro energético”. Un concepto que en 2026 suena un poco como lo de “copiar en limpio”: todos sabemos que no sirve para nada… salvo quizá para que el recibo llegue con otra hora, pero el mismo susto.
Dicen que así aprovechamos mejor la luz solar. Claro. Porque los españoles somos gente que a las seis de la mañana está deseando salir a fotosintetizar… o a mirar cómo sube el petróleo y a cuánto amanece hoy el litro de gasolina. Esto lo pensó alguien en un despacho hace años, seguramente después de una siesta larga: “¿Y si movemos el tiempo una hora?”, y otro respondió: “Brillante, pero que lo hagan otros”. Y aquí seguimos.
Luego están los efectos secundarios. La Sociedad Española del Sueño lleva años diciendo que esto nos deja irritables, despistados, con peor rendimiento… Vamos, exactamente igual que cualquier lunes normal en España, pero con coartada científica.
A nivel internacional, esto también tiene su gracia. En plena tensión global, guerras, conflictos, líderes cruzando declaraciones… decretos que van y vienen… y mientras tanto, Europa: “Perdonad, que vamos a adelantar una hora los relojes”. Imagínate explicarle esto a alguien de fuera: ¿Qué hacéis este finde? Dormir menos para ahorrar energía que luego no se ahorra. …Ok.
En España, además, el cambio de hora tiene algo muy nuestro: lo convertimos en debate eterno. Igual que la tortilla con o sin cebolla, pero con cronómetros. Y entre tanto, los decretos “por la guerra” del Gobierno van y vienen por el Parlamento, tan apoyados como desapoyados según el día, mientras en supermercados y gasolineras se dejan notar puntualmente… sin que el cambio horario les afecte lo más mínimo.
Desde 2018, la Comisión Europea lleva diciendo que igual habría que eliminarlo. Luego lo pospone, lo revisa, lo estudia… Vamos, que el cambio de hora cambiará… pero sin prisa, que tampoco es cuestión de alterar demasiado el calendario… bastante tenemos ya con cuadrar las vacaciones de Semana Santa sin arruinarnos por el camino.
Y en Madrid, cuidado, que aquí todo tiene un giro político. Seguro que hay alguien pensando: “Si adelantamos la hora, ¿no será porque el Gobierno quiere que trabajemos más?” Y otro contestando: “Pues yo creo que es al revés”. Y en medio de todo esto, Isabel Díaz Ayuso, que si pudiera probablemente propondría un horario propio: Madrid Standard Time, con dos horas más de sol, tres de cañas y ninguna de siesta obligatoria.
Y luego estamos nosotros, los ciudadanos de a pie… o los cofrades, que este domingo tienen doble mérito. Porque claro, salir en procesión con la Borriquita está muy bien… pero hacerlo con una hora menos de sueño ya es otro nivel de penitencia. Eso no lo cubre ni el capirote… ni el precio del combustible para llegar hasta el recorrido.
El sábado por la noche seguimos con nuestra rutina: “Bueno, me acuesto ya pronto…”. Mentira. A las 02:00 serán las 03:00 y tú seguirás viendo vídeos absurdos como si nada. Eso sí, el domingo por la mañana: drama nacional. Porque te levantas pensando que son las diez… y en realidad son las once. O peor: que ya es hora de comer… y aún no sabes si te vas a quedar en casa o si podrás permitirte una escapada esta Semana Santa.
Y así, entre risas, bostezos y cafés de más, España entra en el horario de verano. Ese en el que anochece más tarde, las terrazas se llenan… y en Alcalá suenan ya los primeros tambores de Semana Santa mientras media ciudad bosteza al unísono. Así que nada, ya sabes: esta noche adelanta el reloj… y si mañana estás de mal humor, no eres tú. Es Europa. El petróleo. La gasolina. Y un poco la Borriquita madrugadora.
















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